¿Qué hay más allá de la muerte?

Esta es una pregunta que forma parte de la propia vida humana. Toda persona en un momento u otro se la ha formulado, en muchas ocasiones con insistenc…

Forum Libertas

Esta es una pregunta que forma parte de la propia vida humana. Toda persona en un momento u otro se la ha formulado, en muchas ocasiones con insistencias con dudas, con temores. Es la cuestión crucial. Es la única cita garantizada que abre la puerta para un mundo irreligioso a la nada o como mucho a no se sabe qué. Para el cristiano la respuesta es clara y concreta, después de la muerte viene el juicio de Dios, que de hecho es la consciencia profunda, clara y transparente de todos nuestros actos y las consecuencias que ello desencadena en nosotros mismos. Y, después, la vida en la contemplación del Señor o el castigo. Todo esto nace de la fe y sólo desde la fe puede ser planteado. En realidad, forma parte de la esencia del mensaje evangélico, esto y que Dios es nuestro Padre que nos ama y que se manifiesta a través de Jesucristo. Quien lo conoce a él conoce al Padre.

La ciencia siempre ha tenido una especial prevención para hablar de lo que hay después de esta vida, lo cual es razonable con el planteamiento científico, que trata básicamente de medios y de aquello que puede explorar, y no se mete en camisa de once varas, es decir a tratar si existe cielo o infierno o si Dios ha creado el mundo. Pero, también hay que decir que en esta actitud científica, en la inmensa mayoría de ocasiones, se encuentra una profunda animadversión por pensar que puede haber en realidad esta vida eterna prometida por Jesucristo. Por eso es tan interesante el libro del doctor Pim van Lommel Consciencia más allá de la vida. Es seguramente la persona en el mundo que lleva más años dedicado a investigar lo que se conoce por EPM (Experiencias Próximas a la Muerte), es decir las informaciones que personas que han estado clínicamente muertas durante un periodo de tiempo explican. Empezó su interés cuando en el año 1969, como médico, intentó reanimar a un enfermo que tuvo un paro cardíaco y estuvo sin consciencia durante cuatro minutos. Este cardiólogo holandés, a partir de entonces, empezó a recoger sistemáticamente informaciones sobre las EMP. Sus trabajos fueron publicados por la prestigiosa revista médica The Lancet en 2001, hecho que provocó una gran conmoción en el mundo científico.

El autor explica las grandes coincidencias de las percepciones que tienen las personas que han estado esta condición de muerte: la lucidez, la claridad de consciencia que poseen, la percepción extracorpórea, en el sentido de que han observado la situación o la sala donde se encontraban desde otra perspectiva que la de la cama donde estaban, el famoso túnel con la luz al fondo, la sensación de paz. En definitiva, una serie de fenómenos bien conocidos y que, con las explicaciones médicas al uso, él demuestra que son perfectamente inútiles. La realidad es que la ciencia carece de respuestas para toda la información que existe sobre este hecho, es decir, carece de respuestas sobre unos fenómenos recogidos y sistematizados, y más allá de ellos sobre una cuestión fundamental que es la consciencia, que lleva a cuestiones decisivas. ¿Cuál es el estado de consciencia de una persona a la que se ha dictaminado la muerte cerebral?

La cuestión del coma, en la que la Iglesia defiende tan acérrimamente el mantenimiento de la vida, abre a través de sus interrogantes una nueva perspectiva. ¿Por qué -se pregunta el doctor Van Lommel- a una paciente en coma se le pide que imagine que está jugando al tenis o caminando y se activan aquellas partes de su cerebro que serían las mismas que se verían estimuladas en personas sanas si llevaran a cabo el mismo tipo de actividades? El doctor concluye que este campo de investigación está dominado por prejuicios materialistas que impiden el avance. En definitiva, prefieren ignorar o ridiculizar los datos que tener que afrontarlos. Porque, no se trata de que la ciencia nos garantice la vida eterna, esto nunca sucederá, pero lo que sí tiene importancia es buscar la realidad, es decir la verdad, como se hace en otros campos, y también porque abre la reflexión sobre asuntos importantes como el de la eutanasia, que ya hemos apuntado antes, o como el transplante de órganos.

Este es un ejemplo, uno más de cómo las cuestiones que la fe anuncia, en la medida que la ciencia avanza, van encontrando un asentamiento o como mínimo un encaje que es posible racionalizar en el marco del nuevo planteamiento científico. La física cuántica ofrece en este sentido nuevas perspectivas que permiten interpretar algunas de estas cuestiones. De hecho, si seguimos una secuencia histórica, veremos que ante cada nuevo descubrimiento que ha hecho el hombre siempre ha habido un grupo que ha dicho “esto es el fin de la religión”. Fue así planteada la ruptura con la idea inicial de que los astros giraban en torno a la tierra, en lugar de como, sucede, girar realmente ésta en torno el sol. Sucedió también cuando Darwin planteó la evolución de las especies. En el siglo XIX e inicios del XX parecía, de la mano de Oparin, que estaba a la vuelta de la esquina que el hombre construyera vida de la nada (aún sigue en ello), y así podemos seguir indefinidamente. En realidad, cada paso que ha dado la ciencia, cuando éste ha pasado del impacto inicial, ha abierto nuevas puertas a la reflexión en clave religiosa.

Hazte socio

También te puede gustar