Noticias del paraíso: Graham Greene

Graham Green

Si la presencia de Satán obsede, más obsesiva es la estrategia extraña de Dios para vencerlo con sus propias armas. Este tema aparece en las novelas de Graham Greene, donde los mensajeros de la misericordia divina encarnan en mujeres que muchas beatas de misa de doce mandarían derechito al infierno mientras rezan su rosario del día.

Uno de estos mensajeros aparece en la novela Brighton Rock de Greene. Este ángel se llama Rose, una meserita lacia y sin chiste, de carácter débil y pobre en experiencias de vida. Tan miserable es Rose que, a sus ojos, el varón más glamoroso del universo es Pinkie, el protagonista de la novela, un violentísimo rufiancillo, que a los 17 años ya carga con dos asesinatos a cuestas.

Sin saberlo, Rose tiene la información que puede destruir la coartada con que Pinkie busca defenderse de uno de esos crímenes. Como Pinkie lo sabe, enamora a Rose y le propone matrimonio, con el propósito de tenerla cerca para hacerla callar asesinándola. Pinkie, tan resentido con el universo que su voluntad está empeñada en la destrucción total, al tramar este crimen acaso topa con la gracia insólita de Dios.

En el “acaso” está la genialidad de Greene. Pinkie acaba por despeñarse literalmente. Se suicida lanzándose al mar desde un acantilado. En el suicidio se cumpliría la justicia de un Dios justo. Sin embargo, Greene deja deja la puerta entreabierta al Dios de la misericordia. Puede ser que Pinkie se haya salvado gracias a la intercesión de Rose, la corderita menos que perfecta que él pretendía sacrificar.

Tanto Rose como Pinkie son católicos. Esto no quiere decir que practiquen las formalidades de la religión, sino que saben en lo más dentro de sí mismos que cada uno de sus actos resonará para siempre jamás. Pinkie sabe que peca y peca jactanciosamente, gustoso de ganarse a pulso la muerte. Rose, en cambio, peca porque está enamorada y, aunque sabe quién es Pinkie y sabe que la detesta, lo ama con amor invencible que podría parecer patológico.

Graham Greene llamó a Brighton Rock un “entretenimiento”. Y lo es, pues la novela resulta soberanamente entretenida como presentación de la mentalidad criminal en la década de los 1930. También es una protesta los peores aspectos de la civilización moderna, que no es tanto un retorno al salvajismo como la racionalización pervertida al extremo.

Sin embargo, la obra de Greene es mucho más que esas dos cosas. Es una exploración honesta del mal metido en el centro de todas las cosas para desgracia de la creación entera. Es un viaje por el drenaje. Sin embargo, no se revuelca en el chiquero, pues confiesa con esa fe que casi es incredulidad, con esa incredulidad que por poco es fe: Dios triunfa sobre la enfermedad y la muerte, aunque no lo parezca.

Brighton Rock es una obra literaria que muestra cuán corta se queda la ética ante la única religión verdadera, la que anuncia íntegramente la buena noticia de la salvación a través del amor que da la vida por el amado. En cuanto al misterio del hombre, como lo dice Pinkie: “Los ateos no entienden nada.”

Greene se casó por la iglesia con una conversa a quien después abandonó para pasar el resto de su vida con su amante. Detestaba que lo consideraran un “escritor católico”. Escribía relatos policíacos sin sentido edificante. Era un pecador que daba noticias del paraíso.

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