Más de 5.000 personas vibran en un gran acto por la vida y la dignidad

Más de 5.000 personas respondieron este domingo 6 de marzo al llamamiento de las 93 entidades que forman el Pacto por la Vida y la Dignidad. Fue un ac…

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Más de 5.000 personas respondieron este domingo 6 de marzo al llamamiento de las 93 entidades que forman el Pacto por la Vida y la Dignidad. Fue un acto multitudinario, el mitin cívico de inspiración cristiana más numeroso que se ha celebrado en Barcelona desde los años 30. La reunión, que tuvo lugar en el Barcelona Teatre Musical (el antiguo Palacio de Deportes de la capital catalana), se desarrolló bajo el lema Por la familia y las libertades, es la hora de actuar. La concentración empezó con una Misa que se ofreció para las personas que quisieron empezar rezando. Tuvo una gran respuesta, en número y en nivel de participación tanto en los cantos como globalmente en la liturgia, y ya sirvió para llenar el recinto. A continuación, llegó propiamente el acto, con intervenciones del presidente de E-Cristians, Josep Miró i Ardèvol, el presidente del Grupo de Entidades Catalanas de la Familia (GEC), Daniel Arasa, la dirigente de la Asociación Pro Vida de Barcelona Dolors Voltas y la presidenta del Movimiento Cristiano de Maestros y Profesores (MCMP), Mercè Lajara, entre otros dirigentes de las organizaciones vinculadas a la iniciativa.

“Este acto no va contra nadie”. Así inició su presentación de los discursos el ex diputado Manel Silva, actualmente vicepresidente de Coordinación Parlamentaria de Unió Democrática de Catalunya (UDC). Sus palabras previas a cada intervención reflejaron perfectamente el tono sereno, moderado y pacífico de toda la reunión matinal, en la que los participantes también supieron sobreponerse a los inconvenientes propios de un local tan desbordado en su capacidad. Todos los oradores vieron interrumpidas algunas de sus frases con aplausos de aprobación, lo que ratificaba que los asistentes compartían los principales ejes del mensaje que se quería transmitir. Entre los asientos, pasillos y escaleras, se veían familias enteras, grupos de jóvenes, voluntarios pendientes de cualquier incidencia y varios políticos que acudieron a la concentración a título personal.

La necesidad de hacer presentes los valores comunes y las convicciones cristianas se convirtió en el principal nexo de unión de todo el contenido del acto. Todos los que intervinieron coincidieron a la hora de asegurar que el principal problema no es que “otros” vayan contra esos principios, sino que falta presencia. “No estamos dispuestos a pagar el peaje de renunciar a nuestras convicciones”, dijo Manel Silva en su presentación. El ex parlamentario, por otro lado, se refirió al hecho de que “alguien ha escrito últimamente que hay que confiscar los templos y los bienes de la Iglesia”, para concluir, entre los aplausos del público, con esta frase: “Hoy hemos convertido este recinto público en una iglesia”.

La familia como institución básica de la sociedad, el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la necesidad de que se promuevan medidas efectivas para erradicar la pobreza, la elección directa de los diputados y el respeto por el hecho religioso con sus símbolos y representaciones personales fueron los principales argumentos de los discursos. Todas las reflexiones desembocaban en un único llamamiento: “Es hora de actuar y, a partir de ahora, ya no tenemos excusa”.

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