Tesis para reflexionar en vacaciones (II)

  1. La cultura desvinculada ha dado lugar a las grandes rupturas históricas que, por acumulación, desmenuzan personas y sociedades.
  2. La ruptura cultural ha destruido la tradición cultural y ha truncado las fuentes, dejando al ser humano sin ninguna perspectiva sólida y, por tanto, sin horizonte de sentido más allá de sus impulsos individuales.
  3. La concepción cultural hegemónica que ha transformado el sentido de la libertad que, de algo necesario para la búsqueda de la verdad, se ha convertido en una simple multiplicación de opciones, prescindiendo de todo criterio de veracidad. De la libertad para buscar el bien a la libertad medida como multiplicidad de opciones, cuanto más mejor, prescindiendo de su calidad.
  4. La ruptura cultural estimulada por la única ley del mercado ha transformado la transgresión en canon, al tiempo que mantiene la pretensión de vanguardia cultural en una contradicción imposible. No tenemos cánones y, tampoco, vanguardias reales. La culminación de esta lógica es la cultura basura que ha estallado en la TV. Nunca hemos tenido tantos vectores para hacer cultura, y nunca ésta ha presentado una relación más baja entre la calidad y la cantidad producida.
  5. En el ámbito social las rupturas con el derecho consuetudinario y la tradición, que han sido declaradas sin valor, y la degradación de las instituciones valiosas socialmente insustituibles, han contribuido a las concepciones adánicas creacionistas en las que todo empieza en el momento que el nuevo sujeto lo considera; todo empieza con él; todo empieza con cada uno. La superficialidad ligada a un esfuerzo extraordinario condenado al fracaso son las consecuencias de esta cultura, que también se refleja en la legislación, y tiene consecuencias demoledoras para el buen funcionamiento de las instituciones públicas y sociales.
  6. La ruptura ha dañado gravemente las instituciones del núcleo central de la sociedad: matrimonio, paternidad y maternidad, filiación, fraternidad y parentesco. Las que pertenecen a un segundo nivel, escuela, iglesia, trabajo y empresa, y las de tercer nivel, las asociaciones, progresivamente sustituidas por la actividad mercantil, el ocio como producto de consumo y el asociacionismo de beneficio personal.
  7. La crisis económica es la concreción largamente anunciada de una economía desvinculada, de las empresas, los trabajadores, incluso de la producción real. La economía al servicio del deseo de la ganancia infinita, del hiperconsumo sin elementos moderadores, ni restricciones. Las finanzas convertidas en sistema global de especulación, el hiperendeudamiento de familias, empresas y estado, como forma de vida. La cupiditas, la concupiscencia; esto es, el sentido de posesión como razón de vida.
  8. La sociedad de la desvinculación ha comportado la generación de las políticas del deseo, hasta el extremo insólito de que los poderes públicos se dediquen a desarrollar políticas relacionadas con la búsqueda de placer sexual. Precisamente son los jóvenes y adolescentes los principales objetos de esta nueva orientación.
  9. La desvinculación ética surgida de la inexistencia del bien y de la verdad como razón objetiva, conlleva la negación u oscurecimiento de la idea del bien y de la verdad en cada persona y, por tanto, en la sociedad; es el relativismo, proclamado panacea de la convivencia, cuando en realidad sólo promueve la incomunicación en ignorar que el fundamento de la relación no es la relativización de los valores, sino al contrario, convertir el respeto, la amistad civil aristotélica, en un valor fuerte de la comunidad a partir de la pluralidad de puntos de vista. Lo constata como la continuada apelación al relativismo de los valores fundamentales, ha derivado en una dialéctica “amigo-enemigo” en cuestiones políticas contingentes, y la desaparición de la buena educación y el respeto, como muestran, a manos llenas, las redes sociales de Internet.
  10. La ruptura religiosa surge del rechazo a la norma objetiva, externa, que afirma un Bien superior y diferente, que pone límites a los deseos de dinero, sexo y poder. Esta idea de Dios y la fe que determina, ha sido sustituida por el subjetivismo desatado que da lugar a la religión a la carta como un producto de consumo más, sin esfuerzo, ni riesgo, y que se amolda a nuestros deseos.
  11. La supresión del vínculo con Dios, fundamento de la fe religiosa, ha determinado la destrucción del proceso formador de la conciencia en la gran masa de la población.
  12. La ruptura antropológica, sin compromiso religioso ni ético es la mayor amenaza de nuestro tiempo, impulsada por el cientismo y el mercado y que se concreta en el transhumanismo. La genética que hace posible que la esencia física del ser humano sea transformada en un objeto patentable, un motivo de gran negocio. El aborto a gran escala concebido como factor de liberación de la mujer. La voluntad de superar más allá de lo razonable las limitaciones de nuestra corporeidad. Todo lo que puede hacerse, debe hacerse, son consecuencias de esta ruptura que está construyendo la fuente máxima de desigualdad entre los humanos: la que supone la alianza entre el dinero, la tecnología y la genética. Gattaca y Blade Runner son sus relatos homéricos avant la lettre.
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