La nefasta herencia de Obama (I)

Obama Hillary Clinton y Donald Trump

Hay quienes sostienen que los habitantes del mundo también deberían votar en las elecciones de Estados Unidos por los efectos directos que su política posee sobre todos ellos. Se trata de una boutade, claro, pero tiene un trasfondo de verdad. Lo que hace aquel país nos afecta y mucho.

El balance de los dos mandatos, que ya llegan a su fin, del presidente Obama es literalmente terrible. Su herencia es un mundo inseguro, en guerra, preñado de amenazas sobre todo en Europa, y una sociedad estadounidense terriblemente fraccionada.

Empecemos por esto último. Que el pueblo americano deba escoger entre un demagogo corrupto, como Trump, y una corrupta estructural, como Hilary Clinton, es una tragedia que puede acarrear consecuencias malas para todos en un futuro, excepto que quien gane, es decir, Clinton, redima sus pecados desde la presidencia. Porque supongo, amigo lector, que no tiene ninguna duda de que la victoria de Hilary está más que garantizada, y no porque esté amañada, como irresponsablemente acusa Trump, sino porque han conseguido que los republicanos presenten el peor de los candidatos posibles. Las encuestas son claras. La gente está tan harta de los Clinton que ella perdía contra cualquier candidato que no fuera Trump. Y para qué vamos a engañarnos, este personaje amigo de años de la pareja, gran donante a su favor, partidario del aborto, que encarna en su trayectoria todo lo opuesto a lo que predica el republicanismo, fue impulsado por los Clinton a presentar su candidatura, convencidos, no de que ganaría la nominación, sino que sembraría el caos en las filas republicanas. Después, y para sorpresa de todos, no solo consiguió el caos, sino la nominación, y el personaje inventado se lo creyó y empezó una segunda fase, la de las elecciones presidenciales.

Pues bien, el éxito de Trump, como antes, la sorprendente carrera electoral de Sanders, un candidato insólito para el sistema americano, es el resultado de la herencia de Obama que ha conseguido polarizar el país y hundir a la clase media. Estados Unidos crece mejor que Europa, cierto, pero este crecimiento queda en manos de unos pocos. Explicar las relaciones de Obama con Wall Street, algo sobradamente conocido, merece por si solo otro editorial. Pero el juego es siempre el mismo. Favorecer a las élites financieras tecnológicas y situar el conflicto en el ámbito moral y antropológico: aplicación de la doctrina Gender, aborto, matrimonio homosexual -la agenda de siempre- la guerra cultural, y esto para una parte de la población les funciona; aquella que no está sometida a los estragos de la crisis, y  que en Estado Unidos cuenta además con las minorías latinas y negras a quienes Trump ha despreciado y los republicanos no han conseguido atraer. Para estos grupos, el Partido Demócrata continúa siendo un representante menos beligerante en su contra y por tanto mucho más votable. A Trump solo les ha faltado su zafiedad contra la dignidad de la mujer para completar su hundimiento, que sería inmenso si no existiera una rebelión real contra las élites que Obama y los Clinton representan, que prefieren cualquier cosa antes que a ellos.

No es casual que el burdo historial de Trump en su relación con las mujeres, perfectamente conocido por Bill Clinton, fuera el arma de destrucción masiva perfecta cuando se enfrenta electoralmente a una mujer.

La emergencia de Trump y Sanders como síntoma, y la secuela de las elecciones presidenciales, más la forma como ejerza Clinton la presidencia, serán determinantes a la hora de indicarnos si ha empezado de manera irreversible la decadencia del Imperio. Y esta situación será el fruto de una sociedad terriblemente desunida bajo la égida de un presidente Obama y su mujer, un poder ideológico de primer orden.

Pero si el bagaje interno es malo, el resultado de las política exteriores, peor. Lo veremos el próximo día.

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