¿Qué sucede entre el Cristianismo y Europa?

Ilustración, mayo del 68 y cultura de la desvinculación: un marco de referencia adverso para la experiencia cristiana.

(Por su interés, adjuntamos a continuación la conferencia dictada por Josep Miró i Ardèvol en la Basílica de la Concepción el día 28 de enero de 2018)

  1. Un hecho histórico insuficientemente valorado y no bien asumido. La cuestión del Tratado Constitucional de la Unión Europea aprobado en 2003 y el debate sobre la exclusión a toda referencia a las raíces cristianas de Europa.
  2. Referencia a la Convención de Cristianos por Europa que presidí. http://e-cristians.cat/3489-convencion-de-cristianos-por-europa-el-exito-del-encuentro-religioso-internacional-de-barcelona/
  3. Un texto constitucional contradictorio que establece unos contenidos en buena parte nacidos de la concepción cristiana, no solo por el reconocimiento de las Iglesias (artículo 51) sino por la mayoría de conceptos que lo conforman: de la subsidiariedad a la democracia participativa, o la manera de abordar la solidaridad entre otros.
    • Y es que nuestra cultura y el sistema jurídico y constitucional se nutre de las fuentes cristianas traducidas a un lenguaje secular. Ignorar su procedencia es cegar las fuentes al conocimiento que las hace posibles.
    • Pero a pesar de esta realidad, se ha producido la negativa cerrada a que figurara cualquier referencia a la citada cristiana. Especialmente por Francia de la mano de Giscard d’Estaigne, y los otros países nórdicos. Especialmente favorables eran Italia, Portugal, Holanda, y Polonia.
    • Para evidenciar el grado de sectarismo solo es necesario recordar la versión inicial del Preámbulo, que establecía que “las herencias culturales, religiosas y humanistas de Europa” son las “civilizaciones helénica y romana” y “las corrientes filosóficas de la Luz”. Esto era Europa, nada más, como si entre los siglos III y XVIII no hubiera existido nada. Como si entre el edicto de Galieno el año 260 dC y el siglo XVIII no se hubiera producido el surgimiento de una nueva cultura que da la especialidad del denominador común europeo: el cristianismo. Este hecho es tan obvio, que tiene una clara expresión física: allí donde terminan los campanarios, finaliza Europa.
    • Pero no se trata solo del pasado porque el cristianismo sigue vivo y actuando, de tal manera que es el que impulsa el último gran renacimiento europeo (no solo él pero sí fundamentalmente él). Es el proceso de reconciliación y reconstrucción que a partir de la derrota de la II Guerra Mundial (y la trágica postguerra, hasta casi 1945), transforma la devastación en el mejor sistema de bienestar y libertades del mundo. Cuatro nombres, todos ellos cristianos, lo lideran y caracterizan: Schuman, Monet, De Gasperi y Adenauer, los dos primeros en proceso de beatificación. Ellos son los constructores de lo que después sería la Unión Europea, los que abrieron el camino ligando los grandes ideales que llevaron la concordia a Europa, con avances concretos que aportaban beneficios específicos a los ciudadanos; la CECA, la Euratom, el mercado agrícola común, que culminó con el Tratado de Roma de 1957 y la Comunidad Económica Europea.
    • El estado de bienestar en su expresión de la economía social de mercado, surge de la conjunción del ordoliberalismo alemán, y la doctrina social de la iglesia.
    • La Unión actual ha perdido por el camino los ideales porque ha perdido las raíces que los nutrían y esta es la razón principal de su crisis, generadora de euroescepticismo.
    • La fuente principal, el weltanschauung cristiano, que alimentaba el contenido institucional, está censurada. Mal podía entonces ser la Constitución un instrumento que uniera a los europeos, porque nacía marcada por el prejuicio ideológico.
    • El Jacques Santer, expresidente de la Comunidad Europea, lo formulaba en estos términos: “¿Cuál es nuestro modelo de Sociedad? ¿Cuáles son los valores comunes sobre los cuales está fundamentada? Está inspirada por el humanismo fundamental, por la herencia judeocristiana. Esto debe reflejarse en la declaración de los derechos fundamentales”. No fue así.
  4. Aquel hecho y la situación actual son consecuencia de una dinámica histórica que tiene tres transformaciones fundamentales. La ilustración, el “mayo del 68” como referencia simbólica de un nuevo planteamiento, y la cultura de la desvinculación que es su máxima expresión actual, y que también denominamos imprecisamente postmodernidad o, incluso, sociedad líquida (Zygmunt Bauman).
  5. La Ilustración, aquella parte de ella, especialmente francesa, ve la religión católica como la gran rémora para el progreso, considera que la sociedad debe ser guiada solo por la razón pura, rechazando todo apriorismo religioso y moral, toda consideración teleológica. Solo la razón forjada en un debate guiado por ella puede conducir a la justicia, la paz y el bienestar. En este planteamiento, la tradición y no solo la religión es el gran adversario a batir. Cabe remarcar aquí, de manera evidente, pero necesaria porque muchas veces se obvia. Es evidente que el siglo XVIII no trajo la razón a Europa, porque esta hacía milenios que existía; ¿qué es sino lo que expresan Platón y Aristóteles? ¿Qué expresa sino la obra filosófica de San Tomás de la que tantos filósofos y juristas de la contemporaneidad son herederos?
  6. Lo que se trata es la substitución de un tipo de razón, la objetiva, en la que la reflexión personal se sitúa en un marco previo y superior dentro del cual el razonamiento personal encuentra su máxima significación y sentido a la vida, por la razón instrumental, concebida por miríadas de subjetividades, y que dependen del procedimiento -el medio- para determinarlas. En esta transformación radical la idea de verdad se ve fuertemente afectada, porque hay tantas como personas, de manera que la verdad se transforma en preferencia. Las consecuencias no terribles, pero el hecho es que vivimos dentro de esta lógica. Incluso en este apunte breve se percibe claramente que la iglesia es fuertemente contracultural, está fuera del establishment cultural, por tanto político, y social, fuera de la corriente principal, el mainstream de nuestro tiempo.
  7. El problema grave es que buena parte de la misma iglesia no tiene conciencia de tal evidencia, y otra parte, aun viéndolo, vive como si no fuera así.
  8. De hecho todas las grandes culturas parten de un marco de razón objetiva, la mayoría salida de una relación religiosa con el ser fundamental de la existencia, para utilizar el concepto de Zubiri, o en todo caso una razón superior y transcendente, como en el budismo y el confucianismo. El marxismo es el intento de formular un marco de razón objetiva sin transcendencia espiritual, estrictamente materialista. Solo la cultura surgida de la evolución ilustrada se escapa de esta norma generando el imperio de la subjetividad, que tiene como concepción la razón instrumental, y como medio para identificar la verdad, el bien, y la necesidad, el procedimiento. El principal procedimiento para asignar valor es el mercado.
    • Pero aquella pretensión de la Ilustración que por medio del debate racional guiado por la razón instrumental basada en la subjetividad y suprimiendo toda razón religiosa se conseguirá el progreso, ha resultado falsa. Por un lado el debate guiado por la subjetividad sin límites resulta interminable. La situación política actual, y el “ruido” en la comunicación lo testifican. El resultado es la incapacidad para resolver los grandes problemas que se acumulan irresueltos, mientras el nuevo hace olvidar, que no desaparecer, al precedente.
    • Fue Nietzsche quien hizo evidente que no es posible una razón libre de las “máscaras morales”, como lo evidencia la moral estricta de lo que hoy denominamos políticamente correcto. Alasdair MacIryre, uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo compartía el diagnóstico genealógico de Nietzsche, pero discrepaba sobre que la respuesta radicara en la irracionalidad, y el individualismo más extremo. MacIntyrre situaba la respuesta en el repensar el valor y significado de la tradición.
    • La validez del modelo ilustrado, quedó obsoleto cuando el segundo modelo, el modelo Genealógico, impulsado sobre todo por Nietzsche en el siglo XIX, descubrió las apologías del liberalismo y demostró que el proyecto de una razón enciclopédica, libre de cualquier dogma moral y cultural, era simplemente imposible. Solo existía la razón instrumental, desvinculada de cualquier vínculo moral, de toda apelación colectiva o universal, incluida la propia idea de la racionalidad ilustrada.
    • Vistos los problemas de los dos modelos, MacIntyre opta por el modelo tradicional que, según su juicio, “permite una combinación harmoniosa de la razón dentro de una tradición, la tradición cultural de Occidente, en que esta razón cobra total significación” (MacIntyre, 1991: 375). La Tradición no desmiente la Razón ni cae en el irracionalismo, tal como afirman respectivamente el liberalismo y el genealogismo, sino que integra la Razón dentro de un orden de interpretación más amplio, que concibe a las personas como “Animales racionales dependientes” (MacIntyre, 1999).
    • La Tradición describe “la predisposición que ayuda a los sujetos a calificar apropiadamente alguna cosa como buena o mala” (MacIntyre, 1981:152). Es dinámica, no estática porque siempre se ve cuestionada por los debates internos fruto de su interpretación, y por la competencia con otras tradiciones. La Tradición se mantiene siempre que no se alteren los acuerdos fundamentales de los que parte.
    • Alasdair MacIntyre. Dos libros a leer: “Tras la Virtud” y “Tres Versiones Rivales de la Ética”.
  9. La Ilustración comporta en gran medida el Laicismo. La razón entendida como única explicación da lugar a un pensamiento cientista, y ateo: el laicismo de la exclusión religiosa, no entendido como neutralidad de las instituciones públicas sino como expulsión del hecho religioso de la vida pública. Es un asunto privado, a pesar de que la religión es necesariamente un hecho colectivo y público; el pueblo de Dios. El resultado es que el laicismo se transforma en religión del estado, en una fe colectiva.
  10. Mayo 68. Tiene muchas versiones. La europea occidental con epicentro en París, pero también en la Europa del este contra la URSS y el sistema comunista; en EUA contra la guerra de Vietnam, y en México contra el régimen del PRI. Son muy diferentes, con un denominador común: la crítica al poder establecido. El problema para Europa es que esta rebelión va en contra de todo aquello que dió a Europa los mejores años.
    • Los “treinta gloriosos años” (1945-1975) cambiaron el curso de la historia después del siglo más sangriento, el de la destrucción y desorden europeo, que el título de un libro expresa tan bien: “Descenso a los infiernos: Europa 1914-1947”. A pesar de la Guerra Fría, a la confrontación Estados Unidos-Unión Soviética, a múltiples guerras regionales (Corea, Vietnam), a los dolorosos procesos de descolonización en África y Asia, los “treinta gloriosos” construyeron un nuevo punto de partida. Para Europa Occidental, Estados Unidos, e incluso toda América Latina. Fueron los mejores años del siglo, incluso en sus zigzags y recaídas y regresiones políticas. El estado social de derecho, el Estado del bienestar se convirtió en el nuevo paradigma universal, a los pies del cual se rindieron a finales de los años 80 la URSS y sus países satélites.
    • El Mayo 68 en Occidente surgió como una protesta política y cultural presentada como una nueva forma de vivir. A pesar de que políticamente fue un fracaso; ni cambió gobiernos, ni aproximó la izquierda a los gobiernos, fue un éxito cultural y sobre las costumbres morales. Tanto que hoy vivimos bajo sus presupuestos, basados en la transformación del ocio y el sexo en categorías políticas, que han terminado situando en segundo plano las categorías políticas y económicas fundamentales. Por ejemplo, cuando hoy se escribe sobre desigualdad, se refiere mayoritariamente al hombre y a la mujer y a los GLBTI, mucho más que a la desigualdad económica. La solidaridad de clase ha dejado paso a la solidaridad de identidad sexual, que deja intocada la distribución de las ganancias de la productividad y las causas del poder económico; no interesa tanto la distribución entre capital y trabajo, sino entre hombres y mujeres dentro de una misma categoría. Los grandes poderes económicos del mundo aplauden entusiasmados esta nueva e inofensiva –por el capital- lucha, mientras las izquierda, insólitamente las izquierdas, insólitamente también la consagran como el gran tema de hoy. Y entendámonos, no se trata de negar el derecho elemental de a igual trabajo, igual salario, sino de descalificar la guerra de sexos que en su nombre se han construido difuminando la raíz de la injusticia social.
    • Como define Carlos Granés en “El Puño Invisible”. Los movimientos de Mayo 68, transitaron del radicalismo revolucionario a la banalidad, de la revolución al espectáculo y al entretenimiento, de la voluntad extrema de ser auténtico al subjetivismo ineducado, del individualismo libertario al hedonismo egoísta, de la liberación sexual al sálvese quien pueda. Quien quiera ver un ejemplo condensado de esta mentalidad lo tiene muy al alcance, solo debe visionar TV3. Todo aquel tránsito que ha podido producirse a expensas del estado del bienestar parasitándolo, y provocando una crisis que si se prolonga, será terminal.
      • ¿Cómo Europa puede suportar sus elevadas prestaciones y su envejecimiento por falta de natalidad? ¿Cómo hacer frente a la generación del baby boom antes fuerza de trabajo, y mañana inyección masiva de jubilados, con la explosión de los divorcios que conducen a una sociedad de ancianos dependientes, y que vive en soledad?
  1. La cultura de la desvinculación es la expresión actual de toda aquella dinámica, y significa la desaparición de la razón en el plantón de la postmodernidad, y la eclosión del emotivismo como guía de la vida social, y la realización personal para la satisfacción del deseo. La cultura de la desvinculación convierte la satisfacción del deseo en el centro de la realización humana, y genera en el ámbito público las políticas del deseo. La desvinculación se configura a partir de la hegemonía de un principio: la realización personal solo se consigue por la satisfacción del impulso del deseo, por encima de cualquier otra causa y razón. Ningún compromiso personal, o comunitario, ley, norma, tradición, derecho consuetudinario, costumbre, ningún vínculo en definitiva, incluidos el deber y el amor, pueden limitarla, porque en ella radica el hiperbien de la vida humana. Es la cupiditas, la concupiscencia, el deseo de posesión en disfrute propio, que se apodera de la vida social y de la educación. Es la raíz común de nuestros problemas, de su acumulación y falta de soluciones.
    • Como escribe Hobsbawm en “Un Tiempo de Rupturas”: “El único objeto de experiencia es “mi satisfacción” se logre como se logre: por decirlo en las palabras de Jeremy Bentham (o más bien en las de Stuart Mill), el ‘push-in’ (una especie de juego infantil) es tan bueno como la poesía”.
    • La desvinculación ha dado pie a unas grandes rupturas. Las grandes rupturas. 1) La ruptura básica, la matriz que desencadena las otras, es la ruptura de la relación con Dios, y el laicismo de la exclusión cristiana que desencadena. 2) La ruptura antropológica, es decir con la condición humana y que tiene dos dimensiones, la biotecnológica, y la cultural con la perspectiva de género GLBTI. El aborto y la eutanasia son los percusores de esta ruptura. Una consecuencia vital es la destrucción de la familia y con ella de todas las funciones de bienestar y crecimiento económico que lleva a cabo. 3) De la ruptura cultural a la transgresión como business. La destrucción del canon y el sentido de la belleza, el mercado y la provocación los substituyen. 4) La pérdida de solidaridad entre las generaciones: pensiones, crisis ambiental, endeudamiento lo manifiestan. 5) La injusticia social manifiesta: el crecimiento de la desigualdad excesiva. La paradoja que da la combinación de solidaridad e injusticia social: Soros es uno de sus máximos exponentes. La perspectiva de género dificulta la visión del problema. 6) La ruptura política, la desvinculación de las elites. La crisis de las instituciones. Como manifiesta Ezio Mauro, director del periódico “La Repubblica”: “Descubrimos que profesar la democracia en las formas y en las instituciones no nos protege y que, por tanto, con esto no basta. La democracia no tiene suficiente consigo misma”. Y añado, porque faltan las condiciones prepolíticas a las cuales se refería el cardenal Ratzinguer en su diálogo con Habermas el 19 de enero del 2004 sobre los ”Fundamentos prepolíticos del Estado democrático de derecho, desde las fuentes de la razón y de la fe”.
    • Es la sociedad de la anomia, aquella que como define Emile Durkheim se caracteriza por la inadecuación de las normas y la incapacidad de las instituciones, de tal manera que no puede proporcionar a sus ciudadanos aquello que les es necesario para conseguir las metas que la misma sociedad les reclama.
  2. En esta dinámica y escenario europeo está el caso singular de Cataluña, porque vive la transformación de una forma acelerada intensa y extensa. La cultura de la desvinculación es ampliamente hegemónica en Cataluña, y ha incidido de una forma poderosa sobre el cristianismo y la Iglesia, más que en ningún otro país de raíz católica, junto con Bélgica. Es el único país de Europa donde todavía no se ha construido una respuesta alternativa a aquella cultura, ni en el plano religioso-meramente defensivo, o elusivo-cultural y política.
  3. Las consecuencias.
    • La pérdida de la memoria y la herencia, junto con una especie de práctica agnosticista, el retorno al agnosticismo, de las supersticiones, van de la mano de la indiferencia religiosa; para afrontar el futuro, expresado en el vacío interior y la pérdida del sentido de la vida de muchos ciudadanos.
    • La disminución de la tasa de natalidad, la resistencia y rechazo para contraer compromisos y tomar decisiones definitivas; la fragmentación de la existencia, que conduce a la soledad, las divisiones, crisis familiares, conflictos políticos, y superindividualismo, indiferencia ética y a la vez censura inflexible que practica lo políticamente correcto.
    • Y es que como decía San Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor: “Si no hay una verdad definitiva -que guie y oriente-, entonces ideas y convicciones humanas se pueden manipular fácilmente a efectos de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible u oculto, como lo demuestra la historia” (Vs. 101).
    • A quién puede extrañar que surja la palabra de moda: la postverdad. La mentira ha existido siempre, pero su definición era clara. Mentir era traicionar la realidad, y esta podía definirse porque existía la idea de la Verdad; la libertad era la condición necesaria para su búsqueda. Todo esto está finito. La Verdad no se puede buscar porque no existe; existen “verdades” tantas como subjetividades en presencia (y de aquí la importancia del poder para imponer una). La libertad ya no se relaciona con la libertad sino con la multiplicidad de opciones que satisfagan nuestros deseos, con independencia de su calidad, porque el canon, una forma de aproximarse a una determinada verdad, no puede existir; ni siquiera hay un modelo de familia canónica, todas son iguales, a pesar de que sólo un modelo proporciona bienestar y progreso económico a la sociedad.
    • Como no existe una verdad, no hay una sola realidad. Esta es la causa de la postverdad, es la consecuencia implacable de la cultura dominante. Es inevitable. No es Trump el inventor, sino que es la cosecha de la siembra de la sociedad desvinculada surgida de la transformación de la razón ilustrada.
    • La cultura de la desvinculación es sobretodo un problema de Europa occidental y de Estados Unidos, especialmente de Cataluña y España. Otros países pagan los costes de la desvinculación con un exceso de productividad; en el nuestro esto no es posible y su combinación con bajos salarios, paro, y envejecimiento es letal a medio plazo. Y es que el carnaval cuando dura todo el año se paga.
    • La gran respuesta de Juan Pablo II y Benedicto XVI Ecclesia in Europa, Cristis Fidelis Laicis, Fides et Ratió.
      • Son muy actuales las palabras de Juan Pablo II, en Santiago de Compostela en el año 1982, dirigidas a Europa: “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de respeto a las otras religiones y en las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Todo un proyecto, todo un programa.
      • Juan Pablo II ha afirmado que: “Reconocer un hecho histórico innegable no significa en absoluto ignorar la exigencia moderna de una justa condición laica de los Estados y, por tanto, de Europa”.
      • “Para construir Europa sobre bases sólidas, debe apuntalar los valores auténticos, que se basan en la Ley moral universal inscrita en el corazón de cada hombre” (116 EUA).
      • Toda esta respuesta para Europa es a su vez la respuesta urgente para Cataluña.
  1. Para darla, nuestra iglesia debe rechazar la vía  seguida por la mayor parte de las iglesias (luterana, calvinista, y anglicana); cambiar los acuerdos fundamentales para acercarse al mundo, con el resultado de los templos vacíos, y la reducción del cristianismo a un difuso ambiente moral.
    • La única vía es la de la fidelidad a los acuerdos fundamentales de la iglesia y la capacidad de transmitirlo en el mundo de hoy. El esfuerzo está en esta transmisión, que incluye la belleza, el lenguaje, y los instrumentos necesarios. Debe rehuir un lenguaje forjado en una especie de corporativismo de palabras codificadas, y dotarlo de la frescura y claridad de las fuentes evangélicas.
    • La respuesta tiene dos nombres: evangelización y proyecto cultural para la sociedad secular. Militancia o extinción: reinterpretar el papel de los cristianos en el Imperio Romano.

 

Y porque de lo que hablo no es de sociología, ni de política sino de la realidad iluminada por la fe, creo que lo más adecuado es terminar, con las palabras con las cuales acaba la exhortación Ekklesia a Europa:

¡María, madre de la esperanza,

camina con nosotros!

enséñanos a proclamar Dios;

ayúdanos a dar testimonio de Jesús,

el único Salvador”.

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