UN VIAJE a LIBANO

Un país de muchos contrastes y con muchas amenazas, pero también con mucha esperanza

De vuelta de un viaje a Líbano quiero compartir la experiencia vivida. El motivo del viaje ha sido ir a ver a nuestra hija Flavia que trabaja allí por dos ONG (Cesal, española, y AVSI, italiana), pero nos ha permitido conocer un poco el país desde dentro, justo los días de las elecciones. El país nos ha impresionado bastante. Mejor de lo que me esperaba, no obstante siendo 4,5 millones los libaneses (y además hay 10 millones un poco en todo el mundo) acogen a más de 3 millones de refugiados y migrantes, sobre todo palestinos, sirios, iraquíes y también africanos (Etiopia). Lo bueno y lo malo, muy mezclado. 18 confesiones religiosas, 67 partidos políticos que se presentaban a las elecciones del domingo que estuvimos allí (las primeras en 9 años). Difícil cuajar mayorías. Imposible entender la “lógica” de tantas guerras, incluso civiles, que han traído tanto sangre, matanzas de inocentes y venganzas: ninguno es inocente. El país es un mosaico de pueblos con mayoría relativa de algún grupo étnico y religioso, al lado unos de otros. Preocupante el futuro del país, demasiado cerca de Israel (que todos odian por su trato tan injusto con los palestinos) y de la guerra de Siria, cuyas tensiones se reproducen. Hay que rezar para que se imponga la tolerancia y la convivencia pacífica del cual el país ha estado capaz de ser testigo, con un equilibrio de poder casi único en países con fuerte presencia musulmana (el presidente debe ser un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán suní, el portavoz del parlamento un musulmán chií).
Flavia eligió para nuestros desplazamientos alojamientos en casas de religiosos, tanto para ayudarles, como para conocer un poco más la realidad de los cristianos de aquí. Así hemos conocido la custodia franciscana de Trípoli. Eran dos frailes: un sacerdote italiano y uno libanés: la misa en italiano a las 7 de la mañana ha sido estupenda, muy diferente para mí de la de rito maronita en árabe de unos pocos días más tarde. Yo me imaginaba que – conociendo la misa católica – hubiera podido seguirla bien: pero no ha sido así, dan mucho espacio a un diacono y la mayoría de las oraciones son diálogos entre el sacerdote y el diacono. Dan también mucho espacio al pueblo, la iglesia estaba llena. El caso es que intentaba seguir pero – no entendiendo ni papa – he rezado 3 veces el Padre Nuestro y un par de veces el Credo y el Gloria… Sólo he podido seguir las lecturas con el “evangelio del día” por iPhone… Y lo más importante: comulgar.
Pudimos ir a visitar un dispensario de las Hermanas del Buen Pastor en una zona pobre de Beirut, gracias al contacto de la Ayuda a la Iglesia Necesitada que las ayuda. La Hermana Georgette Tannoury nos contó que tienen en su dispensario médico 4 secciones (obstetricia y ginecología, pediatría, ancianos y medicina familiar) con unas 100 visitas diarias, todas gratuitas Tienen 28 trabajadores (médicos, enfermeros, administración, limpieza), a quienes deben pagar un sueldo. En otro departamento atienden enfermos psíquicos. Empezaron ayudando a la clase pobre libanesa, pero cada vez más tienen que atender también a refugiados sirios e iraquíes. Nos ha repetido varias veces: “Ya es demasiado, ya es demasiado”. Además les van cortando las ayudas (las últimas del gobierno francés). Ellas son sólo dos hermanas en este dispensario; tienen además otros 7 centros en Líbano. Una de las actividades es una escuela (no formal: no servirá el título de estudio) para niños iraquíes (el gobierno hace algo para los niños sirios, pero nada para los iraquíes). También tienen 3 días a la semana un Consultorio de asistencia social, para los problemas de relaciones familiares: dice que sobre todo las mujeres refugiadas tienen muchos problemas: nos habló de la importancia de escuchar… En fin, algo así como una suma: Caritas + Centro de Orientación Familiar. El país es un océano de necesidades, aunque hay muchas ONG y realidades de Iglesia, no alcanzan para todos. En las plazas y los cruces a menudo se veían hombres (sirios) esperando que alguien les ofrezca trabajo: naturalmente muy mal remunerado. Muchos refugiados no están censados porque tienen miedo de que les echen: los niños nacidos aquí no los registran. Hay campos de refugiados casi por todas partes, algunos son barrios con casas construidas, otros tiendas en el campo.
Otra persona muy interesante que he conocido es Jocelyne Khoueiry, antigua combatiente de las milicias maronitas cuando los palestinos refugiados de la OLP, hace 40 años formaron un estado dentro del estado y pretendían imponer su ley a todo el pueblo: entre los suyos es una héroe (hay libros publicados en francés y en italiano). Era la jefa de 1.500 combatientes mujeres de la Falange libanesa (1976). La experiencia de la guerra le hace descubrir la oración y la verdad de la fe y se dedica a evangelizar sus compañeras. En 1986 depone las armas y se convierte de un cristianismo “identitario” a una fe vivida y activa. Funda 3 asociaciones para ayudar las mujeres, la vida y la familia: una es en Centro Juan Pablo II, para ayudar las familias en dificultad. Para poder mantener la actividad ha creado un restaurante (en Harissa, donde está Nuestra Señora de Líbano) donde fuimos a cenar y la conocimos. Me contaba con cierto orgullo que el programa que tienen para ayudar los matrimonios en dificultad y en procinto de romper el enlace tiene un éxito del 60%. Ha participado al Sínodo de 2014 sobre la familia y forma parte de Consejo de Laicos del Vaticano. No he podido charlar mucho con ella porque cuando me la presentaron ya teníamos que irnos, pero hemos quedado en contacto, cosa que me interesa sobre todo para aprender para nuestro COF de Terrassa, donde intentamos hacer lo mismo. Me ha impresionado sobre todo su conciencia del rol esencial de la familia para la sociedad y de cómo es necesario ayudarla. Una gran mujer.
Ella y su conversión y su acción por la mujer, la vida y la familia me significan la esperanza para este país. Y para el mundo.

 

[en la imagen, con la Hna. Georgette Tannoury en el dispensario de las Hermanas del Buen Pastor en Jdeidet El Metn, barrio de Beirut y con mi hija Flavia, colaboradora de CESAL y AVSI]

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