¿La transexualidad es una cuestión ideológica?

Tenía razón Marx cuando señalaba a la familia natural como enemigo a destruir si se quiere cambiar desde la raíz la conciencia de la sociedad

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La cuestión radica en discernir si el problema de la transexualidad debe reducirse a una cuestión ideológica.

Desde el punto de vista clínico, en mayo de 2013, en la última versión del DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) de la Asociación Americana de Psiquiatría se cambió la consideración del trastorno de identidad sexual por disforia de género. Sin embargo, desde mucho antes –en 2007– militantes del colectivo LGTBI incluyeron en su agenda política lograr la despatologización de la transexualidad. En España cerca de 100 asociaciones lo han suscrito.

Tenía razón Marx cuando señalaba a la familia natural como enemigo a destruir si se quiere cambiar desde la raíz la conciencia de la sociedad. Tal objetivo fue asumido por el movimiento feminista de los años 60 y por los activistas LGTBI pocos años después. En España, las recientes leyes sobre la identidad sexual en diferentes comunidades autónomas no responden sino a un proyecto ideológico. En nombre de algo justo (la no discriminación de personas con una orientación o identidad sexual diferente) estas leyes intentan imponer la aceptación de su particular percepción de la afectividad y de la sexualidad. En ellas, se llega a considerar incitación al odio toda expresión que no haga suyos los principios de la ideología de género.

Sin embargo, ¿todo se reduce a la ideología? Pienso que este diagnóstico no tiene en cuenta todos los factores de la realidad: no tiene en cuenta el rostro de las personas, su historia concreta.

Para empezar, el problema de la transexualidad tiene que ver más con la autoestima que con la identidad sexual. Son muy pocos los adultos que se han arrepentido después de una cirugía de “reasignación de sexo”. Sin embargo, la mayoría de ellos no han resuelto la inestabilidad emocional que les llevó a esa decisión. Y este es un dato preocupante que se oculta.

Por si fuera poco, la apreciación subjetiva de la identidad sexual es también problemática, pues un transexual no se identifica sin más con un género en abstracto (varón o mujer) sino con un concepto de género condicionado históricamente. Aunque ha habido transexuales en otras épocas, una mujer de nuestros días que “se siente hombre”, interioriza el modelo de varón que la sociedad actual ha definido. Pero este modelo de varón no es el mismo, por ejemplo, que el que había en la Edad Media: un varón en el que se exaltaba la fuerza física (caballero y guerrero) por encima de los valores intelectuales. O el modelo de varón en el s. XVIII, con maneras delicadas que hoy llamaríamos afeminadas. Es decir, que la transexualidad es una problemática que está configurada desde condicionamientos sociales…, de modo semejante a la anorexia: es difícil imaginar una adolescente anoréxica en el s. XVII o XVIII cuando el canon femenino de belleza se inspiraba en la generosa acumulación de grasas de la nobleza. Pues éste era el modelo envidiado por el pueblo llano acostumbrado a la carestía (las Tres gracias de Rubens o La Maja de Goya por ejemplo). Sin embargo, la sociedad actual considera la anorexia un trastorno y no considera trastorno la disforia de género a pesar de que en ambos casos la propia percepción del cuerpo no corresponde con el cuerpo real.

La idealización de lo sexual después de la revolución sexual de los 60 tiene mucho que ver con esta diferente interpretación: la relativa aceptación social que suscitan las personas transexuales se fundamenta en un criterio existencial que se intenta proteger celosamente: “una cosa es buena por el hecho de ser deseada”. La libertad se sostiene en la satisfacción acrítica de las pulsiones. Sin embargo, este criterio desprecia la racionalidad en favor de la visceralidad. Si un modelo histórico de varón o de mujer puede condicionar la autopercepción de algunas personas, si el 80 % de los niños con disforia de género revierten su identidad al llegar la pubertad ¿por qué ha de resolverse con tratamientos hormonales o quirúrgicos con consecuencias cuando menos complejas?

Desde esta ceguera ideológica se explica la irracionalidad de la campaña de Chrysallis Euskal Herria en Pamplona con el slogan “hay niñas con pene y niños con vulva”. Pues no es legítimo instrumentalizar el sufrimiento real de unas familias para transmitir los postulados de la ideología de género con la excusa de crear un entorno favorable para el menor con disforia de género. No menos graves han sido las reacciones políticas ante el autobús de Hazte Oír con el slogan “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen” pues ponen en evidencia los modos totalitarios con los que se intenta acallar al que no comparte esa ideología.

Sin embargo, la irracionalidad de esa censura no hace acertado el mensaje propuesto por el autobús. Pues ¿a quién pretenden convencer con ese slogan? ¿Acaso no es evidente que un sector significativo de la sociedad –ajeno a toda estrategia ideológica– no percibe en ello sino un ataque cruel contra personas inocentes?

Es una campaña que logra excitar la visceralidad de ambos bandos, no su racionalidad. En los ya convencidos solo consigue provocar alarma, mientras que a los contrarios les confirma en su percepción de la “intransigencia” de los adversarios de la ideología de género, de su “fanatismo” y “falta de respeto de la libertad de las personas para elegir sus propios valores”. ¿Realmente se consigue así transmitir la verdad sobre la naturaleza humana? ¿No se estará consiguiendo precisamente lo contrario utilizando un discurso que ellos perciben como agresivo al pisotear el sufrimiento de ciertas personas?

Es la falta de pedagogía lo que hace inapropiada tal campaña. Es necesario dar la cara a la ideología de género pues su error y sus modos totalitarios son graves. Es necesario hacerle frente, pero no así. No imitando las mismas armas dialécticas que utilizan los activistas de la ideología de género y que se alimentan de la confrontación; sin mirar el rostro de las personas que sufren, sin escuchar la posición contraria de personas que nada tienen que ver con la agenda política de ningún lobby. Es necesario ponerse en la piel del otro para saber transmitirle la realidad.

Un fin bueno requiere medios buenos. Pero la campaña de Hazte Oír, que es quien fletó el autobús, no pretende iluminar con argumentos un debate social, sino provocar una reacción con gran efecto mediático independientemente de los resultados o de otros “daños colaterales”. Para ellos el fin justifica los medios. Y lograr prestigio es más importante que los mismos logros de la campaña. Esta operatividad al servicio de la estrategia se comprende mejor teniendo en cuenta la relación de Hazte Oír con el Yunque, aunque muchas personas que trabajan en aquella no tengan nada que ver con la organización secreta. Hazte Oír y otras plataformas creadas por el Yunque han contaminado la acción pública de muchos cristianos desde una perspectiva ideológica, es decir, desde una confrontación y excitación de la reacción frente a otros. Por eso, a menudo caen en los mismos vicios viscerales de aquellos contra los que luchan: boicot a productos, demandas civiles y demandas penales. Esto no significa que no tenga sentido una acción pública, una denuncia pública (yo lo estoy haciendo ahora), o incluso un pleito… Pero todo ello sopesado con exquisita prudencia que es lo contrario de la utilización sistemática de las plataformas creadas por Yunque. Pero, por lo que se ve, excitar la emotividad de la gente resulta ser un negocio rentable.

La Ideología de Género requiere lo mejor de nuestros esfuerzos y no la elección de los métodos utilizados por las ideologías.

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5 Comments

  1. 1

    Excelente artículo, Fernando. Cuánto se ganaría si la gente se parara a pensar un poquito más antes de actuar a la ligera sin medir las consecuencias. ¡Enhorabuena!

  2. 2

    Es de ENSEÑANZA OBLIGATORIA en biología Cuando en el par 23 se da XX el sexo del individuo es cromosómicamente llamado femenino. En caso de que sea XY el sexo del individuo será cromosómicamente masculino. No es cuestión de genitales ni de prácticas sexuales. ¿Por qué entonces ser violentos con el autobús de hazte oir? Si la transexualidad es una patología pues al psiquiatra, pero si no es una patología ¿por qué LA SEGURIDAD SOCIAL CUBRE LA CIRUGÍA DE REASIGNACIÓN DE SEXO PARA TRANSEXUALES Y NO CUBRE LAS ORTODONCIAS? por ejemplo…

  3. 3

    Chapó, mi más sincero aplauso. Se puede decir más alto, pero no más claro. Hace unos días grabé un mensaje en vídeo con la intención de aclarar algunos términos, y el de la ideología es uno que no aclaré muy explícitamente y me parece clave. Por si te interesa verlo: https://www.youtube.com/watch?v=xosBm4wkS-8
    El rostro de las personas, el aspecto del sufrimiento real, es una realidad que no se puede reducir a ideología a la ligera. ¡Gracias por tu forma de reflexionar!

  4. 4

    Cuando todos callan y bajan la cabeza ante despotismo de la ideología de género, hay que hablar fuerte y claro. Aplaudo a Hazte Oir, y si es que existiera, al “Yunque”. Al menos abre el debate, pone el tema sobre el tapete. Patalearán, se harán los “sufridos”, pero lo que quieren es que todos acatemos, que todos callemos y obedezcamos dejando que degeneren a nuestros niños.

  5. 5

    Me ha gustado mucho este artículo pero creo que no va a calar porque la gente no llega, no le preocupa que determinadas conductas puedan inferir en su vida diaria y prefiere ir a favor de corriente por temor a ser señaladas.

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