Libertad religiosa en China, ¿una quimera?

Los Juegos Olímpicos que se celebrarán en China del 6 al 24 de agosto de este año han situado a Pekín en el punto de mira de todo el mundo. Para suavi…

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Los Juegos Olímpicos que se celebrarán en China del 6 al 24 de agosto de este año han situado a Pekín en el punto de mira de todo el mundo. Para suavizar su política en materia religiosa, el Gobierno chino ha autorizado el reparto de Biblias y otros textos religiosos durante el evento deportivo.

Sin embargo, la libertad religiosa en China es como mínimo, bastante atípica, ya que para asegurarse de que cada una de las cuatro religiones reconocidas actúe según los parámetros gubernamentales, se han establecido cuatro asociaciones patrióticas

De hecho, con su decisión de aprobar la presencia de la Biblia en la Villa Olímpica de Pekín, es el propio Estado el que ha asumido esta labor para cerciorarse de que no haya interferencia en su política religiosa.

Según las reglas del país, los extranjeros no pueden establecer organizaciones religiosas ni llevar a cabo actividades relacionadas con el proselitismo religioso sin permiso de las autoridades. 

La advertencia está especialmente dirigida a los grupos de misioneros cristianos que han planeado enviar a voluntarios evangelistas a China aprovechando el certamen deportivo.

Violaciones de la libertad religiosa

El respeto a la libertad religiosa es uno de los puntos más controvertidos del Gobierno Chino y así lo advierten varias organizaciones defensoras de los derechos humanos y el Departamento de Estado de Estados Unidos en su informe 2007. 

China sigue siendo un “país de particular preocupación por las severas violaciones de la libertad religiosa”, consigna el documento. Pese a ello, esas organizaciones también coinciden en afirmar que los cultos religiosos siguen creciendo en ese país.

Según informa ElComercio.com, debido a la coyuntura política, de las cuatro religiones permitidas en China, o sea el cristianismo (catolicismo y protestantismo), el islam, el taoísmo y el budismo, esta última es la más controlada. 

El budismo es mayoritariamente practicado en la Región Autónoma del Tíbet, foco de atención en los medios de comunicación por las medidas represivas adoptadas por China en su contra. 

El Estado también ejerce una férrea vigilancia sobre la etnia uygur que profesa el islam en la provincia de Xinjiang. Según las autoridades, en ambos grupos religiosos se han infiltrado algunos elementos separatistas y problemáticos que se escudan en su fe.

Discriminación de los cristianos

Los grupos religiosos cristianos también sufren discriminaciones, aunque por otros motivos y en menor proporción. Según el documento del organismo estadounidense, “los oficiales locales en la provincia de Henan maltratan a los protestantes no registrados, y en la provincia de Hebei controlan herméticamente a los católicos leales al Vaticano”.

El informe agrega que los “líderes religiosos a menudo enfrentan tratamientos más severos, incluyendo la detención, el arresto formal y sentencias para ser reeducados”. 

Un detalle importante es que, pese a los evidentes abusos y considerando que la ley china establece una pena de hasta dos años de prisión para los funcionarios que priven a los ciudadanos de la libertad religiosa, el organismo sostiene: “No hubo casos conocidos de personas sancionadas en virtud de este estatuto”.

El informe del 2007 concluye que “el respeto a la libertad religiosa del Gobierno Chino se mantuvo pobre, especialmente para grupos religiosos y espirituales no registrados oficialmente”, aunque no ofrece datos consolidados ni cifras comparativas con años anteriores. 

La organización Human Rights Watch, por su parte, denuncia que estos grupos son perseguidos penalmente, multados y clausurados.

4 asociaciones patrióticas

Para supervisar que cada una de las cuatro religiones reconocidas actúe según los parámetros gubernamentales, se han establecido las asociaciones patrióticas, una por cada creencia. Los dirigentes de estas asociaciones se adhieren a la línea del partido y son el puente entre el Gobierno y el grupo religioso. 

Según explica el informe, “el Gobierno Chino tiende a percibir a los grupos o reuniones religiosas no reglamentadas como un posible desafío a su autoridad, por lo que intenta controlarlos para evitar el aumento de las fuentes de autoridad fuera del control del Gobierno y el Partido Comunista Chino”. 

Aunque en teoría esos abusos terminarían si la totalidad de los grupos religiosos estuviera bajo la esfera del Estado, que protege de forma jurídica y económica a las asociaciones patrióticas, la realidad no es tal. Muchos grupos religiosos se niegan a inscribirse por diferencias teológicas con sus asociaciones patrióticas y otros alegan que hacerlo implicaría aceptar el control de sus contenidos religiosos.

Los grupos protestantes no autorizados no están dispuestos a renunciar a su derecho a difundir su religión, actividad considerada proselitismo por el Gobierno y, por lo tanto, prohibida. 

Los católicos no autorizados objetan, entre otras cosas, diferencias irreconciliables entre su dogma y ciertas políticas de Estado, como la del hijo único, que implica el aborto en caso de un segundo embarazo.

Mientras el país crece a pasos agigantados, las libertades religiosas para sus ciudadanos no muestran progresos significativos. El crecimiento desmedido de la religión en China es percibida como una amenaza potencial para el sistema socialista, por ello el Gobierno busca mantener la religión bajo control.

En la provincia de Xinjiang, las autoridades locales han demolido mezquitas construidas en los campos para "proteger las tierras destinadas a la agricultura". Y el año pasado, el Gobierno ha prohibido por decreto nuevas reencarnaciones de Buda.

Crece la espiritualidad

Mientras tanto, según publica ElComercio.com, “soplan nuevos vientos para la Iglesia Católica en China desde el año pasado, con la publicación de la carta a los católicos chinos del papa Benedicto XVI, y la ordenación de monseñor Li Shan, obispo de Beijing, reconocido a la vez por el Gobierno Chino y el Vaticano”.

Chen Binshan, director del Seminario Católico de Pekín, espera que el siguiente paso sea la reanudación de contactos oficiales entre China y la Santa Sede. 

“Actualmente mantenemos contactos no oficiales con iglesias católicas de todas partes del mundo. En abril recibimos la visita de monseñor Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia Episcopal del Perú, quien les habló a los seminaristas sobre la teología de la liberación. Era la primera vez que conocíamos a un obispo latinoamericano"”, expresó Binshan.

Para el padre Chen, la iglesia en China ha atravesado un largo y doloroso camino debido al marco político, pero “se está avanzando en la dirección correcta”.

“En Occidente existe la falsa percepción de que no tenemos libertad -dice-. Pero si un país no alcanza una base económica sólida, no habrá verdadera libertad para sus ciudadanos. La libertad desmedida solo lleva al caos. Por eso, cuando no se conoce la situación de un país, no se tiene el derecho de juzgar”, opina el director del Seminario Católico.

China, que es en un 90% atea, está experimentando un creciente interés por la espiritualidad. “Todas las iglesias están muy activas, especialmente los protestantes, que tienen el mayor número de conversiones”, explica Binshan.

El director del Seminario Católico de Pekín agrega: “Los católicos chinos, en términos de nuestra fe, somos fieles al Papa, y en términos de nuestra política, apoyamos a nuestro Gobierno. Somos católicos, pero también somos ciudadanos chinos. Son dos áreas distintas y lo tenemos muy claro. A veces, quien no lo tiene claro es Occidente”.

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