Los aforismos de Jorge Wagensberg como excusa. Un relato desde la fe y la razón (y III)

aforismos

Un buen puñado de aforismos (del 6 al 13) tienen por objeto enunciar la pretendida irracionalidad de la creencia religiosa, lo que implica un trasfondo basado en un presupuesto indemostrable y su consecuencia: El que Dios no existe y el ateísmo es espectacularmente racional, y de ahí al implícito supremacista del ateo sobre el creyente, que para Wagensberg es un sujeto “que cree mal le pese a la realidad”, lo cual viene a ser algo muy semejante a la enajenación. Este complejo de superioridad es una característica frecuente entre los ateos como Wagensberg. Siempre he creído que lo racional es asumir que la existencia de Dios no es demostrable en términos de repetición experimental, como de hecho lo son en muchos aspectos y en todos los campos del conocimiento, afirmaciones que se asumen como realidades a partir de las que se adoptan decisiones cuando solo son hipótesis, o bien fruto de una corriente de pensamiento más hegemónico en un periodo determinado, como nos muestra “Moda, Fe y Fantasía” de Roger Penrose.

Pero, que no sea demostrable experimentalmente no significa que no existan hechos racionales para señalar su existencia, como la propia experiencia humana. Pero aquella misma no demostración opera en el sentido de imposibilitar la negación de su existencia. El ateísmo es otra forma de fe. Pero, volviendo a lo humano que pesa y mucho, sus datos son claramente favorables a Dios y a la fe hacia Él, y un ilustrado debería considerarlos seriamente: la inmensa mayoría de la humanidad incluso ahora mismo tiene una religión. La participación de los ateos es mínima y se reduce en las previsiones globales, por una causa fundamental, su baja natalidad y la dificultad para trasmitir su tradición a sus descendientes (eso debe doler, pero no les debería convertir en resentidos). Según el Pew Research Center (PRC) en 2010 solo el 16% de la población del mundo no pertenecía a alguna de las religiones existentes; los ateos eran una parte de aquel porcentaje, poca cosa por tanto, pero es que para el 2013 la proporción se habría reducido al 13%, lo que significa que el ateísmo una parte de aquella porción (otros son agnósticos o que no confiesan una religión pero si creen en algún tipo de Dios) eran del orden del 7 u 8% de la población mundial. No se entiende muy bien que, ante ese abrumador sufragio popular y de la historia, Wagensberg no adopte una posición de prudente respeto, eso para no recabar más humildad. Porque si la razón está en esa exigua minoría, entonces liquidemos toda razón procedimental en la que se basa el liberalismo y la sociedad occidental. O acepta la razón religiosa por la evidencia de los hechos de que más del 80% de los seres humanos creen en Dios, o si no lo acepta, se cierra aquello que critica cuando escribe “Una creencia (en este caso la del ateo) siempre se deja confirmar por la realidad, pero nunca desmentir por ella”

Hay algunos aforismos que son verdaderas perlas de lo que es una mentalidad prejuiciosa, que funciona al margen de lo real para imponer su visión. Por ejemplo “los monoteísmos se demonizan entre sí para distinguirse los unos de los otros”.  Si existiera el mismo respeto entre los dirigentes de las distintas opciones religiosas -al menos en las sociedades de matriz cristiana- que entre los dirigentes políticos, las sociedades y los países del mundo, serían mucho más pacíficos y dialogantes. Las grandes religiones se unen para orar por la paz y la humanidad, el Papa es el líder moral con mayor reconocimiento, y así se podría seguir con innumerables ejemplos que demuestran lo contrario. La evidencia señala que el cristianismo, y en particular el catolicismo, es la confesión del diálogo y la paz. Claro que en esos “matices” Wagensberg no entra; le es más cómodo, incluso por sus raíces culturales, disparar a todo lo que se mueve que diferenciar las bondades de algunas confesiones. En realidad, son los regímenes ateos quienes demonizan a los otros siempre y a gran escala.

Otros aforismos son simples boutades, como este: “Las religiones presumen de valores éticos eternos, lo que explica sus limitaciones a la hora de contribuir al progreso moral de la humanidad”. Tiene morbo saber qué entiende nuestro hombre por “progreso moral”, y quiénes, sino las grandes religiones, empezando por el cristianismo, han construido el fundamento moral de nuestras sociedades.

Un aforismo que utiliza a Spinoza “Creer en los milagros es creer que Dios, para hacerse creíble, burla las leyes que él mismo ha dictado”, afirma la existencia de Dios en lugar de negarlo, lo que, una vez más, la tarea del ateo proselitista es difícil e ingrata. En este caso, además, no puedo resistir la tentación de formular la pregunta que aquella frase pide: ¿Y un Dios que se limita a cumplir sus propias leyes es el Dios real, o una idea humana más sobre su naturaleza, como la del “Gran Relojero”?

También se refiere al mal en el mundo y un Dios bueno, y el infierno, pero estos dos, más que aforismos, son dos categorías casi eternas en los debates teológicos, y es que Wagensberg, aunque le pese, lo que tiende a hacer es mala teología.

 

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