Sobre la escuela cristiana

Sin duda alguna, una de las aportaciones fundamentales que han nutrido a la Iglesia y a la propia sociedad civil ha sido la escuela cristiana, aquella…

Forum Libertas

Sin duda alguna, una de las aportaciones fundamentales que han nutrido a la Iglesia y a la propia sociedad civil ha sido la escuela cristiana, aquella que las distintas órdenes religiosas, cuya vocación las ha comprometido en este campo, han venido desempeñando. La escuela cristiana históricamente siempre ha sido vista con un cierto recelo, cuando no con animadversión, por el Estado. Es evidente que ha habido unos gobiernos más favorables y otros francamente contrarios, no sólo en España, sino en toda Europa. Pero se pueden contar como excepciones aquellos que la han valorado en términos positivos.

De hecho, el modelo que implícitamente promueve la escuela cristiana está estrechamente relacionado con el principio de subsidiariedad y con el derecho de los padres a elegir el centro escolar más acorde con su ideario. Sólo los gobiernos que tienen claros ambos principios han asumido a lo largo de la historia una actitud abiertamente favorable para la escuela cristiana, mientras que aquellos que ven la enseñanza como una prerrogativa del Estado, en el que éste es el sujeto y no el servidor de  los padres, han de chocar en mayor o menor medida con ella. Valga esta reflexión para dejar sentado que nunca se han atado perros con longanizas en este campo y que la escuela cristiana siempre ha tenido que bregar para que su papel no fuera desvirtuado o incluso liquidado. 

Ahora su atención se centra en dos puntos vitales. El primero es conseguir igual trato, en lo que se refiere a las aportaciones del Estado, que la denominada escuela publica, en realidad la que promueve directamente el propio Estado, porque la concertada también es en un determinado sentido pública, en cuanto nace de la organización de la propia sociedad. El segundo es mejorar su servicio a la sociedad integrando en mayor medida a grupos sociales como pueden ser los inmigrantes, aunque es obvio que la posibilidad de desempeñar esta labor pasa por la correcta resolución de su financiación.

Mientras los padres deban continuar financiando la diferencia entre coste real y aportación estatal, difícil es que pueda producirse esta mayor participación de sectores sociales que disponen de menores recursos económicos. Es lógico, dados los vientos que corren y la presión continuada de los gobiernos autonómicos socialistas para limitar, ahogar a la escuela concertada, que aquellos dos puntos sean objetivos prioritarios. Pero esta necesidad vital no debe distraer la atención de una evidencia: La misión que da sentido y especificidad a la escuela cristiana es la educación de la fe y en la fe, y esta finalidad no debe quedar desvirtuada por otras razones, por muy justificadas que sean.

Hazte socio

También te puede gustar