No es el género, es el sexo

sexo

La inconsecuencia, a caballo entre la irresponsabilidad de la mayoría y la presión ideológica de la minoría, de haber erradicado el concepto de sexo de todos los registros, y su sustitución por el ideológico género, ha significado una revolución insidiosa que da pie a trastocar todos los fundamentos de nuestra sociedad.

La ciencia -más que cualquier cultura religiosa y cuanto más materialista, más decantada en este sentido, ha establecido de siempre que los seres humanos son sexuados y que toda su construcción biológica bascula en gran medida sobre este hecho determinado de la naturaleza. Existen un sexo masculino y otro femenino que son los responsables de realizar aquello que, desde el punto de vista evolutivo de la especie, constituye lo fundamental: garantizar la continuidad en las mejores condiciones posibles. La estructura de la mujer, desde la fisiológica a la hormonal, pasando por la física, está tan predeterminada, que incluso los transexuales tratados para ofrecer las características de un hombre, ofrecen especulares casos, por lo extraño, de embarazo y maternidad. Mientras que en el hombre, su condición propende a conseguir el máximo de inseminaciones, que es la garantía de su continuidad. Todo esto en los animales está muy precondicionado, pero el ser humano, precisamente porque es distinto y razona, y posee conciencia que va mucho más allá de sí mismo y de su “manada”, presenta diferencias importantes, dirigidas a encauzar aquellas funciones puramente biológicas. Toda la educación social y humana se ha construido sobre esta doble realidad. La innegable realidad material de los dos sexos y su dimorfismo, que alcanza los niveles psicológicos y hormonales de cómo activa y procesa el deseo, distintos entre el hombre y la mujer, y la cultura para alcanzarlos y llevarlos a buen fin en términos personales y sociales

La perspectiva de género y LGTBI destruye todo esto. Proclama que el sexo es una cuestión de escasa importancia y que lo decisivo es el género, que constituye una construcción social y, por consiguiente, manipulable y sujeta a la interpretación cambiante de cada persona. Lo primero, conduce a todas las políticas “educativas” de comunicación y coercitivas del Estado para construir la mentalidad que aquella bochornosa patraña es algo real (como lo era el marxismo como ciencia capaz de predecir la dinámica histórica). El género/sexo/preferencia sexual a gusto de cada cual conduce al subjetivismo más exacerbado. Ni razones científicas, ni, por tanto, médicas, bastan con mi simple afirmación para que mi género quede establecido.

El resultado está a la vista en una secuencia histórica reciente: la “lucha de clases entre mujeres y hombres” primero, que va mutando hacia el supremacismo femenino y la superwoman (Wonder woman, Capitana Marvel.), entre las de ficción, o personajes como Beyoncé, en la realidad, construyen en el imaginario femenino este nuevo estereotipo. El homosexualismo político dirigido a transformar las instituciones para modelarlas de acuerdo con sus deseos, y la transformación del deseo sexual en proyecto político. La más reciente, la oleada del transexualismo que como en los casos anteriores sigue la estrategia de la saturación comunicativa; el transexual hasta en la sopa, a pesar de ser una ínfima minoría; el intento de sacarlo de toda interpretación científica, la disforia de género. Y ahora el género neutro o los sin sexo. El hecho de que Canadá acepte en su pasaporte la “X” como definición del sexo es una aberración cósmica, porque determina el grado máximo de subjetividad, ya no es como expresión de la sociedad, quien por razones objetivas hace constar el sexo, sino que cada cual se lo monta. Naturalmente, detrás de esto no está la población “X”, que apenas es conocida, ni tan siquiera bien definida, sino que encontramos una vez más el Génder y sus políticas LGTBI, que, como ellos mismos proclaman, quieren eliminar toda definición en función del sexo.

Existe un objetivo claro y bien establecido: eliminar de la sociedad occidental al Hombre y a la Mujer, al Esposo y la Esposa, al Padre y la Madre. Si esta dinámica, a pesar de ser aberrante en términos de la razón y la ciencia, contraria al humanismo de nuestra cultura, sigue avanzando porque no se la toma en serio, no se la considera globalmente como lo que es, un proyecto político alternativo de todo lo que la humanidad es y ha sido, el fin de todo lo que conocemos, Estado del bienestar incluido, la desigualdad radical será inexorable.

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