Manuel Ponce: milagro de palabras

Resulta extraña la obra del poeta Manuel Ponce, realizada a lo largo de 35 años de vida de estudio y oración, vida de libros y amor “en fórmulas abstractas”

Cuesta trabajo unir las palabras “católico” y moderno”. Desde el Concilio de Trento (1545-1562), las iniciativas modernizadoras de la tradición católica han estado cohibidas por la experiencia protestante, a través de la cual prosperó el espíritu moderno. El temor a disgregarse y disolverse, como los protestantes, inhibió de algún modo la creatividad católica, que no encabezó las grandes aventuras de la Ilustración y el romanticismo.

Por eso, resulta extraña la obra del poeta Manuel Ponce, realizada a lo largo de 35 años de vida de estudio y oración, vida de libros y amor “en fórmulas abstractas”. En su obra poética, Ponce buscó vías de expresión donde se reconcilian la tradición y la innovación, la sensibilidad y la inteligencia, la religión católica y el arte moderno. Continuó estas búsquedas en la música y la arquitectura, en su papel de fundador y encargado de la Comisión Nacional de Arte Sacro de México.

En la década de los 1940 y 1950, casi en secreto, Ponce, en un rincón de la provincia mexicana, lejos de los centros de pensamiento y creatividad de los católicos de su época, el Colegio Pío Latino, el Instituto Católico de París, la Universidad de Notre Dame, un profesor enamorado de Dios escribió algunos de los mejores poemas de la poesía católica moderna. Ni en México, ni en España, ni en ninguna otra parte mundo, era común que un sacerdote escribiera poesía de vanguardia.

Ponce escribía poemas sobre la belleza de muchachas vírgenes. Y se atrevía, con mayor audacia, a ver la fascinación del pecado, y le preguntaba a Dios sobre su intervención en la caída de una de estas muchachas. No es de extrañar que esta piedad resultara desconcertante en los medios piadosos. Hasta hubo un conato de censura, que no prosperó, gracias a las buenas relaciones de Ponce con las autoridades religiosas y al prestigio de sus editores.

Sus originales poemas están llenos de nuevos sentimientos religiosos que recuerdan al inglés G.M. Hopkins. No es fácil entender de dónde sale la originalidad de Ponce, porque no es fácil entender de dónde sale la originalidad. En honor de la poesía mexicana, hay que decir que tiene capacidad para explicar a Ponce. Si alguna vez se escribe la historia de la originalidad religiosa en México, se encontrarían muchos elementos para construir la genealogía poética de Ponce: las concepciones de Nezahualcóyotl y Ayocuan; la religiosidad popular, siempre más libre de lo que suele suponerse; y los juegos barrocos de los poetas del Virreinato.

La libertad creadora de Ponce llegó a su plenitud en El jardín increíble, el primero de sus libros (lo anterior había aparecido como folleto). En realidad, toda la obra de Ponce podría describirse como un “jardín increíble”. Su poesía, que dice tantas cosas nuevas de cómo un hombre en el s. XX podía sentir el amor de Dios, no está hecha con ideas. Su poesía está hecha con palabras, con objetos vivos que son como flores y frutas.  Su obra no es una declaración. La obra de Manuel Ponce es una teofanía: es un milagro.

La Editorial Jus de México publicó una nueva edición de El jardín increíble en 2000. Gabriel Zaid escribió sobre Ponce un ensayo intitulado “La originalidad de Manuel Ponce”. Se encuentra en el tomo 2 de sus Obras completas (El Colegio Nacional, México), y este artículo está tomado de dicho ensayo.

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2 Comments

  1. 1

    En México le conocemos como Manuel M. Ponce. Estoy descubriendo quién fue el autor de canciones muy bellas que se escuchaban en casa de mis padres. Pero cuánto ignoro aún después de leer este artículo en Forum Libertas -desde España- cuando en mi patria actualmente casi se le ignora, excepto por el nombre de una calle en la Col. Florida, cerca de Av. de los Insurgentes y zona de clase media alta. No creo equivocarme si afirmo que desde mitad del siglo pasado muchos lo desconocen desafortunadamente, a menos que hayan leído “El Jardín Increíble” de Gabriel Said. En Círculos selectos de melómanos y entre personas de mi generación nos sentimos afortunados de escuchar su poesía con música que no sé si fue compuesta también por el. Gracias por esta oportuna información.

  2. 2

    Muchas gracias, estimada María Elena. Sin embargo, vale la pena aclarar que Manuel Ponce, el poeta, es una persona diferente que Manuel M. Ponce, el compositor. Me parece que ambos eran parientes lejanos. Los dos son grandes artistas mexicanos.

    Atentos saludos.

    MS

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