El Papa pidió rezar por Siria y por los cristianos perseguidos en Medio Oriente

Saludó a los fieles presentes de lengua árabe y señaló que “este mes de febrero ha sido uno de los más violentos en siete años de conflicto”

En el último miércoles de febrero el Papa Francisco presidió la audiencia general en el aula Pablo VI del Vaticano, a causa del gran frío en Roma. El Papa  pidió rezar por los hermanos de Oriente Medio y en especial por los cristianos perseguidos, “a quienes quieren expulsar de esta tierra”, al final de la audiencia general que se celebra cada miércoles.

Durante el momento de los saludos a los fieles de lengua árabe y procedentes de Siria, Tierra Santa y Oriente Medio, Francisco pidió, improvisando sobre el discurso escrito, oraciones para esta zona del mundo tan “atormentada”.

“Tenemos que rezar por estos hermanos que están en guerra y por los cristianos perseguidos, a quienes les quieren expulsar de esta tierra”, afirmó.

Francisco se había referido el pasado domingo tras el rezo del Ángelus a la situación en la región siria de Guta Oriental y pidió el cese inmediato de la violencia y se permita el acceso de ayuda humanitaria.

Recordó que “este mes de febrero ha sido uno de los más violentos en siete años de conflicto (con) cientos, miles de víctimas civiles, niños, mujeres, ancianos” y denunció que “han sido atacados hospitales, la gente no tiene nada que comer”.

Durante la catequesis, el Papa abordó el tema de la liturgia eucarística, y explicó la importancia de que los fieles lleven las ofrendas. “En esta ofrenda espiritual de toda la Iglesia se recoge la vida, los sufrimientos, las oraciones y los trabajos de todos los fieles, que se unen a los de Cristo en una única ofrenda”.

“Por eso es muy bueno – añadió – que sean los fieles quienes presenten al sacerdote el pan y el vino para que él los deposite sobre el altar. Nos puede parecer poco lo que nosotros ofrecemos, pero ese poco es lo que necesita Jesús para transformarlo en el don eucarístico, capaz de alimentar a todos y de hermanar a todos en su cuerpo que es la Iglesia”.

“El Señor nos pide poco”, insistió Francisco: “en la vida ordinaria, nos pide buena voluntad; nos pide corazón abierto; nos pide ganas de ser mejores para acoger a aquel que se ofrece a sí mismo a nosotros en la Eucaristía; nos pide estas ofertas simbólicas que luego serán su Cuerpo y su Sangre”.

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