Vida solitaria, soledad y proyección social

En el transcurso de la vida, la mía y la de Vds.

El camino solitario de Alexander Mann

La soledad es el estado de quién está solo, de quién vive solo o casi solo. Se dice solitario/solitaria, como adjetivo, de quien vive solo en su vida. Puede parecer lo mismo pero no es exactamente así. Una persona mayor, viuda o viudo, soltera o soltero, experimenta soledad. También las que no son tan mayores. Y más si la propia descendencia ha emprendido su vuelo en la vida.

¿Cabe vida en soledad sin vida solitaria y con proyección social? A mi modo de ver siempre. Siempre que se busque en primera persona del propio singular la interacción con los demás. Por ejemplo en mi caso. Los propios hijos crecen y crecen y se emancipan. Mi vida laboral hace tiempo que se acabó. Esto sin haber llegado a la teórica edad de jubilación. Lejos de autoaislarme tengo una tendencia a madrugar. Eso para empezar bien el día. La capacidad de relacionarse es personal e intransferible. En mi caso irrenunciable.

Si se adquiere el hábito de relacionarse en la propia vida, cuando llega por razón de edad o situación de vida el hecho de quedarse solo sin seres queridos al alcance, esa relación humana tiene mucha vidilla. Los antiguos ermitaños renunciaban voluntariamente a ella para encontrar en sus vidas una vida de soledad muy cercana a Dios. Al igual que los monjes y monjas en el claustro de sus cenobios en vida comunitaria conventual. Los primeros vivían solos; los segundos, viven casi solos. Ayer y hoy. Y mañana.

Actualmente debe ser muy terrible, en sociedad ruidosa, el hecho de no relacionarse pudiéndolo hacer. En vez de salir de uno mismo se busca el refugio de la propia autocomplacencia. Se descarta el conversar, escuchando y hablando cuando se tercia. Empezando por el saludo sonriente a los propios vecinos y vecinas y al personal asalariado de los comercios a los que se acude habitualmente. Se continúa sin buscar esta relación en el tejido social inmediato a nivel de barrio, de población de residencia y de colectivo eclesial parroquial.

Veo demasiadas personas solas que sacan a pasear a más de un perro. Está bien como animal de compañía, pero no como sucedáneo a una relación humana que no se busca. Esa especie de vida solitaria es denigrante. Conocer a los propios vecinos y por su nombre es el primer paso de la vida en sociedad. Paso que se da o no se da. Paso que si se da acontece cuando uno es joven y no anciano de residencia. El rumbo puede corregirse siempre. Pues lo que cuenta es la actitud de sociabilidad y no tanto el devenir de soledad. ¡Cómo si ésta fuera un castigo!

Con el paso de los años y la llegada de la jubilación, ¿me encierro en mi mismo o me relaciono? Esta pregunta se la tendría que hacer todo el mundo. Vivir no es tanto el poder como el querer. Para querer hay que demostrarlo. Demostrarlo con uno mismo con hechos y no con palabras.  Demostración que constituye perfección evangélica en quienes nos profesamos seguidores de Nuestro Señor Jesucristo.

Con todo la vida de soledad del ermitaño era un acicate. Les recomiendo a todos Vds. unos días de retiro en silencio, para meditar, contemplar y hacer revisión de vida. Cuando yo he necesitado esto lo he encontrado siempre en los ejercicios espirituales del peregrino Íñigo. Peregrino a secas en su Autobiografía y santo canonizado un siglo después de su conversión como peregrino en Montserrat. Porque buscó a Dios en la soledad ermitaña con todos los esquemas humanos rotos, encontró su proyección social en la fundación de la Compañía de Jesús o Societate Iesu. Todo ello en estado de cojera. Pues la enfermedad o minusvalía no fue obstáculo para ello.

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One comment

  1. 1

    Cierto que nos vemos a veces obligados a la soledad. Pero por mi parte suerte tengo de participar en voluntariado parroquial porque de voluntariado en política actualmente estoy desencantado. Dice el refrán que vale más estar solo que mal, acompañado, y esto a veces lo relaciono con ser voluntario en algún partido político cuando tocan elecciones para hacer de interventor en las mesas, con estos cambios tan drásticos últimamente de independentismo creo que me voy a situar en mi soledad antes que ofrecer mis servicios, yo había sido colaborador voluntario en CIU pero como se hundió el partido ahora los nuevos no me convencen. De todas formas las parroquias en los pueblos y ciudades deberían más explotar el filón de la gente que viven solos aunque sea para hacer charlas con ellos estilo conferencias y que pudieran expresar sus opiniones, y con lo temas candentes de Religión y Política que es lo que mueve el mundo. La Iglesia podría reunir frecuente en asamblea a los solitarios de las ciudades, los solitarios que son por esencia buscadores de lo divino, pero creo que no interesa debido a que se convertirían en ovejas demasiado inteligentes y de ahí a revolucionarias y protestantes hay solo un paso. De todas formas, siempre para ser santo se requieren acciones heroicas y para revolucionar una institución hay que correr un riesgo. Esto me recuerda hace muchos años que el cardenal Jubany se fué de visita y charla a la Cartuja de Montalegre y les dijo a los monjes que ellos formaban parte del obispado de Barcelona y se podrían hacer algunas reuniones en que también participaran los solitarios cartujos para dar sus opiniones, resultado: cuando los monjes oyeron esto del cardenal se miraron extrañados unos a otros.

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