Misericordia y masonería

“Cerrar las puertas a la misericordia con la apariencia de abrirlas”

Es sabido que los masones admiten en sus filas –dicen ellos- a quienes profesan una u otra religión. Pero, en realidad, sus adeptos acaban profesando una ideología concreta, la “ideología masónica” anclada en el deísmo racionalista, en el panteísmo, naturalismo, sincretismo y relativismo dogmático.

De esta ideología nos gustaría destacar algo que sostiene a veces con claridad y otras de manera implícita: y es que no creen en el pecado: el pecado no existe para ellos, (nos ceñiremos para las citas al libro “Iglesia y Masonería”, de Alberto Bárcena-2016) así, una variante masónica, los rosacruces, “anunciaban un nuevo código moral, ajeno a la ley natural en que “el pecado sería abolido”” (pág. 53).  Propugnaban una transformación moral con la abolición del pecado “como concepto” (pág. 54).

Pero es que ya su concepción general, creen en un Dios panteísta, como decía León XIII “Sienten de Él, de Dios perversamente, como suelen los panteístas” (pág. 52), implica la deificación de la Naturaleza, y por tanto del mismo hombre que sería dios. Ahora bien esa adoración del hombre, de uno mismo, implica la inexistencia del pecado: el hombre, que es dios, por definición no puede pecar, el pecado no existe.  También explican que el iniciado en sus sociedades ha de ser su propio redentor, (independientemente de ningún Dios). No necesita Redentor fuera de sí mismo (pág. 27), lo que es lo mismo que decir que no tiene deuda alguna para con Dios, que no tiene pecado.

Esto tiene una apariencia sofística de liberación: el hombre ya no tiene que dar cuentas a nadie, puede ser perfecto por sí mismo.

Pero negar el pecado, es como si un médico pontificara: no existen las enfermedades, de modo que encuentra sanos a todos los pacientes y el que realmente tiene una enfermedad grave, como no se pone en tratamiento, muere. El médico que parecía insuflar optimismo se convierte en un cruel verdugo.

Sin conciencia del pecado y humilde reconocimiento y dolor del mismo no actúa la misericordia infinita de Dios ya que  requiere nuestra libre acogida y queda así cerrada su puerta celestial.

Pues bien, hacer del hombre un dios que puede redimirse así mismo (pág. 27); es decir, negar el pecado o la necesidad de ser perdonado por Dios, el único que puede vestir la túnica blanca de la gracia al hombre imperfecto y pecador, es cerrar las puertas a la misericordia divina que es en cambio ilimitada para quien libremente reconoce sus delitos.

Así, con el cebo engañoso de una falsa misericordia: “No existe pecado ni necesidad de perdón”, la ideología masónica conduce a la exclusión, a la clausura de la verdadera misericordia, y es pues no compasiva como alardean, sino cruel y no tanto porque sean infelices los que la siguen, cuanto porque cierra las puertas a la reconciliación entre hombre y Dios, a la vida eterna.

Volvamos al ejemplo del médico, que por una piedad malentendida no revela al paciente que tiene una grave enfermedad y muere el enfermo al no ser puesto en tratamiento. Pues bien, si al hombre pecador se le convence de que su salud espiritual es perfecta ya no pedirá perdón a Dios y no podrá alcanzar la nueva inocencia del perdón divino. Por tanto la verdadera piedad es reconocer que tengo una enfermedad grave y que si me pongo en tratamiento me curaré. Y será en cambio, inconsciente crueldad negar mi enfermedad, negar el pecado.

Lo peor del espíritu masónico es pues el peligro espiritual, el peligro que representa más allá de su incidencia social. Tenía razón el santo papa Pío IX cuando mostraba a la masonería como “enemiga de la salvación de las almas” (pág. 141).

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2 Comments

  1. 1

    El mayor mal que ha introducido el espíritu masónico, que no son sólo los masones los que lo profesan incluso se ha introducido en la Iglesia, es el RELATIVISMO, que ha calado tanto en la sociedad que tacha de fanático y/o fascista a cualquiera que afirme el principio de existencia de la Verdad, diciendo que ésta, si existe, es inalcanzable.

  2. 2

    En verdad el q escribió. Está más perdido en la realidad de lo q es la masonería. Llevo25 años en la fraternidad y puedo decir que no hay un ápice de verdad en este escrito. Soy Reverente Cristiano miembro de una Iglesia Bautista y si lo q escribe el autor fuera cierto hubiera salido disparado una semana después de recibir mis Grado de Maestro

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