Menores de 26 años mueren y matan en las carreteras españolas

La sociedad española se enfrenta a un problema mucho mayor, en número de víctimas, que el que generan dramas como la violencia doméstica, los asesinat…

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La sociedad española se enfrenta a un problema mucho mayor, en número de víctimas, que el que generan dramas como la violencia doméstica, los asesinatos y homicidios o la droga. Mientras los medios de comunicación se concentran en las agresiones sexuales, como ocurría el pasado lunes, 19 de julio, demasiados menores de 26 años mueren o matan en las carreteras españolas. En los últimos 2 fines de semana han fallecido en accidentes de tráfico un total de 70 personas y, de ellos, 33 tenían menos de 30 años. Ante estos hechos, el PSOE ya ha anunciado que lanzará 2 proposiciones no de ley en materia de seguridad vial para intentar frenar las actuales estadísticas de muertes en carretera, pero el fenómeno requiere un análisis en profundidad que vaya a las raíces del problema y adopte medidas integrales para cambiar el hábito de los jóvenes.

Familias rotas

Del total de 22 personas muertas por accidentes en la carretera el pasado domingo, 18 de julio, 11 de ellos tenían menos de 26 años. El drama no acaba con los cuerpos de los jóvenes destrozados en las carreteras, sino que se extiende a unas familias que quedan rotas al perder a unos jóvenes en la plenitud de la vida. Además, hay demasiadas coincidencias en algunos de estos accidentes. Por ejemplo, en el accidente de Zas, en La Coruña, en plenas fiestas de la Virgen del Carmen, 7 jóvenes entre 15 y 18 años se empotraban en un eucalipto a 800 metros de su destino. En el asiento del copiloto iban 2 personas y 4 iban detrás. De éstos, 2 murieron como consecuencia del accidente. Eran las cinco y media de la madrugada. En la playa de Moncofa, en Castellón, a las siete menos diez de la mañana unos jóvenes se saltaban un stop y les embestía un todoterreno que segaba la vida de 2 de ellos, con 18 y 19 años. En la autovía de Andalucía, 2 personas con 22 y 24 años morían en un Seat Ibiza que circulaba en sentido contrario y colisionaba con un Mercedes. En Corralejo, Fuerteventura, 2 jóvenes de 21 años y una menor perdían la vida al estrellarse su coche contra el lateral de la calzada. Eran las 9 de la mañana y la falta de sueño y el exceso de velocidad ocasionaron la tragedia. En San Mateo de Gállego, Zaragoza, un joven de 18 años recién cumplidos fallecía al estrellarse la moto que conducía contra un pino, cuando acompañaba a un amigo. En la mayoría de estos ejemplos, el cansancio tras una noche de juerga, las infracciones de tráfico y la hora del accidente, unidos a la juventud de las víctimas, remiten a unos hábitos de conducta que facilitan los accidentes.

En el año 2003 murieron en accidente de tráfico un total de 4.032 personas. En el 2002 fueron 3.267 las víctimas de la carretera y, de éstas, 1.172 tenían entre 15 y 29 años, un 35,9 por ciento. Además, van en aumento también el número de menores de edad que se ven implicados en accidentes de circulación con víctimas mortales o que son sorprendidos al volante por la policía de tráfico como consecuencia de pequeños incidentes, tal como indica José Luis Fernández, capellán de bomberos de Barcelona y responsable eclesial de Pastoral del Tráfico en Cataluña: “Han aumentado espectacularmente en el último año los accidentes en que están implicados jóvenes sin carné de conducir, muchos de ellos menores de 18 años. En muchos casos, no pasan de ser incidentes que la policía de tráfico ha detectado”.

Medidas insuficientes

El panorama no es alentador y, ante el constante incremento de accidentes de tráfico en los que están implicados jóvenes, el Gobierno español está dispuesto a actuar para frenar este fenómeno. El PSOE ya ha anunciado que lanzará 2 proposiciones no de ley en materia de seguridad vial, básicamente dirigidas a intensificar los controles de alcoholemia, a ensalzar la figura del “conductor alternativo”, aquel que no bebe cuando el grupo sale de juerga, y piden también la colaboración de los centros de ocio nocturno, sin especificar cómo. Sin embargo, aunque cualquier actuación que reduzca las cifras de muertes al volante ha de ser bienvenida, no parece que estas medidas vayan a ir dirigidas a la raíz del problema, sino que actúan sobre las consecuencias de un comportamiento que debe reconducirse de forma integral. La educación en valores, una normativa y un control más exhaustivo sobre los horarios de cierre de los after hours y otros locales de ocio, y acabar con el fácil acceso de los jóvenes a las drogas en general y en concreto a las de diseño, son también elementos a considerar por las administraciones, entre otros.

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