¿Quién es el Anticristo? (I)

El Anticristo será todo aquello que se opone a Jesucristo: el pecado y las estructuras de pecado

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En el Antiguo Testamento se usa varias veces la imagen del perseguidor de la fe que hace la guerra a los elegidos al Final de los Tiempos. Pero no es hasta el Nuevo Testamento cuando se le nombra “Anticristo”, porque es justamente en ese nuevo período que puede hablarse de un opositor a Cristo, puesto que con Él se abre el tiempo mesiánico: Jesucristo aparece ya como cabeza de la Iglesia, que es presentada como el nuevo pueblo elegido, ya no solo el pueblo israelita, sino aquel cuya comunicación con Dios es “en espíritu y en verdad”, como le explica Jesucristo a la samaritana al principio de su vida pública (Jn 4,23). Así es como el propio Mesías ya anunciado hacía siglos al pueblo de Israel se presenta a sí mismo como cabeza de la Iglesia, y para cuando Él falte, pone en sustitución suya al apóstol Pedro, a quien designa poco antes de anunciar por primera vez la Pasión (“Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la Tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la Tierra quedará desatado en el cielo”, Mt 16,18-19); ya antes, Pedro consta en algunas ocasiones como aquel que se dirige a Jesucristo como superior de los demás apóstoles, y a partir del nombramiento, todos ellos lo tratan como tal. Porque en todo lo humano es necesario una cabeza. Y es por eso que de Pedro salen “nuevos Pedros”, que llamamos Papa. De todo lo indicado, al hablar de qué o quién será el Anticristo, lo más lógico es pensar que es o será un cabeza de la persecución de la Iglesia, si bien esa idea no excluye que pueda hablarse al mismo tiempo del Anticristo como una imagen, que será todo aquello que se opone a Jesucristo: el pecado y las estructuras de pecado. En Ezequiel y Daniel se señala a un soberano que comanda a los impíos y los hace crecer en su impiedad, para con todo ello perseguir a los elegidos, se amplía el concepto en una Carta de san Pablo (2 Tes) y dos de san Juan (1 y 2 Jn), y se proclama con todo detalle en el Apocalipsis. Y queda claro en varios de los lugares indicados que eso se dará al Final de los Tiempos, período que la Biblia designa como el inmediato anterior a la segunda venida de Jesucristo, quien vendrá a restaurar la paz en un mundo que se habrá destruido a sí mismo. No es difícil imaginar que ese Final de los Tiempos profetizado sea el tiempo que estamos viviendo, en que se muestra cada vez más claro que el hombre está autodestruyéndose reiteradamente como consecuencia de colocarse en el lugar de Dios y de hacerse dios.

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