Milagros y Apolonia

El pasado día 31 de diciembre, unas horas antes de las campanadas que anunciaban el nuevo año, una niña recién nacida fue hallada en el interior de un…

El pasado día 31 de diciembre, unas horas antes de las campanadas que anunciaban el nuevo año, una niña recién nacida fue hallada en el interior de una papelera, en el servicio de señoras de un after-hours de Zaragoza. Una joven de origen guineano oyó un ruido al ir a tirar un papel al cubo del baño poco después de las cinco de la tarde. Apartó los papeles y encontró una niña desnuda que todavía tenía atado el cordón umbilical.

La policía está intentando localizar a la madre del bebé, que posiblemente dio a luz en el mismo establecimiento en el que fue hallada la niña. En su caso, la madre podría ser perseguida penalmente por el delito de abandono de menor con riesgo para su vida e integridad física, o incluso por tentativa de homicidio. Los medios de comunicación que han recogido la noticia destacaban que “los jóvenes clientes que se encontraban en el local manifestaron su indignación por la actitud de la madre”.
 
Hay varios detalles que me llaman la atención en esta historia. En primer lugar, que se trata de un hecho insólito en nuestros días. Hace unos años era habitual abandonar bebés a las puertas de un hospital, en una portería, en algún lugar donde pudiera ser fácilmente localizable y con un riesgo más limitado para su vida. En este caso, la voluntad de deshacerse de él era más clara, al depositar a la recién nacida en una papelera con el cordón umbilical aún colgando.

Pero el hecho sigue siendo insólito. La mayoría de los bebés no deseados no llegan a nacer. Las leyes permiten abortar, en algunos casos hasta dos o tres meses antes del final de la gestación. Hay algunos centros médicos en Madrid y Barcelona especializados en abortos “tardíos”, sin control alguno por parte de las administraciones públicas, que se acogen al supuesto de riesgo físico o psíquico para la madre y alargan los plazos hasta el límite, como ha dado a conocer recientemente la prensa británica. Esa es la razón fundamental por la cual no hay apenas abandonos de bebés en nuestro país.
 
También me sorprende la alarma social que provoca un hecho de estas características y la “indignación” que mostraron los jóvenes presentes en el “after hours”. Nuestra sociedad está instalada en la hipocresía, en la contradicción permanente.

Si la madre de la niña en cuestión que encontró la joven guineana hubiera tenido recursos suficientes, habría acudido a uno de esos centros y los restos del feto de la niña, de cinco, seis o siete meses, habrían ido a parar a otro contenedor diferente, sin repercusión social alguna, y pido disculpas por la crudeza mis palabras, pero es exactamente así como ocurre.

La diferencia es que en este caso, la madre no debía contar con muchos medios, tal vez su situación era desesperada, o su dependencia de las drogas le turbó la mente, y decidió abandonar a la recién nacida en la papelera del servicio de mujeres del local donde estaban celebrando las últimas horas del año 2004. La diferencia también estriba en que, si la localizan, celebrará probablemente las próximas campanadas de año nuevo en la cárcel.
 
Por cierto, también me parece un detalle espléndido que quien la encontrara fuera una inmigrante, tal vez sin papeles. Apolonia, una joven procedente de Guinea, soltera, se encontraba "muy feliz" por haber contribuido a salvar la vida de la niña, a la que ya había bautizado. "Yo la llamo Milagros, porque creo que sólo vive de milagro”, dijo a la prensa.
 
En lugar de plantearse ampliar la ley del aborto, le propongo al gobierno una modificación legislativa diferente. En la mayoría de los estados de USA, el abandono de recién nacidos con determinados requisitos no está penalizado. Existe una organización llamada Safe Haven que consiguió una modificación legal para prevenir que jóvenes madres como la de Zaragoza abandonaran a sus recién nacidos en lugares donde pueden morir.

Se trata de una ley que permite a la madre o al padre dejar un bebé no deseado en hospitales, comisarías de policía o determinados centros religiosos antes de las 72 horas después del nacimiento, renunciando a la paternidad y cediéndolo en adopción, sin temor a ser perseguidos penalmente. La ley fue aprobada a pesar de la oposición de los grupos pro abortistas que alegaban, curiosamente, que de esa manera se fomentaba el abandono de recién nacidos. 
  

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