Los confitados en la cocina capuchina

tomates confitados

Algunos años antes de la supresión de la vida conventual y monástica decretada el verano de 1835, el capuchino Fray Severo de Olot ofreció en 1787 a sus contemporáneos algunos “secretos para conservar los tomates”, ya que además de la fruta los frailes también solían confitar el excedente de las hortalizas como la coliflor, los pimientos, los pepinos, siendo muy relevante el “modo de conservar las judías verdes durante el invierno”, al modo o estilo capuchino, junto con la manera frailesca de confitar los melocotones y, sobre todo, como guardar convenientemente los melones, todo en función de la vida de austeridad y pobreza y, también, para alcanzar un máximo aprovechamiento de las verduras producidas en las huertas conventuales, como también lo practicaban los agricultores de los estamentos pobres en previsión del tiempo invernal. En nuestros días, y procurando aplicar las indicaciones del papa Francisco en la encíclica Laudato sì, os invito a no malbaratar los excedentes alimentarios y reciclarlos convenientemente, recuperando la buena práctica de los encurtidos, que son muy sabrosos y de buena crianza.

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