País Vasco: de “Dios y la Ley Vieja” a los lavabos “no binarios”

País Vasco

El País Vasco es uno de los lugares de Europa donde la tradición y la fe católica ha sido una seña de identidad destacada. Tanto que en su origen el PNV fue confesional, y recogía en su emblema histórico el lema de Jaungoikoa eta Lege Zaharra, “Dios y la Ley Vieja”, y su acrónimo JEL sirve para designar al militante del aquel partido, el jelkide. Con el paso de los años evolucionó hacia una pauta europea, la democracia cristiana, aunque eso también es historia.

Las cosas han cambiado y ahora, informa El País, la Universidad del País Vasco (UPV) da un paso más allá del reconocimiento de la identidad homosexual (primera fase), transexual (segunda fase), para reconocer el “tercer género” a través de los lavabos que, por lo visto, ya lo hizo Obama en la Casa Blanca, es el mejor instrumento (?) para su reconocimiento. No me negarán que nuestra sociedad, o al menos la que nos intentan construir, resulta bien extraña. Se trata de suprimir la “discriminación” que significa que la humanidad esté divida entre hombres y mujeres; se trata de aquellos que no se reconocen como tales. El problema es identificarlos más allá de su propia subjetividad. Utilizar un lavabo es un acto se supone que fisiológico, es decir relacionado con nuestra naturaleza. Pues no, la Universidad del País Vasco, centro del saber, como toda universidad, lo ha convertido en ideología. Porque al ser un acto fisiológico se diferenciaron los servicios por sexo, cuando se desarrolla en el espacio público, y debe atender y mucho a las normas de higiene. Fue un lujo de la modernidad, puesto que esta división no existía en nuestro bares y restaurantes hace cincuenta años, con contadas excepciones. La diferenciación no nace de una “discriminación” sino de la distinta forma de proceder entre el hombre y la mujer, el tiempo que necesitan, la superficie necesaria y los resultados sobre su uso, que son distintos según cada caso. En la actividad fisiológica no hay tercer sexo, o se es hombre, y para miccionar se hace de pie, o si se es mujer, una se sienta, además de otras cuestiones. Así de claro es. Lo de sexo no binario es un invento falaz que no responde para nada a la finalidad de los baños. La única cuestión radica en los transexuales transformados de forma incompleta en hombres o en mujeres, pero los dos casos, si lo que marca es su aspecto exterior, tienen fácil acomodo allí donde les corresponda.

Todo esto obedece a un puro montaje ideológico dirigido a destruir la naturaleza humana, a desvincularla de su condición natural. Es una exaltación desaforada del subjetivismo, “ yo no soy lo que soy, sino mi deseo”, y un invento que requiere un manual de instrucciones para entenderlo “expresiones sexuales” “expresiones de diversidad sexual”, “binarios”, “no binarios”,  “transgénero”, “identidad de género”; y así una larga lista de conceptos que responden a la creación de un mundo distinto que pretende sustituir al mundo real y, sobre todo, a la unicidad de la persona, troceada ahora en múltiples identidades y expresiones.

Si en la Universidad del País Vasco quieren buscar discriminaciones reales y dolorosas, que se fijen en el coste total de sus estudios y las becas. Ahí es donde duele. Claro está que la perspectiva de género y sus “discriminaciones” es útil también para esto, para escamotear la desigualdad real.

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