Los derechos del niño han sido conculcados

Finalmente, después de un paso más bien crítico por el Consejo Consultivo de la Generalitat de Cataluña, el organismo independiente que analiza jurídi…

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Finalmente, después de un paso más bien crítico por el Consejo Consultivo de la Generalitat de Cataluña, el organismo independiente que analiza jurídicamente las leyes, el Parlamento catalán ha aprobado la ley que permite la adopción por parte de parejas homosexuales, con los votos a favor del tripartito más una parte importante, 16 diputados, de Convergència Democràtica (CDC). En contra, han votado los diputados de Unió Democràtica de Catalunya (UDC) y el Partido Popular (PP). Éste es el dato escueto. Las consideraciones pueden ser muchas; ciñámonos a las del defensor del proyecto, el consejero de Justicia, Josep Maria Vallès, que ha exhibido un razonamiento nítidamente defensivo: Que la ley es necesaria para evitar que, como hasta ahora, individuos solos pudieran adoptar niños cuando en realidad, detrás de este acto, supuestamente se escondía una pareja homosexual. El argumento es peregrino. Primero porque estas adopciones individuales son excepcionales. Segundo porque solamente se producen en casos de parentesco muy próximo y, además, es el vínculo consanguíneo el que justifica la adopción y no otro motivo. Que después la persona sea homosexual o nono forma parte, en principio, de la resolución administrativa de la adopción y, en todo caso, podría ser más un factor disuasivo, por las circunstancias de mayor inestabilidad y violencia que acreditan estadísticamente las parejas homosexuales, que no un argumento beneficioso.

 

Otro argumento utilizado para razonar la ley ha sido el del cambio social. Hay ahora, afirma el consejero, un conjunto de población que está de acuerdo con esta materia, que en el caso de Cataluña se sitúa en torno al 50%. Lo curioso del caso es el uso del argumento generacional. El consejero ha dicho que la mayoría de gente que está en desacuerdo tiene 60 años o más, como si esto fuera una razón que restara argumentos a los que se oponen a la adopción. Implícitamente, en esta idea, hay una discriminación intolerable del voto, porque unos valdrían más que otros, según la edad. Esta concepción tan escandalosa sería motivo de crítica por parte de los medios de comunicación si quien la hubiera utilizado perteneciera al Partido Popular o a Unió Democràtica, pero seguro que estos mismos medios van a correr, en sus resúmenes de este viernes, un tupido velo sobre esta peregrina lógica formulada en sede parlamentaria.

 

Mientras en el desván del Parlamento yacen polvorientas las 3.000 alegaciones que distintas asociaciones presentaron cuando esta ley fue previamente expuesta a información pública, un nutrido grupo de hombres y mujeres se manifestaba ante el Parlamento, bajo la afirmación de que todo niño tiene derecho a un padre y a una madre. Con estas dos referencias, se constataba una evidencia clamorosa: El tripartito que gobierna en la Generalitat no ha promovido ningún debate social sobre este tema; ni siquiera ha respondido, como era su obligación, a las alegaciones. Nunca ha dialogado con los grupos y las organizaciones familiares que se oponen. En definitiva, ha prescindido como mínimo de la mitad de la sociedad catalana.

 

Punto y aparte merece la particular situación de Convergència Democràtica. Cada vez y con mayor frecuencia, se está mostrando la fisura creciente que existe entre este partido y el otro miembro de la federación CIU. En la reciente votación en el Congreso  de los Diputados sobre la ley de matrimonio  homosexual, ambos partidos votaron en bloque de manera opuesta. En el caso del Parlamento de Cataluña, la división no ha sido tan rotunda porque 11 diputados de CDC se han alineado con las posiciones de Unió , pero la mayoría de este grupo, 16, se han decantado por la sintonía con el tripartito. No es un dato menor que el teórico líder de CDC y candidato a la Presidencia de la Generalitat, Artur Mas, pertenezca al sector minoritario, el que se ha opuesto a la ley. ¿Puede liderar una coalición, o un país, un dirigente que queda en minoría en su propio grupo y que no consigue ni siquiera, para obviar el razonamiento que estamos produciendo, que se apunten a su tesis unos cuantos diputados más?

La apelación continua a la libertad de conciencia de los diputados se está transformando,en el caso de Convergència, en una estafa al voto de los electores, porque éstos, cuando introducen la papeleta en la urna, no saben cómo va a traducirse su representación. Esta situación es peregrina e inestable, y constituye una clara amenaza de crisis a corto o medio plazo.

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