El Papa alentó a las víctimas de las inundaciones y condenó el crimen organizado

Nombró al “sicariato” y la falta de oportunidades entre las otras “tormentas” que también sufre la región, en alusión al fenómeno del “Niño costero”

Por tercer día consecutivo desde que llegó a Perú, el Papa Francisco congregó ayer a una multitud entusiasta y festiva en Trujillo, una ciudad norteña que eligió –fiel a su estilo de estar cerca de los que más sufren- porque viene padeciendo los efectos devastadores del fenómeno climático llamado El Niño Costero, fruto del calentamiento del Océano Pacífico.

Con sus tormentas impiadosas, este fenómeno se cobró la última vez, hace casi un año, la vida de 150 personas, dejó a muchos habitantes sin casa y afectó de alguna manera en toda la región a dos millones de perso- nas. Pero la región sufre otras calamidades. Padece, por ejemplo, una modalidad del crimen organizado, que extorsiona a los lugareños pidiendo dinero a cambio de protección.

Por eso, en la homilía que pronunció durante la misa que celebró ni bien llegó en la Playa de Huanchaco, junto al mar, uno de los centros turístico de la zona, les dijo a los fieles que quiso estar con ellos y rezar porque “les tocó enfrentar el duro golpe del ‘Niño costero’, cuyas consecuencias dolorosas aún están presentes en tantas familias, especialmente aquellas que todavía no pudieron reconstruir sus hogares”.

A la vez que destacó la solidaridad de los habitantes ante la catástrofe que, por caso, hacían cadenas humanas para rescatar a los más vulnerables. “El alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza”, afirmó al elogiar su actitud. “Sé que, en el momento de oscuridad, cuando sintieron el golpe del Niño, estas tierras supieron ponerse en movimiento y tenían el aceite para ir corriendo y ayudarse como verdaderos hermanos”, dijo.

Pero también se refirió a “otras tormentas (que) pueden estar azotando estas costas y, en la vida de los hijos de estas tierras, tienen efectos devastadores. Tormentas que también nos cuestionan como comunidad y ponen en juego el valor de nuestro espíritu”.

Entonces, precisó: “Se llaman violencia organizada como el ‘sicariato’ y la inseguridad que esto genera; la falta de oportunidades educativas y laborales, especialmente en los más jóvenes, que les impide construir un futuro con dignidad; la falta de techo seguro para tantas familias forzadas a vivir en zonas de alta inestabilidad y sin accesos seguros; así como tantas otras situaciones”.

Pese a todo, Francisco exclamó hacia el final: “Pero recuerden que no tienen derecho de que les roben la esperanza”, lo que suscitó el más fuerte de los aplausos que se produjeron durante la homilía.

En el predio, junto al mar –que hizo recordar su paso por la playa carioca de Copacabana, en 2013, una de sus giras más exitosas a poco de asumir el papado- se congregaron unas 200 mil personas. Al lado del altar se acomodaron cofradías con unas 40 imágenes de las distintas devociones de la región, ciertamente muy religiosa. Ya en el aeropuerto, pero también antes y después de la misa pobladores vestidos a la usanza danzaron al son de los compases de su folklore.

Con todo, Francisco no se conformó con su presencia en Trujillo y sus alusiones a los padecimientos de la gente. Luego de la misa visitó el barrio Buenos Aires, el más afectado por las tormentas y recorrió en papamóvil sus calles que estaban engalanadas por su presencia tras ser recibido con obsequios que le entregaron unos niños.

Como otros barrios, muchos de sus habitantes fueron rescatados de los techos y es el día de hoy que viven en casas de chapa y cartón a la espera de que sus viviendas sean reconstruidas. “Estamos esperando a ver si el papa trae bendiciones y se arregle todo lo que hemos perdido”, dijo una vecina.

El Papa había arribado procedente de Lima a la mañana a Trujillo –la tercera ciudad de Perú-, que estaba conmocionada por la llegada del ilustre visitante y volcada a las calles para saludarlo a su paso. Francisco hizo detener varias veces el papamóvil para saludar a la gente, pero el contacto más emotivo fue con Trinidad, una anciana que logró captar su atención con un cartel que decía: “Me llamo Trinidad cumplo 99 años. No veo. Quiero tocar tu manito”. El pontífice pidió detener su marcha, se bajó y la bendijo. Sus movimientos eran seguidos de cerca por sus custodios, resignados a su constante proximidad a la gente.

Tras una visita a la catedral, Francisco se encontró con sacerdotes, religiosas y seminaristas en el seminario local, donde pronunció un mensaje muy religioso que interrumpió con simpáticas acotaciones como cuando, al llamar a los más jóvenes a escuchar a los mayores, afirmó: “Los jóvenes caminan rápido, pero los mayores conocen el camino”.

Finalmente, en la Plaza de Armas encabezó un oficio mariano durante el que advirtió sobre el flagelo del femicidio y pidió leyes adecuadas para combatirlo.

Antes, en el arzobispado local – donde almorzó- recibió a seis adolescentes peruanos que participaron de Escuela de Ciudadanias, el plan de formación que lleva adelante la fundación pontifica Scholas Occurentes. Luego de su vuelta a Lima, el Papa presidirá este domingo una misa que se prevé multitudinaria en la capital peruana antes de regresar a última hora de la tarde a Roma.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>