Querían colgar a los capuchinos de El Pardo de los pinos y tirotearles

Entre los siete mártires nacidos un 10 de enero hay uno de los capuchinos de El Pardo y otro, asesinado en Madrid como una vicenciana y un salesiano

Siete mártires de la Revolución Española nacieron un 10 de enero: dos capuchinos, uno compostelano y otro salmantino; una hermanita de la Caridad madrileña (pero que trabajaba en Albacete) y un salesiano burgalés, asesinados todos en Madrid; un hospitalario catalán asesinado en Valencia; un marista burgalés mártir en Barcelona; y una monja de la Visitación guipuzcoana asesinada en Vallecas.
Defensor del sigilo sacramental
El primero de los sacerdotes capuchinos es Fernando (de Santiago) Olmedo Reguera, compostelano de 63 años, asesinado el 12 de agosto de 1936 y beatificado en Tarragona el 13 de octubre de 2013.Había profesado en 1901 y era sacerdote desde 1904, desempeñando en 1936 los cargos de definidor y secretario provincial. Al ser detenido, fue insultado, vejado, golpeado, preguntado por el sigilo sacramental, etc. Se le supone sometido a algún tipo de tribunal popular, y fusilado en torno al Cuartel de la Montaña.

Dejados en la estacada por los militares
Compañero suyo en religión y en la beatificación, pero casi tres décadas más joven, fue el sacerdote Juan Francisco (Alejandro de Sobradillo) Barahona Martín, de 34 años y natural de Sobradillo (Salamanca), asesinado solo tres días después. Era el superior del convento y seminario de El Pardo (Madrid), donde el coronel Carrascosa, del regimiento del transmisiones, según el relato de José Antonio Pozo de Miengo, les aseguró el 20 de julio que no les pasaría nada. Al día siguiente, el regimiento marchó hacia el Alto del León para pasarse a los nacionales.

A mediodía de ese 21 de julio, durante el almuerzo, ráfagas de un nutrido tiroteo atravesaron las ventanas del comedor, sembrando el pánico. 600 milicianos disparaban desde todos los ángulos con fusiles y ametralladoras. Los 130 seminaristas menores fueron llevados al Orfanato del pueblo, y más tarde unos a Valencia y otros a Francia.

Los milicianos de Madrid querían colgar a los religiosos de los pinos para rematarlos a tiros, pero lo impidieron los de El Pardo. Llevados primero al Orfanato, fueron encerrados luego en los calabozos del Regimiento, y ya anochecido del día 23 de julio, llevados en tres coches a la Dirección General de Seguridad de Madrid y hacinados en los sótanos con otros 600 hombres. Puestos en libertad, posteriormente tres serían asesinados en 1936 y otros tres en 1937. El primero fue el padre Alejandro, refugiado en casa de una familia piadosa, donde empleó el tiempo en oración casi continua. A causa de una denuncia fue detenido el 15 de agosto de 1936 y, a la mañana siguiente, su cadáver fue encontrado en una calle de Madrid con el rostro horriblemente desfigurado.

Rechazada por sus parientes y reconocida como monja en Vallecas
La hermanita de la Caridad Concepción Pérez Giral, madrileña de 49 años, era una de las tres Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl expulsadas el 25 de julio de la Casa de Misericordia de Albacete que se refugiaron en Madrid, en la portería de la Plaza de Olavide, 5, donde vivía el sobrino de una de ellas, sor Dolores Caro Martín, de 42 años.
La tercera monja era sor Andrea Calle González, de 32 años, que hasta 1930 había sido modista, y que sirvió, antes que en Albacete, en los hospitales psiquiátricos de Almería y Zaldívar (Vizcaya).

Según relata María Ángeles Infante Barrera, con el fin de descargar a la familia que les había acogido, sor Concepción pensó que podrían recibidas en casa de unos conocidos o parientes de su padre en Vallecas. Sor Dolores quiso dejarla en ese refugio y a fin de que no regresara sola la superiora, se ofreció para acompañarlas Sor Andrea. Sor Concepción no fue admitida por sus parientes, porque su condición de monja suponía un riesgo para ellos. En el entorno fueron reconocidas como monjas, abucheadas y vejadas, apresadas y por fin fusiladas por la espalda. Sor Concepción sufrió duras pruebas e interrogatorios en las horas de prisión, rechazó la oferta que se le hacía de renegar de su fe para salvar la vida y murió gritando “¡viva Cristo Rey!”. Las tres fueron beatificadas en Tarragona en 2013.

 

Fusilados por tener “pinta de frailes”
El postulante salesiano de la comunidad de Carabanchel Alto Higinio de Mata Díez, de 27 años y natural de Ubierna (Burgos) fue ejecutado en Madrid el 1 de octubre de 1936 junto con su primo Juan, de 33 años y trabajador de los salesianos de la Ronda de Atocha (ambos fueron beatificado en 2007). Con otros salesianos de Carabanchel Alto estuvieron en la pensión Loyola, de la calle Montera, 10. Luego marcharon a la pensión Nofuentes, en la calle Puebla, 17. Preguntando por una religiosa, se presentaron allí unos milicianos el 1 de octubre. Insatisfechos con la respuesta negativa dada por la dueña de la pensión, interrogaron a los presentes por la “pinta de frailes que tenían”. De nada sirvió que tanto Higinio como su primo Juan dijeran que no lo eran. Detenidos con el subdiácono salesiano Juan Pérez Rodríguez -fue novicio en Carabanchel de 1926 a 1933, cuando marchó a estudiar Teología en Turín, y en julio acababa de regresar tras finalizar el tercer curso-, salieron a la calle, fueron introducidos en un coche y nunca más se supo de ellos.

Avelino Martínez de Arenzana Candela, de 37 años y natural de Barcelona, llevaba solo dos años como religioso y fue uno de los hospitalarios asesinados en la playa de la Malvarrosa (Valencia) el 4 de octubre de 1936, como ya he relatado en este blog; y beatificados en Tarragona en 2013. Su caso hace patente que para ser beatificado como mártir no hacen falta alardes de entusiasmo en la confesión de la fe: de carácter apocado, no se mezcló en nada durante la dominación comunista, siendo esclavo de su trabajo. Siguió a los demás, sin abrir la boca.


Juan (Vivencio) Núñez Casado
, de 28 años y natural de Covarrubias (Burgos), fue uno de los maristas asesinados el 8 de octubre de 1936 en el cementerio de Montcada i Reixac (Barcelona) y beatificados en 2007, cuyo rescate se gastó Tarradellas en armas.

María Felicitas (María Cecilia) Cendoya y Arraquistain, de 26 años y natural de Azpeitia (Guipúzcoa) era monja de la Visitación de Santa María, en el Primer Monasterio de la Visitación de Madrid, fue ejecutada en el cementerio de Vallecas el 23 de noviembre de 1936, y beatificada en 1998.

Como ya se contó en este blog, era la salesa que salió huyendo en un primer fusilamiento, para después entregarse.
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