Renovar el infierno

“Los tiempos han cambiado”, “Se necesitan nuevas maneras de hacer o no hacer las cosas que han caducado”

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Pertenecen a la federación escindida renovada de una antigua y prestigiosa orden de monjas de clausura. Las pocas integrantes de esa federación procuran por todos los medios no tocar el tema, y te esquivan cuando lo tocas tú. Pero se enfadan cuando alguien les dice que conoce a quien repite que otros dicen que las que no se han renovado son “las auténticas”: “¿¡Cuáles son ‘las auténticas’!?”, se pregunta a sí misma airada la superiora cuando le da la vena de hablar, con cierta rabia explícita, sin saber a quién conviene dar vuelo a ese tema. “Los tiempos han cambiado”, “Se necesitan nuevas maneras de hacer o no hacer las cosas que han caducado”, “Dios está inspirando nuevos estilos”, “Hay cosas que se hacían en los conventos de clausura que ya no tienen sentido y que son un escándalo en una sociedad como la actual, tan abierta”, “¡Gracias a Dios, las monjas de clausura no son lo que eran!”, “¡Eso se tiene que acabar!”, son perlas de la vida de oración que el Espíritu Santo, al parecer, está inspirando a las facciones renovadas de ciertas órdenes de clausura. Son pisos de solteras. Quizás por eso no tienen vocaciones, a lo que esas renovadas no parece que den más importancia: “Dios está abriendo nuevos caminos, y quizás no vienen jóvenes porque ya quiere otra cosa”, “Las otras dicen cuántas les entran, pero no dicen cuántas les salen”, se repiten con cierta ironía evidente ante la incuestionable realidad de que las no renovadas sí consiguen nuevas integrantes. Si así están las cosas en esos conventos y no consiguen nuevas vocaciones a pesar de haberse renovado, convendría sopesar si Dios lo que está pidiendo no es un menor rigor, sino todo lo contrario, o al menos una renovación interior a la hora de continuar fieles a la propia vocación; y, si parece que Dios inspira otra cosa, cambiar de orden, más que “renovarla”. Un indicativo claro de esa posibilidad es la voluntad que muestran esas renovadas de renovar no solo la propia orden, sino el universo dogmático de la religión católica, como queda claro cuando uno descubre también con pasmo que no creen ni en el demonio ni en el infierno; porque “Dios no puede querer que una persona se condene eternamente”, aseguran de manera tímidamente velada, a ver qué pensarás, y seguramente no demasiado convencida: “Dios no quiere hacer justicia, porque lo primero es la misericordia”. De manera que quizás lo que Dios está “inspirando” ahora sea que la Iglesia deje de ser Iglesia: ¿Cambiar lo que no gusta que haya dicho Jesucristo, para gustar? Por ese camino, la Iglesia se vaciará; sería ONG.

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One comment

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    Las monjas de “clausura”, son un elemento esencial, en la Iglesia Católica. Hace mucha falta en el mundo, que nos ha tocado vivir, alguien que de manera exclusiva rece lo màximo posible, por nosotros y por aquellos que aun no tienen Fe.¡ Seguro que Dios que no necesita a nadie!, ve con muy buenos ojos su oración.Muchas gracias y sigan “fieles” a su vocación.

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