Su mensaje anual dedicado a la verdad

Es lógico que el Papa vuelva a dedicar a la verdad su mensaje anual para la jornada de la comunicación, como hicieron sus predecesores en otras ocasiones. Al cabo, en las escuelas de periodismo se enseña la redundancia de la expresión “información veraz”: tan común y poco meditada, que se emplea literalmente en el artículo 20, 1 de la vigente Constitución española…

Una “noticia falsa” no es noticia, sino tergiversación, manipulación, engaño: como dice el papa, se refiere a “informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”.

Un mínimo de retórica las hace aparecer como verosímiles, tal vez porque se apoyan en “estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social”, y “en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración”. No faltan estos últimos años análisis más o menos científicos sobre el uso de la “indignación” para atraer una atención de los lectores que puede desdibujarse entre miles de informaciones de actualidad. Resulta demasiado habitual la utilización del “odio” por parte de quienes tipifican como tal cualquier duda o ponderación sobre sus posturas. La cultura del “todo vale”, ya antigua a pesar de su postmodernidad, incluye una radical excepción: excepto lo que contraría una opinión políticamente impuesta (no digamos cuando pasa de la palabra a la norma jurídica coactiva).

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