Polonia y España: dos perfiles, un significado

Los pésimos resultados de España en enseñanza son una cuestión decisiva, un grave problema porque afecta al fundamento del…

Los pésimos resultados de España en enseñanza son una cuestión decisiva, un grave problema porque afecta al fundamento del capital social, que es la base del desarrollo económico. Este mal estado de la cuestión solo es superado por la incapacidad para efectuar el diagnóstico de la realidad, sin ojeras ideológicas. Para encararlo, posee interés comparar dos países de Europa en relación a unos datos básicos como son PIB por habitante, a más recursos mejor educación puede presuponerse; los resultados escolares; y un par de indicadores del estado de la familia, como son la tasa de divorcios y la de abortos. Los datos son previos a la crisis, por consiguiente, en el mejor momento de gasto público de España.

Este es el resultado de la comparación:

(1) UE= 100 (2) 2005 (3) 1 mejor-7 peor

(Fuente Eurostat y datos de elaboración propia para el rendimiento escolar)

En el inicio de la crisis, es decir cuando sus efectos eran inexistentes en la reducción del gasto público y sobre la sociedad, Polonia, que presentaba un PIB por habitante que era del orden de la mitad que el español, obtenía unos resultados en la formación inicial de su capital humano mucho mejores que los españoles. Su sistema educativo era mucho más inclusivo que el español, considerando que el fracaso escolar es uno de sus indicadores básicos: a más fracaso, menos inclusión. En términos cualitativos, los resultados eran algo mejores en el caso polaco, y resultaba abrumadora la diferencia en la eficiencia en el rendimiento, que en definitiva es el factor determinante: como responde el rendimiento escolar a los recursos aplicados. Con mucho menos, Polonia obtenía mejores resultados que España.

Al mismo tiempo, las diferencias entre los abortos y los divorcios entre ambos países son importantes. Ambos indicadores muestran cifras muy reducidas para Polonia y alcanzan una magnitud notable y de crecimiento rápido en el caso español. De hecho, España es el cuarto país de la UE en cuanto al número de divorcios por cada mil habitantes; y el quinto en número de abortos por cada mil mujeres en edad fértil. Considerando que estos dos perfiles definen la capacidad de la familia para realizar sus funciones básicas (descendencia y educación), resulta evidente el paralelismo entre los mejores resultados de Polonia y sus indicadores de función de familia con el caso español. No sería el PIB -a partir de un determinado nivel- sino el funcionamiento de la familia, y de las instituciones públicas más relacionadas con la enseñanza, las causas de los resultados que ambos países alcanzan, como mejor explicación coherente con los datos.

Sin familias estables dotadas de capacidad educativa, abiertas a la descendencia, es decir con confianza en su futuro, no existe la posibilidad de unos buenos resultados de la enseñanza para España. Lo escandaloso del tema es que la familia nunca tiene un papel en las innumerables leyes sobre educación, que cada gobierno de turno se inventa para mejorar la situación sin conseguirlo. Quizás es que los gobiernos tampoco saben muy bien que es y para qué sirve la familia.

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