Ni explotación ni conservadurismo

El Papa se ha dejado maravillar por la obra de la Creación y se ha dejado tocar por las hondas heridas que la Amazonía y sus pueblos llevan consigo. La acción del ser humano sobre la Creación puede ser humanizadora o reductiva. El abuso del suelo, la presión comercial sobre los recursos naturales y los monocultivos, así como el conservacionismo que impiden el acceso a los recursos naturales dañan la Amazonía. Esta tierra no puede seguir siendo “una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes”.

Hay que reconocer institucionalmente los derechos de los pueblos nativos, así como favorecer el diálogo intercultural. La exclusión y la discriminación deben dar paso a la inclusión. Y esto debe ser asumido y liderado por los propios pueblos, sujetos de su propio desarrollo. “Sus vidas, les ha dicho el Papa durante su visita en enero pasado, son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común”. Y el cuidado de esta casa también es tarea de los que menos cuentan. Los pueblos de la Amazonía son interlocutores y como tales, deben ser reconocidos.

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