Las siete causas de la crisis del PSOE

En 40 años de democracia no hemos sabido superar la dicotomía derecha-izquierda presentándose como amigos-enemigos. No aprendemos nada.

La crisis del Partido Socialista (PSOE) tiene múltiples causas que han ido fraguándose en los dos últimos años. Pero sin duda cuando un partido político entra en crisis, aquí y en todo el mundo, es cuando pierde las elecciones: los líderes una vez encumbrados y vitoreados antes de las elecciones cuando pierden son de paja, sus políticas erróneas, sus resultados malos y lo que hay que hacer es cambiar de líder, de políticas y prepararse para otra etapa.

Es lo que ha pasado en el PSOE. España, tras dos elecciones generales sin poder construir un gobierno con mayoría parlamentaria, y después de un año de impasse, se aboca a unas terceras elecciones, porque el día 31 de octubre si no hay gobierno se disolverán de nuevo las cámaras (Congreso y Senado).

A eso iba abocada la decisión de Pedro Sánchez, pues no había ninguna posibilidad de gobierno alternativo al del PP-Ciudadanos ni por parte del PSOE ni por parte de los supuestamente partidos aliados al PSOE. En el País Vasco, el escaño que acaba de perder el PNV complica más las cosas, pues ya no puede hacer gobierno con el PSOE. En definitiva, no suman.

¿Qué sería del PSOE en unas terceras elecciones? A Nadie se le escapa que seguiría perdiendo apoyos electorales y probablemente dejaría a Podemos la hegemonía de la izquierda. No se sabe. Los líderes son siempre vitoreados cuando ganan y abatidos cuando pierden.

Sánchez en estos dos años no ha sido capaz de recoger en torno al PSOE la confianza mínima de los electores para hacerle un partido de gobierno, apto para gobernar. El PP de Mariano Rajoy hizo un mal trabajo en su mayoría absoluta, pues no escuchó a nadie y ahí salieron los problemas de Catalunya y el “no es no” de los hombres de Sánchez.

Tampoco Sánchez ha hecho mucho para crearse amigos entre los militantes y dirigentes de las autonomías, y a medida que pasaban los meses iba perdiendo apoyos internos, empezando por la presidenta andaluza, Susana Díaz. Solo consiguió los apoyos de Catalunya (el PSC sigue siendo un partido “hermano”, pero distinto al PSOE), de Baleares y de los socialistas gallegos y vascos, porque los impuso el equipo de Sánchez.

En el PSOE, además, Sánchez ha desatado en la crisis un ruidoso apoyo de incondicionales y apasionados, que muchos lo ven peligroso, pues los partidos para tener poder deben ganar las elecciones, y si están en caída libre quiere decir que las cosas se han hecho mal y hay que hacer como mínimo una autocrítica. Que se lo digan al partido de la ex Convergència, que sabe mucho de perder y más perder, siendo hoy el cuarto partido catalán, si aguanta Ciudadanos de Inés Arrimadas.

El PSOE, al menos desde la recuperación de la democracia, ha sido un partido pactista y reformista. Es una socialdemocracia a la europea. Sin embargo, ya desde la época de Rodríguez Zapatero se inició una política de descalificación democrática de la derecha parlamentaria, lo que en la época de Pedro Sánchez se ha agudizado. Otra vez el país partido entre derechas e izquierdas, como en la época de la segunda República. Estimular una especie de populismo de izquierdas, tal  vez para quitarle el puesto a Podemos, no parece haber ganado el favor de los electores.

Otro aspecto negativo de esta crisis: el partido es de los militantes, dicen, al tiempo que califican de fascistas y golpistas a personas como Felipe González. Los militantes de los partidos suelen ser ciudadanos muy ideologizados, mientras que los votantes del partido son más pragmáticos.

¿Hay crisis ideológica? La socialdemocracia en Europa, sufre una crisis de identidad. Las políticas reformistas de antaño las ha aplicado la derecha, y hoy la diferencia entre los partidos de centro-derecha y los de centro-izquierda (socialdemócratas) tienen cada vez menos diferencias ideológicas, y además se han instalado en muchas ocasiones en una partidocracia, donde la adhesión al jefe es superior a la meritocracia.

Por último, hay que destacar la ruptura interna del partido, es espectáculo esperpéntico que ha dado públicamente a raíz de la crisis. Si Pedro Sánchez hubiera dimitido el 20 de diciembre pasado, al sacar los peores resultados de la historia, hoy tal vez el partido socialista estaría en mejores condiciones de ocupar un relevo al PP en el gobierno de España.

La primera derrota electoral del PSOE de Pedro Sánchez ya fue en las elecciones autonómicas y municipales del 2015, aunque se camufló por los pactos con Podemos donde el partido socialista ocupó más cuotas de poder de las que tenía antes. Ya entonces Sánchez rechazó cualquier pacto con el Partido Popular, a nivel municipal y autonómico, dando mucho poder a Podemos, con la esperanza de atraerlos hacia sus posiciones. No ha sido así, como se ha visto al cabo de un año y medio. Y este pacto, con Podemos, ha atado al PSOE que en estos momentos tiene mucha menos libertad de movimientos.

En definitiva, las siete causas que han llevado a la caída de Pedro Sánchez, han sido:

1)      La mayoría absoluta del PP que gestionó de modo muy autoritario Rajoy;

2)      La continuada pérdida de votos del PSOE, especialmente en favor de Podemos;

3)      Incitar al castigo y hasta odio a la derecha;

4)      Enrocarse en el poder tras sacar cada vez los peores resultados electorales desde mayo de 2015;

5)      No haber presentado políticas y alternativas, más que el “no” al PP;

6)      Haber hecho seguidismo de Podemos y mantener una política ambigua en relación a los independentismos,

7)      Desoír la voz de los votantes en favor exclusivamente de los militantes, considerados únicos propietarios del partido.

En 40 años de democracia no hemos sabido superar la dicotomía derecha-izquierda presentándose como amigos-enemigos. No aprendemos nada.

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