Volver a Barcelona tras veinte años

Mercado de la Boqueria. Barcelona. Mercado de la Boqueria. Barcelona.

Ya sé que veinte años suena a tango, pero es la verdad. Es un tiempo importante para la historia de la ciudad y para la vida de una persona. Todos hemos cambiado.

Los ingleses siempre han enfatizado el paisaje. El landscape ha sido el referente cuando miramos una colina donde hay un solo y viejo árbol en su cima. ¿Recuerdan cuando en “Lo que el viento se llevó “aparece una imagen en la que la protagonista se promete a sí misma no volver a pasar hambre? El contrastado con el horizonte sobre una colina, es un viejo roble. Los paisajes de Turner están llenos de estas visiones paisajísticas. De cualquier forma, por más que sean algo artificiales es importante conseguir algo que sea hermoso ver y gratificante de vivir.

Ya, con el urbanismo moderno, esta visión para los ciudadanos se convirtió en el towscape. Pero, ¿cuál es la imagen que percibí veinte años después?

Un corto paseo por la ciudad me dio esta imagen: un paisaje urbano.

Comencé en la calle Aragón/Paseo de Gracia y descendí hasta la Plaza Catalunya, continué por Las Ramblas y bajé hasta el mercado de la Boqueria. Tiendas Fashion por todos sitios y muchísimos “guiris”. No veía aborígenes, solo extranjeros. Calles por las que no se podía ni circular. Entré en el mercado de la Boqueria por atrás, no lo reconocí, tiendas de delicatesen, llenísimo de gente, sitios para comer allí o para llevar; otros hacían fotos, la circulación era casi imposible. En algo me recordaba a los bajos del mercado de Montevideo reconvertido en restaurantes. Me costó salir de ahí.

Ya fuera, muchos manteros, al menos cinco nos ofrecieron droga,  también dijeron que si quería más podríamos ir al coche a buscar. Se comunicaban con sus Iphone 6. Tuvimos que salir, era imposible avanzar, nos fuimos hacia  la catedral.

La primera sensación es que la gente no cabe y que la saturación  de turistas sobrepasa la capacidad de la ciudad para admitirlos. Ni Las cuevas de Altamira, ni la Capilla Sixtina pudieron admitir cualquier cantidad de personas,  tuvieron que limitarse.

Deberían incorporar algún tipo de regulación o alternativa. Hay políticas para solucionar esto. Los manteros no es algo que  mejore la imagen. No consigo entender por qué los vendedores son solo de productos falsificados  y vendedores subsaharianos. No son refugiados sirios que venden productos legales propios. Obviamente, hay unos almacenes mayoristas  y una organización de vendedores detrás. Los ciudadanos deben retirarse hacia sus barrios aunque en muchos casos también están invadidos, como en el barrio de la Barceloneta. Ya no es la Barceloneta que describía la geógrafa Mercè Tatger con el problema de los cuartos de piso. Hoy la pregunta es ¿Por qué no aprovechar la ventajosa posición del barrio respecto al mar? ¿Por qué no planificar una intervención turística que respete a su vez los derechos de los vecinos? Una planificación interesante y factible. Un reto urbano. Meter turistas ahí es imposible en la situación actual. Desde el Plan General Metropolitano de 1976 que no se ha hecho nada, un Plan de Hoteles  de cinco estrellas solamente. Pero resulta que los alojamientos para turistas no son solo estos hoteles de lujo.

Parece que hay una serie de aspectos, que no vienen de hoy,  que generan una imagen y función ciudadana, como mínimo poco equilibrada. Es un desorden poco agradable para todos. Aun se está a tiempo de intervenir pero ya es urgente.

Como lo es una política de vivienda que atienda los problemas de desalojo que se producen diariamente. Mientras tanto, existen grupos especuladores especialistas en desalojar pisos. En un momento hubo el Patronato Municipal de la Vivienda, hoy Instituto. Hubo las viviendas del Congreso. Hubo las viviendas de  INV. ¿Qué política de viviendas hay hoy? ¿Se construye vivienda pública?

Falta definir una política urbana adecuada: economistas, sociólogos, sicólogos, planificadores urbanos, no se ven, y menos, la representación en el presupuesto municipal de políticas en todos los ámbitos y sobre todo en una visión integral. Definir la política urbana y su implementación es básico y urgente. De momento mi autoestima de barcelonés se ha visto afectada, no me siento tan orgulloso de serlo. La autoestima de los barceloneses es básica para el desarrollo de la ciudad. No hay desarrollo sin una posición favorable, positiva y emprendedora de los ciudadanos. Hoy todo esto está cayéndose. Es necesaria una lectura integral de la ciudad a la vez desarrollista y ecológica. Veinte años después se ha perdido mucho pero no se ha ganado tanto. Los ciudadanos no son mas felices ni disfrutan de su ciudad que tampoco ya no es Smart!

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