Violencia entre gays: la Ley de Violencia de Género no la previene

Un homosexual maltrata a otro. Una lesbiana, a otra. Es difícil denunciarlo: has de contar las vejaciones, ataques, tu vida sexual… y además, al ser…

Un homosexual maltrata a otro. Una lesbiana, a otra. Es difícil denunciarlo: has de contar las vejaciones, ataques, tu vida sexual… y además, al ser un hombre contra hombre o mujer contra mujer, se acaba apreciando como una lucha entre iguales. No es fácil convencer de que eres una víctima.

Ahora los gays se quejan de la muy progresista Ley Integral contra la Violencia de Género.

"¿Género? ¿Por qué no hablar de violencia de pareja? Se trata de una normativa elaborada desde el sexismo feminista; de proteger a la mujer por encima de todas las cosas, dejando de lado otros tipos de violencia entre personas con relaciones sentimentales, sexuales y afectivas. El resto de modelos de convivencia están desprotegidos", señala taxativamente el presidente de la Asociación de Gais y Lesbianas de Cantabria (Alega), Regino Mateo, entrevistado en EL DIARIO MONTAÑÉS (19/03/06).

Y es que en Santander se ha presentado una denuncia de un homosexual contra su compañero sentimental por malos tratos. La primera en España. Es violencia doméstica, pero no puede acogerse a la Ley de Violencia de Género porque no son de sexo distinto.

"En Cantabria -aclaran desde la Guardia Civil- no existe ni un sólo centro de acogida para hombres, así que en el caso de necesitarlo no podrían hacer uso de la garantía que ofrece la Ley Integral de Violencia de Género para las mujeres". Lo mismo se podría decir de un abuelo que quisiese huir de sus hijos o nietos maltratadores.

Relaciones violentas

Según el sexólogo cántabro Carlos San Martín, "el 32,2 % de las parejas de gais y lesbianas admiten haber sido víctimas de violencia por parte de su pareja, según un estudio de la revista gai Advocate, cuya estadística es plenamente extrapolable a la comunidad homosexual en España. El problema radica en el escaso número de denuncias, y en la dificultad de establecer los roles de ‘agresor-víctima’ a nivel legislativo, a pesar de que éstos entre los gais y lesbianas también existen".

El estudio Greenwood et altri, realizado en el año 2002 a un total de 3.700 hombres homosexuales estadounidenses, puso de manifiesto con especial crudeza que dos de cada cinco personas encuestadas habían sufrido en alguna ocasión algún tipo de maltrato físico en sus relaciones de pareja.

 Violencia doméstica

En 2002, la Traditional Values Coalition publicó en EEUU un informe recopilando datos sobre violencia doméstica ("Domestic Battering"). Había bastantes datos sobre la violencia entre homosexuales y lesbianas, más alta que en parejas heterosexuales.

Según las estadísticas del FBI de 1999, en EEUU se produjeron 1.317 incidentes de agresiones entre homosexuales, desde el asalto hasta las injurias graves.

También en 1999, según datos de la Coalición Nacional de Programas Antiviolencia, hubo 3.120 incidentes de violencia doméstica homosexual registrados en San francisco, Nueva York, Chicago, Boston, Los Ángeles, Colorado, Cleveland y Columbus.

También en 1999 la revista Clinical Psychology Review revisó 19 estudios sobre violencia doméstica homosexual: el 28% de las parejas homosexuales de ambos sexos registraron violencia física; en concreto se registró violencia en el 48% de las parejas lesbianas y en el 38% de las parejas de varones. En un estudio sólo de parejas lesbianas, se registraban maltratos psicológicos entre un 73% y un 90% de las parejas. Más de un 30% de las lesbianas habían estado en una relación donde al menos había sucedido una agresión física.

Otro informe importante es el de los National Institutes of Health del año 2000: “los convivientes del mismo sexo registraron una violencia con la pareja íntima significativamente mayor que los convivientes de sexos opuestos”. El 39,2% de las lesbianas declaró haber sido agredida físicamente, acosada o incluso violada por su pareja del mismo sexo. Entre los varones homosexuales, un 15,4% admitió haber sufrido estas actividades.

Se trata, pues, de un fenómeno muy extendido, que muchos pueden ligar a otros hábitos propios del estilo de vida gay, como la falta de compromiso,  inmadurez psicológica, relaciones emocionalmente dependientes, depresiones, promiscuidad, etc…

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