Un mundo de ficción y engaño

Como a yo, seguro que muchos otros podrían poner ejemplos de noticias falsas, de reproducciones manipuladas de palabras de líderes políticos o sociales, de rumores con años de antigüedad que se reiteran con fines inconfesables. Todo ello abona la tesis de quienes consideran que internet es un “océano de basura”, o de que el mundo virtual es un mundo de ficción y engaño.

No soy tan radical como quienes defienden estas posturas anti-internet. Sin embargo, Facebook, por ejemplo, no puede quedarse en lo que acaba de reconocer: ha de establecer – y hacerlo saber a los usuarios – qué piensa hacer para no seguir contribuyendo a la difusión de noticias falsas, qué garantías puede fijar para que evitar que cualquiera mienta en la red social, haga montajes de textos y fotografías o vídeos para intoxicar. Y no sólo Facebook, claro.

Es una tarea ingente la que le corresponde a las redes sociales. Habrá que definir lo que se les puede exigir y reclamar –jurídica y económicamente, si es el caso-, y lo que se escapa al control profesional, respetuoso y cauce de la libertad de expresión. Delimitar insultos, amenazas y engaños no sólo es tarea de la Policía o Guardia Civil, sino que las plataformas digitales deben evitarlos y, si es preciso, borrarlos, para que el daño no se propague con casi total impunidad.

También se exige una educación para que los usuarios detectemos más esas mentiras, y no contribuyamos a la calumnia, difamación o intromisión en la intimidad de las personas. Y que el mundo virtual no sustituya al mundo real, del trato personal, de la información contrastada por parte, sobre todo, de los periodistas.

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