Restos de bebés procedentes de abortos, quemados junto a basura para generar calefacción en hospitales británicos

Lo publicaba The Telegraph este lunes, 24 de marzo, con el siguiente titular: "Bebés abortados incinerados para calentar hospitales del Re…

Lo publicaba The Telegraph este lunes, 24 de marzo, con el siguiente titular: "Bebés abortados incinerados para calentar hospitales del Reino Unido". Según este rotativo británico, los cuerpos de miles de no nacidos que murieron en abortos fueron incinerados como desechos clínicos, y en algunos de ellos incluso se utilizaron como combustible biológico para la calefacción de hospitales.

La presentadora Amanda Holden, conocida jurado del reality Britain-‘s Got Talent, participó en un reportaje del programa televisivo Dispatches, de Channel 4 sobre lo que sucede en muchos casos con los restos de bebés que mueren antes del parto.

En ese reportaje, diez centros del Sistema Nacional de Salud (NHS) británico admitieron haber quemado los restos fetales junto a la basura de los hospitales, y dos de ellos utilizaron los cuerpos de los no nacidos en plantas de conversión de residuos en energía para abastecer de calefacción a sus locales.

"Totalmente inaceptable"

Ante el anuncio de la difusión de este documental, el Departamento de Salud británico emitió una prohibición inmediata sobre esta práctica que el ministro de Salud, Dan Poulter, ha considerado "totalmente inaceptable".

La investigación constata que al menos 15.500 restos fetales fueron incinerados por 27 organismos del NHS en los últimos dos años. El reportaje también denuncia que los padres que sufren la pérdida de un hijo por un aborto espontáneo en las primeras fases del embarazo son tratados a menudo sin compasión y no fueron consultados sobre lo que querían hacer con los restos mortales de sus hijos.

El hospital Addenbrooke de Cambridge, uno de los más importantes del país, incineró los restos de 797 bebés de menos de 13 semanas de gestación en su propia planta de conversión de residuos. A las madres les dijeron los restos de sus hijos habían sido "cremados".

Lo mismo ocurrió en el hospital de Ipswich, donde una instalación de conversión de residuos en energía, operada por un contratista privado, incineró 1.101 restos fetales entre 2011 y 2013. Estos restos procedían de otro hospital.

Ante estos hechos, parece incomprensible que se tenga que legislar expresamente para evitar que un acto tan inhumano se lleve a cabo. Aunque ha sucedido, no deja de ser una muestra de hasta qué punto la sociedad actual ha perdido el sentido de la ética: ha de legislar para evitar que se cometan este tipo de atrocidades, y en ocasiones admite como buenos actos reprobables desde el punto de vista ético simplemente porque están legislados.

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