Adviento, navidad…

Adviento: un círculo hecho con ramas verdes, cuatro velas que encendemos cada uno de los domingos y una cinta de color rojo, símbolo del amor del Dios infinito por la humanidad Adviento: un círculo hecho con ramas verdes, cuatro velas que encendemos cada uno de los domingos y una cinta de color rojo, símbolo del amor del Dios infinito por la humanidad

Los abuelos probablemente recordaremos algunas de las cosas que vivíamos en casa al acercarse la Navidad cuando éramos más jóvenes que ahora (cuando todavía teníamos los hijos pequeños) y que hoy, con los hijos ya mayores y con nietos, vale la pena recordar y revivir tanto a nivel personal como en familia. Podemos preparar la corona de adviento, montar el árbol, hacer el pesebre, enviar algunas felicitaciones y algunos regalos, cinco cosas que nos ayudarán a vivir la Navidad con más intensidad y a recordar a parientes y amigos que tenemos que huir de los tópicos de que la Navidad es luminaria, consumo y estrés. No podemos anestesiar nuestras conciencias pensando sólo en nosotros y olvidando aquellos que lo pasan mal.

Hay que recordar que con el tiempo de Adviento (que quiere decir llegada, venida) la Iglesia inicia el año litúrgico y es un tiempo de espera para algo importante. Son cuatro semanas de preparación personal para las fiestas de Navidad frente al nacimiento de Jesús el Salvador. El Adviento es una llamada a la austeridad, al incremento de la oración, a la práctica de la solidaridad… quien ha de venir -Jesús- debe encontrar nuestra casa limpia y ordenada.

El Papa Francisco en la homilía del primer domingo de Adviento en la catedral de Bangui, en la República Centroafricana, nos ha dicho: “El Adviento es el tiempo litúrgico de la espera del Salvador y símbolo de la esperanza cristiana. El Adviento es el tiempo para preparar nuestros corazones a recibir al Salvador que viene a hacer fecundas nuestras historias personales y colectivas, nuestras esperanzas frustradas y nuestros deseos estériles. Y nos envía a anunciar, sobre todo a los oprimidos por los poderosos de este mundo, y también a los que sucumben bajo el peso de sus pecados, que nosotros, cristianos, estamos llamados a ser en el mundo los artífices de una paz fundada en la justicia. Preparando la Navidad, hacemos nuestro de nuevo el camino del pueblo de Dios para acoger el Hijo que ha venido a revelarnos que Dios es, por encima de todo, Amor”.

Para que el entorno de nuestra propia casa nos ayude a meternos dentro de este tiempo de espera merece la pena vivir, con los nietos, las tradiciones que hemos citado antes.

La corona de adviento: un círculo hecho con ramas verdes, cuatro velas que encendemos cada uno de los domingos y una cinta de color rojo, símbolo del amor del Dios infinito por la humanidad y que nos trae la luz divina.

El árbol de Navidad: es un árbol de hoja perenne, como el abeto, que simboliza el amor perenne de Dios para con los hombres.

El belén: ¿recordáis cómo íbamos a buscar musgo, trozos de corcho, ramas y ramitas, hierbecitas, piedras, tierra…? Todo para montar entre todos el pesebre -esta representación plástica del nacimiento con el que tantos buenos momentos pasábamos- con el portal, la anunciación, los pastores, el río, los reyes… Y luego el canto de villancicos al Niño Jesús, ante el portal, el día de Navidad y los otros de fiesta: san Esteban, fin de año, reyes…

Las felicitaciones que antes enviábamos a parientes y amigos, que hoy hemos perdido pero que vale la pena recuperarlas aunque sea por vía telemática: un correo, un whatsapp, un sms…, eso sí, ¡personalizadas! A todas las personas les gusta recibir felicitaciones de parientes y amigos, sea cual sea el medio. Y se duelen cuando no las reciben: “No…, hoy…, ya se sabe…, todo el mundo tiene tanto trabajo…”. Debemos dedicar un poco de nuestro tiempo a pensar de qué manera podemos alegrar la vida a los demás.

Los regalos es otra de las cosas que forma parte de la imagen de la Navidad. Los pastores le llevaron cosas de la vida cotidiana, los magos sus dones. ¿Qué puedo llevar yo? En el portal nos debemos dejar nosotros mismos y tenemos que pedir al Niño que nos regale el poder salir del empeño de nuestras aspiraciones, que nos haga ver que Él está al alcance y que siempre tiene tiempo para mí.

Que la Navidad no sea para nosotros una fiesta más de todas las que celebramos durante el año, sino que siga teniendo el eco del primer villancico de la historia: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra entre los hombres de buena voluntad”, esta paz que toda la humanidad necesita hoy más que nunca por culpa de esta tercera guerra mundial por fascículos.

Paz, término clave que mueve la humanidad entera y que no significa sólo ausencia de guerra, sino que hace referencia a un mundo en el que reine la confianza y la hermandad, sin temores, ni carencias, ni insidias, ni mendicidad… ¡Paz! que significa un mundo donde los hombres no pretendan hacer autónomamente de la tierra el paraíso, sirviéndose de la violencia.

¡FELICES FIESTAS DE NAVIDAD!

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