Mare de Déu de la Mercè

Barcelona está de Fiesta Mayor. La conmemoración de la Virgen de la Merced convoca a todos los barceloneses a detener sus actividades y disfrutar de un día festivo en el que, además, la ciudad se muda y se engalana porque es el día de su patrona. Esta festividad es una buena ocasión para recordar el papel histórico de la orden de los mercedarios. Su testimonio a favor del rescate de los cautivos les honra porque es un ejemplo claro de cómo se puede devolver la dignidad a unas personas que sufren. El patronazgo de la Virgen de la Merced es un reconocimiento de la historia de solidaridad y testimonio de amor que hay detrás de esta Virgen. Como barceloneses deberíamos estar orgullosos de que un barcelonés, Pedro Nolasco, tuviera la iniciativa de fundar en el siglo XIII la orden la Virgen de la Merced para la Redención de Cautivos, los mercedarios. Hoy, que nos encontramos conmovidos por la situación de los refugiados de Oriente Medio, el ejemplo de Pedro Nolasco es evocador de la misericordia y la solidaridad hechas realidad. Por eso, cuando la ciudad se detiene para hacer fiesta y celebraciones lúdicas, no está de más que también se recuerden los numerosos testimonios de caridad práctica mostrada por algunos de sus conciudadanos. Hacerlo honra el recuerdo y el gesto de quien es capaz de darle el valor que le corresponde. Este año, las autoridades municipales barcelonesas, al tiempo de diseñar la fiesta, se han olvidado de reconocer esta dimensión de la misma. Es una lástima porque los barceloneses necesitamos que se nos recuerde el sentido de nuestro pasado y por qué hacemos fiesta el día de la Virgen de la Merced. Las tradiciones religiosas, además de tener sentido para los creyentes, forman parte también de la riqueza popular barcelonesa como muchas de las que se harán durante los días de fiesta en la ciudad.

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