Reflexión de fin de año: Justicia, convivencia y dignidad

Todo tiempo es bueno para reafirmarnos en la dignidad en su propio ser, ontológica, de las personas y en su dignidad moral. Ahora, que quien más quien…

Todo tiempo es bueno para reafirmarnos en la dignidad en su propio ser, ontológica, de las personas y en su dignidad moral. Ahora, que quien más quien menos hacemos algún tipo de balance, puede ser ocasión estupenda para recordar que para construir una sólida y duradera convivencia, el respeto a la integridad personal de los demás es imprescindible.

Como decía Sócrates: “cualquier injusticia perjudica más a quien la comete que a quien la sufre”. Palabras fuertes y desconcertantes pero en las que vale la pena profundizar. Y es que urge, en nuestros días y siempre, exigir a los gobernantes y colaborar todos, para crear un clima de convivencia donde impere una verdadera justicia. También porque hemos de evitar la lesión moral y en la raíz de las personas, que fácilmente se pueden ver arrastradas a provocar esas acciones injustas, sometidas a estructuras de corrupción y de falta de libertad y/o conocimiento.

Pero, si seguimos un poco con la argumentación socrática, es preciso tener en cuenta que nadie puede realmente violar la dignidad de otra persona, aunque desgraciadamente sí puede vulnerarla. Cualquier atentado contra la dignidad de otra persona (un violador, un narcotraficante o un asesino) queda siempre en mero intento, porque la dignidad de la persona no puede ser quebrantada más que por uno mismo.

En los tres casos citados, la dignidad ontológica de las personas que cometen violaciones, asesinan o venden substancias nocivas y adictivas a otras personas, en realidad son ellas las que también quedan real y radicalmente perjudicadas por sus actos. Su ‘ser’ queda condicionado e influido de un modo destructivo, de manera que la persona que realiza estas acciones pierde dignidad como persona, aunque en ningún caso destruye su dignidad ya que es algo intrínseco en su ‘ser’ persona.

Es así que, quien con su obrar vulnera la dignidad de otros, en realidad se autodestruye como persona, ya que con ese mismo obrar, va en contra de lo que realmente significa ‘ser’ persona.

Y es que la dignidad ontológica no puede ser arrebatada por nada ni por nadie. Pero sí, como por desgracia vemos en ocasiones, la libertad y la voluntad puedan estar condicionadas por factores externos. No obstante, en ningún caso la libertad interior, la capacidad de ‘ser’ persona como tal, puede ser arrebatada por ningún factor externo.

No entendamos que esto es un consuelo ante situaciones de extrema injusticia, de las que podamos tener conocimiento e incluso padecer en algún momento de nuestra vida.

Me viene a la memoria el libro de Víctor E. Frankl: “El hombre en busca de sentido”, cuando explicaba en sus páginas que les habían privado de todas las libertades externas del hombre, en aquellos terribles campos de concentración nazis, pero había algo que nadie les podía arrebatar por más que quisieran: su vida interior, su imaginación, su capacidad de evadirse con sus pensamientos y que esa era la libertad más preciada que tenían los hombres privados de todo lo que a primera vista parece poseer la persona.

Esa libertad interior, libertad para pensar, para seguir siendo personas frente a esa situación tan cruel y adversa, les hacía continuar viviendo. Explicaba también el Dr. Frankl, la “muerte” de algunas personas antes de morir, la muerte de esas personas-verdugo que dejaban de ser personas al confundir la libertad externa con la libertad interna, ignoraban la libertad “in-irrebatible” interior. Nos habla de los hombres cadáveres, aquellos hombres que, incapaces de encontrarse a sí mismos, perdían día a día su vida.

Por eso, en lo referente a la dignidad moral, el lenguaje posee expresiones como “no seas animal”, “te comportas como un animal”, para referirse a acciones impropias de las personas, impropias de la elevada dignidad de la persona e incoherentes con su significado.

Es verdad que la persona puede autodestruirse con sus actos, puede disminuir su dignidad como persona; pero no deja de ser persona (ella reside en el ‘ser’) cuando actúa en contra de la propia dignidad o la dignidad de los demás. De ahí las posibilidades de recomenzar una nueva vida y de reinserción que una sociedad moderna es preciso que pueda ofrecer a todos.

Para acabar, recordemos que la dignidad moral de la persona se auto-construye con el propio obrar. Ese es el gran reto de la humanidad de ayer y de hoy. Esa es la gran esperanza. El hombre y la mujer se perfeccionan en la medida que intentan acercarse a la elevada dignidad de su propia persona y actúan como tal en cada una de sus obras.

Esta labor de cada uno, hace “fermentar” el ambiente llenándolo de humanidad. Es una tarea cotidiana, de paciente artesano, a menudo con pequeños y escondidos detalles de entrega y servicio a los demás. En todo caso, nos animaremos unos a otros a buscar prosperidad y paz, con plenitud de dignidad, mirando de tejas hacia arriba, con la alegría de sabernos íntimamente muy queridos.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>