El único y verdadero fracaso

Las enseñanzas de esta canción son genuinamente norteamericanas. A diferencia de España, donde los reveses de la vida llevan aparejados invariablemente sambenitos de complicado olvido, allá los consideran la llave de un futuro éxito, porque, como dejó dicho Henry Ford, el único y verdadero fracaso es aquel del que no aprendemos nada.

Ross Perot, veterano líder republicano yanqui, lo expresó de forma inmejorable con ocasión de uno de aquellos divertidos debates presidenciales en la década de los noventa del pasado siglo, al presentarse ante las cámaras como el que más veces se había arruinado y vuelto a enriquecerse, no recuerdo bien si dijo que unas siete, lo que le erigía en el más idóneo para llevar las riendas de su nación.

Aquí, sin embargo, enterramos en vida a quien no ha tenido excesiva fortuna en cualquier ámbito, quizá porque nuestro mayor pecado colectivo, la envidia, precisa de ser convenientemente alimentado con dicha carnaza. Y así nos luce el pelo.

Los sueños no siempre se hacen realidad, como rítmicamente interpretan Gladys Knight y su familia, pero cuando eso sucede no hay nada mejor que sacar experiencias y vivirlo con quienes te quieren de verdad, los que están cuando se apagan las luces.

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