Volaron la cárcel para matarlos a todos

Los paúles Tomás Pallarés y Salustiano González, mártires de la Revolución de 1934, murieron cuando sus captores volaron la cárcel para exterminarlos

Nueve mártires de la Revolución Española nacieron un 6 de marzo: un paúl turolense asesinado en Oviedo en 1934 y, ya durante la guerra, una teresiana barcelonesa, una mínima descalza castellonense, un pasionista palentino, una carmelita descalza de Guadalajara, una dominica y un terciario capuchino valencianos, un lasaliano oscense y un hospitalario salmantino.

Los últimos religiosos mártires del 34
Tomás Pallarés Ibáñez, sacerdote de la Congregación de la Misión, de 44 años y natural de La Iglesuela del Cid (Teruel), fue asesinado en Oviedo el 13 de octubre de 1934 y beatificado en 2013. Con él mataron a otro paúl, el hermano coadjutor Salustiano González Crespo. Ambos cierran la lista de víctimas de la Revolución de 1934 en el clero regular. Según el relato de Josefina Salvo, murieron “en la voladura de la cárcel donde los habían recluido los marxistas, junto a muchos sacerdotes y religiosos de Oviedo, entre ellos los carmelitas. La improvisada prisión era el edificio del Instituto de Enseñanza Media, antes Colegio de Jesuitas. Los marxistas decidieron acabar así con la vida de todos. El P. Pallarés apareció con el cuerpo atravesado por un poste del tranvía, pero había fallecido ya de un tiro certero en la nuca”.

María Mercedes Prat y Prat, de 56 años y natural de Barcelona, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, fue asesinada el 23 de julio de 1936 y beatificada en 1990. Es uno de los ocho mártires de El Coll.

Vicenta (sor María de Jesús) Jordá y Marti, de 37 años y natural de Zorita (Castellón), es una de las ocho religiosas Mínimas Descalzas de San Francisco de Paula asesinadas el 23 de julio de 1936 en Can Boada (Barcelona) y beatificadas en 2013. Junto con “la hermana de una de ellas, que las asistía en los quehaceres externos del Monasterio, ofrecieron su vida como testimonio de su fe y recibieron la palma del martirio. Cuantas las conocieron testifican de ellas la ejemplaridad de su vida”, según el relato de su congregación.

Felipe (de San Miguel) Ruiz Fraile, de 21 años y oriundo de Quintanilla de la Berzosa (Palencia), era hermano pasionista en Daimiel (Ciudad Real), fue asesinado en las tapias de la Casa de Campo en Carabanchel Bajo (Madrid) y beatificado en 1989, como conté en el artículo del 3 de febrero.

Marciana (María Ángeles de San José) Valtierra Tordesillas, de 31 años y natural de Getafe (Madrid), es una de las tres primeras carmelitas beatificadas, como conté el 30 de diciembre.

Adelfa (de Nuestra Señora del Rosario) Soro Bó, de 49 años y natural de Villanueva de Castellón (Valencia), es una de las cinco dominicas del convento de la calle Trafalgar en Barcelona, que fueron mártires de la fe y de la pureza el 27 de julio de 1936 en la revuelta El Fero (hoy les Monges) de Vallvidriera (Barcelona), y beatificadas en 2007.
El también valenciano Vicente Jaunzarás Gómez (padre Valentín María de Torrente), sacerdote terciario capuchino de 40 años, fue asesinado el 18 de septiembre de 1936, junto con otros cuatro amigonianos beatificados con él en 2001, y tres personas más en el pueblo valenciano de Montserrat en el lugar llamado La Mantellina o Pucha d’Alt (ver artículo del 19 de enero).

Leonardo Olivera Buera, sacerdote de 47 años natural de Campo (Huesca) y capellán del Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de la Bonanova (Barcelona), con tres de ellos fue asesinado el 23 de octubre de 1936 a las afueras de Valencia y beatificado en 2001 (ver artículo del 7 de enero).

Juan Ramón Morín Ramos (hermano Matías), hospitalario de 24 años nacido en Salvatierra de Tormes (Salamanca), fue asesinado en Guadarrama (Madrid) el 1 de septiembre de 1937 y beatificado en 2013.

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