Palabra, Testimonio y piedad popular

Las nuevas tecnologías son muy útiles para enviar información, no siempre real y verdadera, es cierto; sirven para comunicar próximas reuniones, acontecimientos, etc., y permiten relacionarse con personas en cualquier lugar del mundo, No son, sin embargo, “testimonio personal de nada”. Y la evangelización necesita un cara a cara, un testimonio de que lo que se anuncia se ha encarnado en la vida del que lo anuncia. Como lo vivió el buen samaritano con el hombre asaltado por ladrones; como lo los esposos fieles que sacan adelante a sus hijos con sonrisas y sacrificios.

El reverdecer del “camino de Santiago”, entre otros, es un ejemplo patente de la necesidad de la piedad popular.

“En la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo. En algún tiempo mirada con desconfianza, ha sido objeto de revalorización en las décadas posteriores al Concilio. Fue Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi quien dio un impulso decisivo en ese sentido. Allí explica que la piedad popular «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer»[ y que «hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe». Más cerca de nuestros días, Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un «precioso tesoro de la Iglesia católica» y que en ella «aparece el alma de los pueblos latinoamericanos» (Francisco, Evangelii gaudium, n. 123).

La Iglesia ha acabado el año del centenario de la presencia de la Virgen María en Fátima. María, como su Hijo, nos invitó a todos a “convertirnos”; a dejar el pecado y a rezar por todos los pecadores.  Sin el anuncio del pecado al mundo, a los creyentes, a los que han abandonado la Fe, a quienes no conocen a Cristo, la evangelización no echará raíces.

“A la Madre del Evangelio viviente le pedimos que interceda para que esta invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad eclesial. Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe” (Francisco, ib. n.287)

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