Solo el homosexualismo político defiende la ‘iniciación sexual’ de menores por adultos

La pedofilia es una lacra tristemente extendida en todo el mundo. Instituciones como la Iglesia se oponen firmemente y mantiene frentes abiertos en la…

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La pedofilia es una lacra tristemente extendida en todo el mundo. Instituciones como la Iglesia se oponen firmemente y mantiene frentes abiertos en la lucha contra la explotación sexual infantil. A pesar de eso, sectores interesados se ensañan con la Santa Sede por los casos de abusos de protagonizados por curas pederastas.

Sin embargo, precisamente uno de los sectores que alza constantemente su maquinaria contra la Iglesia, el homosexualismo político, es el único que ha razonado la pedofilia desde un punto de vista de iniciación sexual del niño.
En el hábitat homosexual encuentra cabida gran parte de la pederastia y se valen, entre otros argumentos, de episodios históricos como son algunos protagonizados por los griegos para justificar que la iniciación sexual de la mano de una persona adulta es positiva porque aporta experiencia y seguridad.
Esta corriente que encuentra cabida en la tendencia homosexual se basa en que si se admite la iniciación sexual de un menor por un adulto, se justifica el discurso homosexual. Es evidente que toda trasgresión tiene un discurso favorable y la pederastia no se queda al margen de esta tendencia.
Si se admite la educación sexual prematura se justifica el discurso homosexual de mantener relaciones sexuales con niños y el hábitat homosexual, consciente de ello, pone a funcionar su maquinaria para justificar algo que la Iglesia condena y contra lo que lucha.
El ‘adolescente maduro’ y el pederasta homosexual
Esta tendencia trata de justificarse sobre la idea del ‘adolescente maduro’ y en el hecho de darle prevalencias en la sociedad al adolescente-niño. El ‘adolescente maduro’ puede abortar, puede mantener relaciones sexuales a partir de los 13 años y tiene libre acceso a medios anticonceptivos y a la abortiva píldora del día después, con esto se justifica su ‘madurez sexual’ y, por lo tanto, se justifican relaciones de adultos con menores.
El profesor de la Facultad de Teología de Uruguay Néstor Martínez ponía el acento en que la Iglesia Católica es una institución que nunca se ha andado con ambages con el tema de la pederastia y siempre ha mostrado con firmeza su total rechazo, a pesar de eso la prensa se ensaña con la institución por los casos aislados de abusos protagonizados por miembros del clero. Sin embargo, Martínez señala como existen numerosas asociaciones que “defienden el ‘derecho’ de los pedófilos y de los menores de edad a tener relaciones sexuales entre ellos”.
El experto, señala además que a pesar de la justificación pedófila que voceran estas asociaciones, “no notamos en la prensa ninguna cruzada en contra de esas sociedades”, de hecho, subraya que “en realidad, si por la prensa fuera, no sabríamos de su existencia”.
Y es que la pedofilia está más aceptada de lo que parece, e incluso, mejor estratégicamente posicionada de lo que se cree. En el 2009, el ídolo de masas de la izquierda europea, Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes de mayo del 68 y hoy en día portavoz del Partido de Los Verdes en el Parlamento Europeo, al participar en un careo televisivo de la última campaña europea vio como el candidato de UDP, Bayrou, le recordaba su pasado pedófilo.
Al parecer, Cohn-Benedit había escritos textos autobiográficos sobre tocamientos y placeres cuando trabajaba como monitor en una guardería de Frankfurt. Lejos de retractarse, se criminalizó al candidato conservador por haber sacado el tema: ecocomunistas, gays, lesbianas y abortistas lanzaron una dura campaña contra Bayrou.
Otro ejemplo ya citado en ForumLibertas.com es el caso de Holanda que en 2006 legalizó un partido que pretendía como objetivo político legalizar la pederastia, el sexo con animales y la pornografía infantil. El partido se retiró al no conseguir las 400 firmas necesarias para acceder a los comicios.
¿Abusos pedófilos o, además, homosexuales?
Los desdeñables casos protagonizados por una mínima parte del clero más que abusos a niños, son casos de sexo homosexual con adolescentes. Tarcisio Bertone, refiriéndose a esos casos los vinculaba al homosexualismo al tratarse de curas homosexuales y no existir porcentualmente una significativa parte de casos de pedofilia dirigida a niñas en la Iglesia.
En Estados Unidos se considera delito, bajo el nombre de ‘pederastia’, la relación sexual de adultos con menores de edad, es decir, menores de 18 años. Los titulares de prensa se han llenado estos últimos meses de casos de ‘curas pedófilos’, pero al leer los artículos lo que más abunda son ejemplos donde un sacerdote homosexual es acusado de practicar sexo consensuado o no con chicos menores de edad, sobre todo de 16 y 17 años. Esto está penado por ejemplo en California, mientras que en Gran Bretaña el gobierno laborista de Tony Blair uso en su momento procedimientos legislativos especiales para conceder al lobby gay una vieja petición: bajar la edad legal de consentimiento al sexo homosexual hasta los 16 años. En España la edad legal es de 13 años.
Es decir, lo que la prensa titula impropiamente como ‘abusos de niños’, y lo que durante decenios se habría recogido como corrupción o seducción de un menor de edad, hoy en países de Europa occidental no es en absoluto delito.
Abusos a niños
El problema del abuso sexual a los niños es muy grave. Europa exporta millones de turistas cada año a Oriente: Tailandia cuenta con 300.000 niños en esta lamentable industria, la India 400.000, Filipinas 100.000, Sri Lanka 30.000. Desde 1990 la Iglesia católica se ha volcado especialmente en la lucha por estos niños. Así, la Oficina Católica Internacional de la Infancia mantiene una campaña permanente sobre este tema. Hasta 15 millones de niños en el mundo son explotados hoy por la prostitución y la pornografía, hoy más accesible que nunca y antesala de todo este comercio.
Mientras que los casos sucedidos en la Iglesia se magnifican y reciben un eco desmesurado en los medios de comunicación, otros casos lamentables, en cambio, pasan casi inadvertidos. El Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y la ONG Save the Children presentaron 1.500 declaraciones que detallaban abusos de cascos azules y cooperantes de hasta 40 ONG en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Las víctimas eran niñas de 13 a 17 años de campos de refugiados, con preferencia vírgenes para evitar el sida, coaccionadas a cambio de harina, sábanas, medicinas, etcétera.
La prensa esconde el factor homosexual
Los medios de comunicación esconden el hecho de que en la mayoría de los casos en la Iglesia eran curas homosexuales los que molestaban a adolescentes varones. John McCloskey, director del Catholic Information Center de Washington, explica que “éste es un problema de homosexuales activos dentro del clero, no un problema de pederastia. La prensa norteamericana no quiere reconocer esto. Muchos medios han estado propugnando que los Boy Scouts admitieran a homosexuales entre sus monitores. Además, la prensa y los católicos disidentes utilizan la conducta de una pequeña proporción del clero católico para atacar sin tregua al sacerdocio, a la jerarquía de la Iglesia, propugnar la abrogación del celibato sacerdotal y la ordenación de mujeres”.
Richard Cross, laico casado y doctor en psicología por la Universidad de Indiana, explicaba que "el abuso a menores por parte de heterosexuales es más común que el abuso por parte de homosexuales. Sin embargo, el porcentaje de heterosexuales que abusan es mucho menor que el de homosexuales que abusan. Cerca de un tercio de homosexuales tiene tendencias pederastas".
Hasta que no se quiera pasar por el filtro de la mesura y de la lógica, la pedofilia seguirá teniendo lugares donde campará a sus anchas. Es desdeñable que se utilice el sufrimiento de las víctimas de curas pedófilos para atacar a la Iglesia y utilizar su dolor para estigmatizar una institución que tanto lucha contra esta lacra.
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