25 de noviembre, elecciones en Cataluña

De una manera imprevista, al menos en la perspectiva de unos pocos meses atrás, una nueva circunstancia puede desbordar el marco de referencia …

Forum Libertas

De una manera imprevista, al menos en la perspectiva de unos pocos meses atrás, una nueva circunstancia puede desbordar el marco de referencia en el que se ha venido moviendo desde hace muchos años la política española. Se trata de las elecciones del 25 de noviembre en Cataluña, mejor dicho, del resultado. El discurso del presidente de la Generalitat en el Parlamento catalán anunciando esta fecha electoral anticipa un escenario que puede resultar sustancialmente distinto del que estamos acostumbrados, con la consolidación y ampliación de dinámicas nuevas, básicamente la que encabeza Artur Mas y su reivindicación inicial del pacto fiscal y ahora, una vez constatada la negativa del Gobierno, la de un Estado propio.

El resultado de estas elecciones no está ni mucho menos cantado, como es lógico. Es evidente que a la manifestación del 11 de septiembre acudió mucha gente. Sería un millón, sería un millón y medio, pero en todo caso muchísima gente, aunque no la suficiente para inclinar la balanza electoral en un determinado sentido a no ser que muchos más que no asistieron tengan posiciones semejantes a las que ahora plantea Mas, que no son fruto solo de una cuestión económica, el pacto fiscal para unos, una voluntad de independencia por parte de otros, o un sentirse con razón o sin ella maltratados colectivamente.

El riesgo para Artur Mas radica en que en esta cita electoral la federación que encabeza, Convergencia i Unió, no alcance un número suficiente de escaños, la mayoría absoluta o bien una cifra superior a la actual. Lo que puedan obtener otros partidos menores, empezando por el más grande de entre ellos, Esquerra Republicana, no es que sea marginal pero no va a marcar el signo del resultado. La cuestión se juega por consiguiente en torno al presidente de la Generalitat y los dos partidos que lo apoyan.

Esto sucede además en un pésimo momento para el Partido Socialista de Cataluña, fracturado por pugnas internas, con un liderazgo débil, sin definir una posición clara y con contradicciones evidentes fruto precisamente de las disensiones. Y significa que el más perjudicado negativamente, desde el punto de vista de los partidos políticos en liza, puede ser el PSOE. Porque si el PSC todavía retrocede más, y su posición ya es muy débil, y la pérdida desde la hegemonía que alcanzó es de una extraordinaria importancia, resultará que uno de los dos feudos imprescindibles para que en algún momento el PSOE pueda aspirar al Gobierno -el otro es Andalucía- quedará perdido, y esto convertiría al PSOE en el segundo partido de España, pero simplemente en esto durante mucho tiempo.

El PP por su parte puede verse beneficiado en una doble dimensión, la caída de los socialistas en Cataluña y el hecho de que concite la atracción de la mayor parte de aquel voto que puede considerarlo como el partido que mejor expresa ahora en Cataluña la defensa de la unidad de España. Naturalmente, se disputará este espacio con una pequeña formación, Ciutadans, pero sin duda la garantía más sólida en este terreno la ofrece la formación política de Rajoy.

Si los partidos que se oponen a las tesis de Mas, básicamente populares y socialistas, obtienen en su conjunto un buen resultado, toda esta dinámica quedará frenada. Si por el contrario es CiU quien obtiene un éxito importante, el nuevo escenario se habrá consolidado. Hay que decir que no se trata de un camino radical hacia la independencia. No es un detalle menor que Mas nunca haya empleado esta palabra y utilice otras como ‘estructuras de Estado’, o ‘Estado propio’, aunque algunos tienden a ver en ello una doblez. Pensamos que dado el estado de la cuestión y con la claridad y contundencia que viene manifestando el presidente de la Generalitat, incluso en Madrid, no se trata de eso, se trata de dejar la puerta abierta a más soluciones políticas que no representen una separación absoluta de España. De hecho, algunas pistas en este sentido ya las dio en su conferencia en Madrid.

Ahora que no hay vuelta atrás también parece claro que Convergencia i Unió no volverá a ser la fuerza que gestionaba una autonomía de régimen general al mismo nivel que tienen las restantes comunidades autónomas, sea Madrid, Extremadura o Murcia. Es evidente que no va a continuar así y un dato que permite identificar que Mas ha quemado las naves y ha puesto pie en un territorio desconocido es que, por primera vez en el Parlamento, ha afirmado que el castellano es también la lengua de Cataluña y ha hecho una defensa en este sentido. Ésta nunca había sido la posición de CiU como opción autonomista, que tenía su eje precisamente en lo que podríamos llamar el nacionalismo cultural, en el mantenimiento de la lengua y cultura catalanas.

Con su discurso, Mas antepone el objetivo de las estructuras de Estado al de la defensa de la lengua y busca concitar la colaboración de todos con independencia de cuál sea su ámbito lingüístico. Es un momento sin duda delicado y de una notable complejidad, no tanto por el tipo de soluciones teóricas que se puedan poner en la mesa sino por los sentimientos que se movilizan. Sería el momento de la capacidad de razonar, de tener la cabeza fría y de buscar con realismo, es decir partiendo de lo que hay, las mejores respuestas para el bien común de todos.

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