Sor Lucía Caram y la mujer adúltera

Érase una vez una chica joven, inteligente e inquieta. Sus padres no sabían como controlarla y siempre hacía lo que le daba la ga…

Érase una vez una chica joven, inteligente e inquieta. Sus padres no sabían como controlarla y siempre hacía lo que le daba la gana. Iba de un lugar a otro sin que nadie pudiera pararla, haciendo y decidiendo a su antojo. Todo hasta que un día se enamoró de un chico joven y apuesto.

Ambos pasaron un corto e intenso noviazgo y decidieron casarse. El padre de la joven, al principio, no estuvo de acuerdo con la boda y advirtió a su hija que el matrimonio significaba compromiso, estar siempre con la misma persona y no fallarla, por contrarias y difíciles que fueran las situaciones. Matrimonio significaba ceder muchas veces ante su marido por amor, cosa que ella jamás había hecho con su padre ni su madre.

Pero la chica no quiso escuchar a su padre y decidió casarse con el muchacho por creer que este era el amor de su vida. Se propuso amarlo y serle fiel toda la vida hasta que la muerte los separara y se unión con él en sagrado matrimonio.

Al principio todo fue muy bonito. Ambos se amaban intensamente y la relación funcionó muy bien. Pero al cabo de poco tiempo el carácter de la chica salió otra vez a la luz. Empezó a ir a la suya sin tener en cuenta a su marido, ni siquiera consultarle.

Los años fueron pasando y el carácter de la chica, que ya no era tan chica, se agrió todavía más y dejó cada vez más de lado a su marido. Pasaba tantas horas fuera de casa que ya ambos casi ni se veían y ni mucho menos hablaban.

Un día la mujer conoció a otro apuesto y joven chico. Y quedó tan maravillada que, sin dudarlo, se fue con él engañando a su marido.

La infidelidad y sor Lucía Caram

La ya mujer, pese a las advertencias de su padre, no consiguió mantenerse fiel a su marido. Igual que no lo es sor Lucía Caram con el suyo: Jesucristo y su Iglesia.

Sor Lucía Caram en Cuatro

Sor Lucía Caram, monja en teoría de clausura pero que sale cada día de su convento, ha dejado de ser fiel a la Iglesia y la engaña con otro hombre: la fama y los platós de televisión. Y la engaña porque no la obedece. Tal y como ha conocido de primera mano el escritor de este blog, sor Lucía Caram no obedece a su obispo, que es su superior. Una obediencia que es requerida a toda persona que hace los votos monacales: “pobreza, castidad y OBEDIENCIA”. Un voto que sor Lucía parece haber olvidado.

Como dice ella misma en el vídeo que hay a continuación (minuto 3:40 en adelante), sor Lucía"pasa olímpicamente" de lo que le dicen sus superiores.En la Iglesia la obediencia es fundamental. Los apóstoles obedecían siempre a Jesús y Jesús obedeció siempre a su Padre, hasta dar la vida por nosotros. La obediencia en la Iglesia no es una obediencia sin más, como la obediencia de un soldado a un general, sino que parte de una relación de amor. Jesús obedece a su Padre por amor a él y la Verdad. De igual modo que sor Lucía debería obedecer a la Iglesia, por amor a ella, y por respeto a lo que un día prometió.

Lucía Caram no es fiel a su marido, ni siquiera lo tiene en cuenta en su vida cotidiana. No le consulta lo que va a hacer o dejar de hacer y si este no está de acuerdo, sor Lucía ni siquiera tiene en cuenta su consideración. Eso sí, casi cada día sale por televisión a decir lo que le parece. Espetando incluso afirmaciones que van en contra de la Doctrina Social de la Iglesia.

Ojalá la protagonista de nuestro minicuento se dé cuenta de que ser infiel a su marido no está bien. Ojalá sor Lucía lea esto y entienda la importancia de la obediencia a la Iglesia, fundamental en la vocación a la que parece que Dios le ha llamado. Quizá empezando a obedecer dejará de ser atractiva para lo medios. Pero lo que es seguro es que será más atractiva para su marido: para Jesús y para su Iglesia. Mucho más importante que salir en televisión.

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