Música y política

En una muy cierta no tan lejana vicisitud, me vi obligado a interponer una denuncia educativa. Era el 7 de diciembre del año 2000, antesala de …

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En una muy cierta no tan lejana vicisitud, me vi obligado a interponer una denuncia educativa. Era el 7 de diciembre del año 2000, antesala de dos recursos consecutivos míos vía derechos fundamentales de mi persona como padre educador de mis seis hijos. Opté por la defensa jurídica de la aplicación efectiva de la asignatura de religión en la enseñanza pública catalana. Ésta, creo que todavía es una enseñanza intelectual de ordenamiento constitucional en todo el Estado Español. Estaba (y me parece que aún está) regulada en competencia transferida por el Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya como matèria de religió, pero en distintos términos reguladores a los establecidos por Real Decreto Ley, en base a un Tratado de Estado de 1979 (vigente y constitucional) con el Vaticano, para todo el territorio del Estado Español- al que todavía hoy pertenece Catalunya- para la asignatura de religión.

Entregué al Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya una parrafada currada de padre (de familia) con copyright mío de 14 folios. Subrepticiamente se sustituyó en regulación autonómica el derecho de elección por el de opciones. Y por tanto se me invocó judicialmente la inserción de la asignatura obligatoria de religión, tergiversando el sentido del derecho ajeno por una única opción, metiéndola en el saco de un sinfín de alternativas de elección facultativa. De haberse hecho esto con las matemáticas no quiero ni pensar lo que hubiera acaecido. Los políticos estimaron regular desde la ignorancia educativa la obligatoriedad de una disciplina de conocimiento obligatoria por fundamental. La única opción legal a regular es la que aquel padre o madre que, en base a su libertad de credo y conciencia, opta por una única alternativa por el tiempo indispensable lectivo obligatorio de la enseñanza de la materia curricular de la religión. El despropósito autonómico consistió en ofrecer un abanico de alternativas para facilitar, interpretando erróneamente la libertad de conciencia, una supuesta libertad de opción por la ignorancia curricular de la milenaria religión, apta para creyentes, adictos de misa, paganos y ateos. El problema se le planteaba sólo al padre y a la madre en la enseñanza pública. Y a unos alumnos condenados a la ignorancia intelectual impuesta por la clase política.

Incido ahora sólo en mi reflexión de la página 3 de mi denuncia ciudadana previa al contencioso interpuesto ante el TSJC número 396/2001. Incluí en esta denuncia un pequeño razonamiento. Contraponiendo confesión cristiana y conocimiento intelectual escolar de la religión al margen de su confesión, afirmé lo siguiente: “Estas evidencias validan la certeza de que el interés intelectual por la ciencia de lo divino (teodicea en acepción filosófica, teología en acepción religiosa) jamás se erigirá en causa directa de testimonio o martirio de fe, del mismo modo que las facultades mentales y espirituales del hombre – tales como el cálculo y el discurso matemático, la expresión lingüística y su significación lógica, la creación musical y artística y la observación empírica y su desarrollo tecnológico-, siendo prevalecientes y anteriores a todo conocimiento formulado y universalmente aceptado, como baluarte imprescindible en el que debe apoyarse todo progreso o avance social y personal de toda sociedad civilizada, no conducen por sí mismas a su práctica o profesión pública, que sólo acreditan los expertos que las desarrollan en cualquier disciplina, de modo análogo a la competencia que se presume en un ingeniero en la construcción de un puente, que se demuestra por su aptitud en la ejecución de la obra y no en la mera erudición, aunque sea la propia de un doctor cum laude en ingeniería”

No voy a hablarles ahora de enseñanza de religión. Felicito públicamente al Sr. Jordi Savall por su renuncia al Premio Nacional de Música, en bofetada cultural no electoralista al Sr Ministro de Cultura, solidaria con quiénes carecen de lo preciso, señalando la gran ignorancia musical entre los políticos y la ausencia de mecenazgo. Les inserto el link de la información publicada en La Vanguardia el día 1 de noviembre de 2014.

Se puede acceder al conocimiento legado por la polis de la Civilización Griega. También al del Trivium y Quatrivium de la Civilización Romana. Ambas paganas. Y por tanto esgrimir la Política como actividad reguladora del orden social. Ahora bien, si nos quedamos sólo en un planteamiento cultural rococó o rififí posterior a Descartes y sucesores, lo que por doquier recibe el nombre de música y artes escénicas, no es más que una caricatura por lo menos de la Música. Justifico así las palabras de mi título. La primera en mayúscula y la segunda en minúscula.

¿Alguno de Vds., con experiencia paternal de opción por la Enseñanza Pública Primaria y Secundaria catalana, es padre o madre de hija o hijo Grado Superior de Canto u otra disciplina instrumental? Yo sí. ¿En qué consiste el camino profesional de la Música en España en el siglo XXI? Yo no detecto ninguno mínimamente remunerado en condiciones. Mi hija primogénita menos. Detectamos ambos el recurso fácil caritativamente remunerado de la gratitud de templo sin pagar entrada expresada en una frase de falso reconocimiento y adulación. Ésta: ¡qué bien canta tu hija! Ser profesional de la Música no significa ser famoso, ganar dinero y recibir aplausos. Significa hacer como hacen Vds. en otros ámbitos, pero dirigiendo, cantando, interpretando o tañendo un instrumento con la mayor perfección técnica en la ejecución. Siempre con ansias de superación artística y corrección con preparación constante autoexigente y conocimiento de causa. El instrumento de mi hija recibe el nombre de cuerdas vocales. Son aquellas que están en la garganta de todo mortal.

La Política es el ámbito civil que preside, dirige y ordena todas las demás actividades del ser humano. Preside y regula un ente denominado Sociedad. La política en minúsculas es la gran detractora de la Política y por tanto de la Cultura. Me congratulo en compartir las declaraciones del gran músico catalán Jordi Savall. Yo no entiendo de compases. Tengo percepción de afinación en escucha activa saliendo de mi mismo cantando. Incluso soy capaz de impostar un falsete de soprano en misa para doblar la voz de bajo, que en el templo me arrebatan señoras bienintencionadas de voz potente sin puñetera idea en música y en canto. Proyectan voces desafinadas sin oído auditivo que jamás atiende escuchando a quiénes sí sabemos cantar. Escuchar sin chillar es la primera condición para ser integrante de un coro desde la infancia. A menudo tortura bastante el monopolio musical ignorante del microfonista de altar con beneplácito pastoral del señor cura. O lo que es más grave sin escuchar al sacerdote que sí sabe cantar. Si este año 2014 me propuse aprender a cantar la Salve monacal de la Iglesia, para la próxima Semana Santa 2015 espero haber aprendido el Himno de Viernes Santo Crux Fidelis. ¡Sin dejar de cantar la Salve –anterior en el tiempo al pentagrama cartesiano- con duración gregoriana homologada de dos minutos y treinta segundos! Me sale a todas horas cantarla de memoria. Tal vez para aburrimiento WhatsApp y autograbación mía de voz en correos electrónicos a familiares y conocidos. ¡Sin partitura pneumática o texto latino delante salvo en fase de aprendizaje!

¿Para cuándo una Política que contemple la Cultura educativa de la que soy exponente? La Civilización Griega diferenció el discurso del demócrata del parloteo desafinado del demagogo. Cultivó la Música con las cuerdas del Arpa y de la Lira. El gran músico Jordi Savall ejecuta con brillantez lo mismo con instrumentos antiguos de cuerda. Sin exclusivas es un ejemplo vivo de Cultura en el ámbito Música.

Jordi Savall: "Hay una gran ignorancia musical entre los políticos"

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