28 de marzo, un inicio (y II)

Me refería en el escrito precedente a la necesidad de que los católicos laicos acudamos a la llamada del Papa de considerar la crisis co…

Forum Libertas

Me refería en el escrito precedente a la necesidad de que los católicos laicos acudamos a la llamada del Papa de considerar la crisis como una oportunidad para la Iglesia, y también en la línea que le inspira a reflexionar sobre lo que podemos decir y aportar de concreto. Bajo estos términos se concibe la primera reunión en Barcelona de un centenar de personas, que es básicamente abrir la puerta a un camino para ser capaces de aportar respuestas desde una perspectiva cristiana.

El documento de trabajo que ayuda a la reflexión señala la necesidad de definir unas medidas que reduzcan el periodo de aumento del paro, generando trabajo estable y de calidad. Esa es la prioridad, y eso implica responder a la cuestión de en qué ha de modificarse la estructura productiva de este país para que se pueda generar ocupación con tasas de crecimiento mucho más bajas, tal y como sucede en Europa.
También es necesario construir la fuerza cultural, social y política, capaz de ofrecer una alternativa que no esté basada en el empobrecimiento de la mayoría, sino en un esfuerzo bien distribuido donde el peso recaiga más en aquellos que mejor pueden soportarlo, una respuesta basada en el retorno a la responsabilidad. En este sentido la revisión del sistema financiero es una necesidad. No puede ser que sea generador de grandes beneficios privados y sobre todo de grandes retribuciones a sus cúpulas dirigentes, y que en tiempos de crisis necesite de la ayuda del erario público, es decir de todos los contribuyentes, sin que ello signifique contraprestaciones de futuro.
Buscar una nueva relación entre capital y trabajo, y una nueva síntesis entre bien común y mercado, es otra tarea a realizar. Esto significa construir una económica social que tenga como fin servir a la persona y a sus familias, fundamentada en el reconocimiento de la dignidad del trabajo, su justa valoración, a la vez que todo esto se hace compatible con una buena productividad y competitividad. Inclinarse por una de las dos partes de la ecuación no sirve, por inviable o por injusta.

Por eso, hay que añadir que una economía social solo es factible si conseguimos ganar y mucho en productividad y competitividad, en valor añadido. Existe una exigencia vital que está siendo olvidada, la de la solidaridad intergeneracional, de lo contrario sucede que estamos sacrificando la vida futura de nuestros jóvenes a los errores de este presente.

También es necesario plantearse la crisis del sistema público de pensiones, abordar la insuficiente natalidad, mejorar la capacidad educadora de las familias, dotar de sentido y estabilidad a las instituciones insustituibles socialmente valiosas, como el matrimonio, la paternidad y la maternidad, modificando las leyes para terminar con la confusión y sus consecuencias prácticas perjudiciales.

Reducir el fracaso escolar es urgente, como lo es adoptar las medidas necesarias para que se cumpla aquella primera condición que permita frenar la sangría del paro y recuperar la capacidad de generar ocupación. En este sentido, el traspaso de una buena parte de los costes de la Seguridad Social a la fiscalidad general tiene unos efectos beneficiosos múltiples e inmediatos.
La reducción de la pobreza, especialmente la estructural y la severa, no puede descuidarse. Estas y otras cuestiones han de ser objeto de debate para situar su importancia de trabajo para aportar contenidos, proyectos, y de acción para impulsarlos.
Esta acción ha de ser necesariamente política y ésta es una cuestión que deberá plantearse porque no existe una sola vía, pero en cualquier caso lo más importante es la construcción de un movimiento de carácter cultural, social y económico, fuerte, capaz de dialogar, concretar proyectos y actuar. Sin esta condición cualquier voluntad de expresarse e incidir directa o indirectamente en el ámbito de las instituciones políticas resulta inviable.
Estas son en principio las tareas que dan sentido a la fecha del 28 de marzo, que puede llegar a presentar un nuevo horizonte de sentido a una sociedad maltrecha, desconfiada y con escasa esperanza.
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