Un libro, ‘La Sociedad Desvinculada’

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El libro La Sociedad Desvinculada es un primer intento de construir un modelo interpretativo de la acumulación de crisis que vivimos. Porque ésta es la característica de nuestro tiempo, la incapacidad para resolver las crisis que nuestra propia dinámica social genera: la ambiental, la demográfica, la educativa, la política, la económica, y la social. No solo no las resolvemos sino que con el paso del tiempo agravan sus efectos, y pueden añadirse otras de nuevas como la manipulación genética en adultos, o a causa -hipótesis- de una revolución tecnológica que destruye mas trabajo que crea. La Sociedad Desvinculada desarrolla una explicación sistemática del origen de las crisis, la causa común a todas ellas, su interrelación y desarrollo. Para ello presenta la teoría del vínculo, la fuerza que nos hace humanos, así como el surgimiento y características de la cultura desvinculada. Finalmente, en la tercera parte, describe las grandes rupturas que ha dado lugar el proceso de desvinculación: la de la relación con Dios; la trascendencia; la ruptura antropológica; la que se da en la solidaridad entre generaciones; la cultural y educativa; la de la injusticia social manifiesta, y la ruptura política entre representantes y representados. El modelo de interpretación subyacente a un texto que necesariamente persigue la facilidad de lectura puede resumirse en estos términos:

– La destrucción progresiva del modelo de razón objetiva que ha caracterizado a nuestra civilización y su sustitución por la simple razón instrumental. Esta concepción, un tanto abstracta, se visualiza con claridad con la explicación del papel de la cúpula como gran solución arquitectónica, como metáfora de nuestra cultura que ahora está siendo derruida, sin –y esto es lo decisivo– la capacidad para generar otra construcción que nos acoja y aporte sentido a nuestras vidas y a la sociedad.

– El problema de Europa es el de constituir la única civilización, tanto en el presente como en la historia, que vive sin un marco de referencia de razón objetiva.

– La teoría del vínculo se fundamenta en su consideración como elemento primordial de lo humano, la condición necesaria para la formación de la identidad, personalización, y socialización. El vínculo que se define en términos de compromiso, que se manifiesta en el amor y el deber. Amor en sus múltiples manifestaciones, que tan bien recoge el griego clásico ágape, philia, eros, storge, xenia. Deber como cumplimiento del deber-ser, esto es como concepción moral que señala como debe ser la vida humana realizada en el bien intrínsecamente humano, es decir aquel tipo de bienes que no solo favorecen a quienes los poseen sino a los demás.

– La teoría del vínculo incorpora un marco de referencia: la existencia de una comunidad capaz de trasmitir una tradición moral, que permita el ejercicio de la virtud como práctica buena, cuyo dominio, el del ser virtuoso, no necesita de prolijas reflexiones para adecuar su comportamiento al ejercicio del bien.

– La teoría del vínculo permite articular los factores intangibles -moral, virtudes- con el funcionamiento de las cosas; el crecimiento económico, los costes de transacción; la capacidad educativa, el nivel de violencia, los costes sociales, la gobernación.

– Esta articulación se logra introduciendo primero el concepto de capital social en su dimensión cognitiva y de capital moral por una parte, y el capital social estructural, relacionado con las instituciones, que solo son posibles mediante vínculos.

– Estos vínculos para ser eficientes y eficaces han de poseer una intensidad y una duración proporcionada al fin de las tareas que desempeña la institución; el vínculo paterno filial tiene unas exigencias distintas al laboral.

– La concepción del vínculo relacionada con el capital social permite definir la sociedad como la configuración de un núcleo y dos envolventes. El núcleo está formado por la familia de adscripción necesaria y no voluntaria, excepto en el caso del matrimonio. Toda persona surge de una familia y se dirige a otra. Sobre este núcleo existen un segundo nivel o envolvente de instituciones cuasi necesarias responsables de desarrollar las condiciones de identidad personalización y socialización generadas inicialmente por la familia. Son la escuela, el trabajo, la comunidad de vida, y la comunidad de fe. El tercer nivel está formado por las instituciones y asociaciones de libre elección.

– Esta ordenación obedece a una jerarquía bien definida: del núcleo, único a las otras envolventes; crece el número de instituciones, pocas en la primera; muy numerosas en la segunda, y disminuye la intensidad y necesidad del tiempo del vínculo especifico, y aumenta el grado de libertad en la elección. Este es el ordenamiento social que realiza equilibradamente a la persona y que necesita de un marco de razón objetiva que lo sostenga.

– El capital social es la base para la formación del capital humano, y esto permite una buena articulación en el ámbito educativo, por una parte; social y político, por otra; y también el económico, a partir de los modelos de crecimiento endógeno y de la economía institucional.

– En definitiva, lo que permite el crecimiento económico sostenido y más armónico a largo plazo, la buena gobernanza, la armonía y cohesión social, es una vinculación bien establecida de las personas entre ellas y sus instituciones.

– La segunda parte del libro trata sobre el proceso de desvinculación, que es el resultado de una dinámica híper individualista guiada por la pretensión de que la única o mejor forma de realización personal es la satisfacción de la pulsión del deseo que surge de la pasión, y que ningún vínculo, compromiso, personal y colectivo, norma, tradición, confesión religiosa debe limitar, y si lo hace debe ser removida o destruida.

– Este proceso tiene un origen lejano en el desarrollo de la interioridad que aporta el cristianismo. Esta condición necesaria para la emancipación humana posee un desarrollo limitado por el orden objetivo cristiano, que desaparece cuando una parte de la Ilustración plantea la razón instrumental como respuesta excluyente de toda idea de Dios. No todo el pensamiento ilustrado, ni la modernidad que lo desarrolla, pertenece a este orden de cosas, como muestra de una manera categórica Estados Unidos, y los ilustrados cristianos.

– El orden objetivo subyacente propio de la cultura occidental y el nuevo orden ilustrado conviven, disputan y construyen durante un largo periodo de tiempo, de manera que muchas formulaciones del pasado que hoy asumimos desde un marco de referencia de razón instrumental toman otro sentido si se sitúan en el marco histórico concreto en que se produjo. Así, Adam Smith, considerado padre fundador de liberalismo, leído con la necesaria atención sería poco liberal para el liberalismo actual.

– Esta conjunción de placas tectónicas, por utilizar otro símil entre la razón objetiva y la razón instrumental, estalla definitivamente a favor de esta última a partir de la segunda mitad del siglo XX, que tiende a desarrollar una subjetividad sin límites al rechazar todo orden objetivo que no surja del propio deseo. La primera eclosión es cultural. Son las revueltas de la década de los ochenta (Mayo del 68 como datación convencional) que prepara el marco de referencia para que se produzca la otra gran revolución en el campo económico: la desregulación y la exaltación del benéfico individual sin límites, que solo ha sido posible por la previa constitución de una cultura del deseo surgida una década antes.

– El diagnóstico acertado capaz de integrar todas las cuestiones en liza es el fundamento para la respuesta, porque si no no sabemos lo que nos ocurre y porque la respuesta difícilmente será algo mas que dar palos de ciego.

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