Perspectiva de género y cristianismo: una determinada visión se ha hecho hegemónica

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Querríamos presentarte una reflexión al hilo de los resultados de la encuesta municipal del año 2014 sobre los valores de los ciudadanos de Barcelona, publicada hace pocas semanas. No pretendemos presentar estos datos como una categoría universal, claro que no, pero sí como una tendencia, común en Europa y América, donde lo único que varía es su intensidad o, en otros términos, si ha alcanzado ya su hegemonía cultural y política.

Del informe se hace evidente que Barcelona ha evolucionado hacia posiciones que la encuesta denomina progresistas, y que básicamente tienen que ver con actitudes ampliamente favorables al aborto, el matrimonio y la adopción homosexual, la no existencia de un modelo normativo de familia, la perspectiva de género, la despenalización de drogas blandas, el socialismo. No son todos los significantes, pero sí los fundamentales. Hay ciertamente en la encuesta un sesgo temático que responde a la mentalidad con que está hecha, y eso rebaja el tono de las conclusiones, pero no las cambia.

Hay un segundo aspecto de gran interés: no son los jóvenes los que marcan el cambio hacia una hegemonía progre, sino las mujeres de cuarenta y cinco a sesenta y cuatro años.

El cambio de mentalidad conduce a que, por ejemplo, se considere muy grave tirar basura (82%) en la calle, pero poco rechazable el aborto (20%).

También se observan diferencias según el nivel socioeconómico. Los encuestados de nivel bajo tienden a expresar posiciones más conservadoras, en el lenguaje del estudio, que los de nivel medio o alto, sobre todo, en lo referente a valores del ámbito privado. La causa que apunta el estudio es que en el colectivo menos favorecido socialmente hay un segmento importante que profesa una creencia religiosa. En definitiva, la actitud tiene un claro sesgo entre los que practican una religión y los que no.

Los propios autores de la encuesta advierten de que es posible que algunas de las respuestas respondan no tanto a lo que los encuestados realmente piensan sino a lo que se espera que contesten. Este desfase es evidente en el caso de las cuestiones relacionadas con el género y la familia. Y constata la existencia de una fuerte presión ambiental sobre lo que es y no es correcto. Existen una censura y una penalización mediática.

La transformación de los valores ligados al rol femenino no es atribuible al relevo generacional, sino al cambio en el colectivo femenino, independientemente de la edad.

La consideración que hacemos es esta: una determinada cultura que da lugar a una mentalidad que se ha hecho hegemónica en Barcelona y en otros muchos lugares, está determinada por la perspectiva de género, de la que nacen múltiples derivadas que afectan gravemente al funcionamiento de la institución familiar, y es contraria a los valores cristianos.

Si no transformamos esta realidad, quedaremos marcados durante mucho tiempo; de hecho, ya lo estamos.

Hay varias formas de actuar para conseguir esta transformación. Una es entrar con plenitud en el debate del Gender, explicando sin incurrir en excesos -el exceso es el propio Gender- qué es esa ideología, cuáles son sus consecuencias y las contradicciones que genera, y como destruye nuestra sociedad y fabrica infelicidad. Echamos en falta un documento de la Santa Sede que sistematice las observaciones que el Papa Francisco ha formulado en diversas ocasiones, porque mientras esta toma, formal y sistemática, de posición no se produzca, los Gender nos fabricarán a los cristianos un vestido a su medida, como ejemplifica esta noticia

Hay otra vía potente simultánea a la anterior: actuar sobre los grandes olvidados, los bautizados que se definen como católicos en las encuestas, a pesar de que practiquen poco o nada, y tengan otras opciones para definirse. Es fundamental la acción de comunicación relacional para que tengan una mayor conciencia de su identidad. Es una acción al alcance a partir del uso profesional de las redes sociales y un cierto apoyo de la publicidad y la comunicación. Solo se necesitan los recursos necesarios y continuados para llegar a ellos masivamente. Se trata de generar un proceso de motivación y redescubrimiento de su identidad profunda, que, en su caso, podrá determinar por otras vías, encuentros y procesos de conversión.

Merkel afirmaba en el mes de octubre: La fe y la religión son la base sobre la que yo y muchos otros contemplamos la sagrada dignidad del ser humano“. (…) La fe en Dios me facilita muchas decisiones políticas. No tenemos muchos políticos que se expresen en estos términos, pero no todas las causas son imputables a ellos, también influyen mucho las condiciones ambientales. Es lo que hay que cambiar.

El tercer eje está en recuperar el sentido, la visión y la misión fuerte, entusiasta, de una actitud cristiana fundamental que se va diluyendo, y que tan bien expresa el Salmo 5. “Enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a tiabre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza”. Proclamar con valor e inteligencia la buena nueva del Señor, y rendirle culto con alegría y sin supeditaciones. Las Obras son necesarias, pero no pueden hacer pensar que suplen la doble presencia de Dios a la que nos debemos: la proclamación de su palabra para que pueda ser recibida, acogida y seguida, y el culto, para el que hemos sido creados, y es fruto de nuestra Alianza

Y es que el recipiente social de las ideas no permanece nunca vacío: o lo llenas o lo llenan. Hay que decidirse.

Te invitamos, querido amigo, a reflexionar y a participar como preludio de la acción. Escríbenos, aportando tu punto de vista.

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