¿A quién le interesa la verdad?

El problema de nuestro tiempo es el desinterés -cuando no desprecio- de la verdad.  Tanto es así que uno de los nombres ensalzados como maestro del pe…

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El problema de nuestro tiempo es el desinterés -cuando no desprecio- de la verdad.
 
Tanto es así que uno de los nombres ensalzados como maestro del pensamiento es Gianni Vattimo al que califican “de padre del pensamiento débil”, más que débil contradictorio e inconsistente. Lo es en su lógica. No se puede asumir racionalmente una realidad y su contraria. No se puede confundir la búsqueda de la verdad y su posesión calificándola de dogma.
 
No se puede vivir como predica Vattimo sin certezas absolutas, entre otras cosas porque nuestra vida está marcada por ellas: hemos nacido y moriremos. He ahí dos absolutos indiscutibles. La cuestión es por qué hemos nacido y para qué, y eso la debilidad de pensamiento de Vattimo y quienes lo aplauden, no solo no lo resuelve sino que lo complica.
Por otra parte ese relativismo que proclama que no hay ninguna idea totalmente cierta o totalmente falsa convertido en verdad absoluta es una negación del propio principio, porque si es así ya existe un absoluto, precisamente el afirmar con rotundidad de que nada lo es.
 
El relativismo se convierte entonces en un peligroso fundamentalismo porque mezcla el bien con el mal, lo sitúa todo en el mismo plano y deja a la persona sin reservas psíquicas y morales para enfrentarse a la vida porque todo se mueve bajo esquemas borrosos.
Entonces se entiende por qué en nuestro tiempo los gobiernos, la sociedad, los medios de comunicación, anden cada vez más locos intentando atenuar las consecuencias de los desórdenes morales sin prestar atención a las causas.
 
En Holanda se ha abierto el primer centro para tratar el alcoholismo en adolescentes, entre niños de 11 y 13 años. Beben demasiado, ¡busquemos un médico!
 
Se consumen drogas, ¡legalicémoslas!
 
La prostitución está ahí, ¡regulémosla como un trabajo normal!
 
Se actúa así porque las sociedades y los gobiernos son incapaces de afrontar esta realidad con la verdad. Con la verdad de lo que es bueno, justo y necesario.
 
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