Una jugosa conversación entre Ignacio Peyró y Valentí Puig

La vista desde aquí es un libro inusual, de difícil encaje en los cubículos en que clasificamos los artefactos literarios que llegan a nuestras manos. Tiene algo de ensayo, algo de crítica, forma de entrevista… pero es algo más, mucho más: como anuncia su subtítulo, estamos ante una conversación entre dos amigos, Ignacio Peyró y Valentí Puig, dos almas unidas por una evidente complicidad, por un modo de mirar el mundo, la vida, y en la que la más joven reconoce a la de mayor edad como guía y maestra en el proceloso mundo de las ideas y las letras.

Estamos pues ante una invitación a acompañar a estos dos finos personajes en esta larga pero nunca desfalleciente conversación. Ante, también, una reivindicación (palabra poco agraciada, cargada de matices estridentes, pero que ustedes ya entienden en qué sentido utilizo) de la conversación culta, de la tertulia civilizada, del razonamiento sosegado, alejado del estruendo de las proclamas y del fanatismo de las ideologías.

Imagino que el grado de disfrute de esta conversación viene determinado por la comunión de intereses y opiniones del lector con los de quienes con tanta generosidad nos abren las puertas de su salón y nos invitan a escucharles. Es altamente probable que un doctrinario como Pablo Iglesias se sintiera incómodo en compañía de Peyró y Valentí. Y sin embargo no es preciso asentir a todas las apreciaciones aquí vertidas; eso queda para los manifiestos totalitarios. De hecho, esa combinación de acuerdo y desacuerdo, de matices que uno querría introducir en la conversación, es lo que da vida a este libro-conversación que, de este modo, se convierte en una obra a tres bandas, añadiendo a lo escrito, las reflexiones que provoca en el lector.

Hay momentos felices, en los que uno se topa con la expresión de alguna profunda convicción, con la ventaja de que aquello que uno pensaba lo encuentra expresado de modo inmejorable, otras veces es algo que le rondaba a uno la cabeza sin acabar de cristalizar lo que se le presenta en forma acabada. También, lo hemos señalado ya, hay otros momentos en los que alguna apreciación no nos convence y querríamos tener la suerte de poder intervenir en la conversación, aportar nuestras objeciones, nuestros argumentos, nuestros matices. Es éste, aunque para algunos se antoje paradójico, también uno de los logros de este libro.

El interés del lector variará, es obvio, según sea su interés por los temas abordados. La literatura, la política, nacional e internacional, la cultura, el arte… son los grandes temas por los que deambulan los dos conversadores. Apasionados de las revistas del corazón, monotemáticos de todo tipo, especialistas obsesivos, harán bien en seguir a lo suyo. Pero además, creo, resulta clave para disfrutar de este libro el compartir un cierto mundo, unas ciertas referencias, una cierta mirada. Chesterton, Bernanos, Josep Pla, Burke, Tocqueville… son el armazón de afinidades electivas sobre las que Puig ha construido esa su mirada y con las que quien esto escribe se siente, no ya cómodo, sino en su propia casa, en su propio territorio.

La obra se presenta como una extensa conversación con Valentí Puig y, en consecuencia, son las opiniones de Puig las que ocupan la mayor parte del libro (con una breve introducción y un enjundioso epílogo de Ignacio Peyró), pero hay que reconocer el tino y la maestría con la que este ultimo dirige la conversación hacia terrenos fructíferos. Como si de una faena a la portuguesa se tratase (pues aquí nadie entra a matar), Peyró templa y manda la conversación en una lidia verbal que saca lo mejor del encuentro de dos inteligencias.

La conversación de Puig y Peyró está trufada de sentencias que, en nuestros tiempos, podrían ser fácilmente carne de twitter. Les dejo unas cuantas para que nadie pueda decir que no les he advertido de lo que encontrarán en esta sugerente conversación: “Una infancia feliz no tiene precio. Respeto más una pequeña y noble tradición que el colorido cosmopolita. Criticar un libro es contagiar un entusiasmo o compartir una reticencia. La ley es el orden y sin orden no hay libertad. En España el antifranquismo sigue funcionando como placebo. Sobre el cine español, prefiero Pequeñeces a todo Almodóvar. Los poderes autonómicos han actuado como el nuevo caciquismo. Pujol tenía fuste de político, pero carecía de magnanimidad. Ada Colau es la regresión a un mundo ágrafo y de demagogia antielitista. Tratar de agradar a todo el mundo es signo de mediocridad.”

La vista desde aquí, se lo aseguro, no agradará a todo el mundo.

PD. Cuando acabo de escribir estas líneas me llega la noticia de que este jueves 4 de mayo, a las 19h, Peyró y Puig presentarán el libro en la Librería Garbí (Vía Augusta, 9). Yo pienso estar allí.

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