A vueltas con el aborto, dos precisiones olvidadas

La cruda realidad del aborto voluntario y generalizado entre nosotros exige que no dejemos de hablar de él. Quienes no nos resignamos con esta …

La cruda realidad del aborto voluntario y generalizado entre nosotros exige que no dejemos de hablar de él. Quienes no nos resignamos con esta canallada, intrínsecamente perversa, tenemos como obligación primera y permanente la de levantar la voz. Siempre y en todas partes, “a tiempo y a destiempo”, que dice San Pablo. En las conversaciones informales, en casa, en los medios de comunicación, en las aulas, en las tribunas de los parlamentos, en los centros de trabajo, en la barra del bar… De manera tan firme como pacífica, sin violencia de ningún tipo pero con la fuerza de la razón que nos asiste, sin intención de molestar a nadie pero sin miedo a que alguien pueda sentirse molesto con la verdad -y las mentiras- que el aborto encierra.

La gran manifestación prevista para dentro de unos días en Madrid y sus serias implicaciones políticas ayudan a que se siga hablando del tema. Menos de lo que a uno le gustaría, pero algo se habla. En medio del sinfín de comentarios que estos temas suscitan, me gustaría poner el acento en dos puntos sobre los que observo que se esconden errores que a mi entender pasan inadvertidos. Mejor dicho, dos errores que no son tomados como tales y sobre los que a mi entender conviene centrar el foco. Escribo desde la razón y escribo desde la fe católica.

Uno está en la toma de postura de chicas que habiéndose visto tentadas y/o empujadas a abortar, han decidido seguir adelante con sus embarazos y han dejado nacer a sus hijos. Cuando nos encontramos con casos de este tipo, que no son pocos, en los ambientes provida todo son parabienes y felicitaciones. Yo también he felicitado esta decisión y la he aplaudido en varios casos concretos. Estoy convencido de que hay que hacerlo, más aún, lo seguiré haciendo porque en muchísimos casos es una opción valiente y para que la mujer pueda tomarla, necesita de mucho apoyo, mucha cercanía y mucha comprensión. Ahora bien, al mismo tiempo tengo que decir que observo que a rebufo de esta complacencia se nos cuela alabar -o dejar de censurar- comportamientos claramente inmorales. No pocos de esos embarazos se deben simple y llanamente a una relación fornicaria y no pocas veces, llevados del golpe de satisfacción que supone salvar una vida, disimulamos la gravedad de la causa y podemos acabar haciendo creer que el buen final convierte en buena la falta que lo originó, como si las faltas graves pudieran disolverse o desaparecer por evaporación. La prudencia, y el mucho amor al prójimo, nos hará entender lo que haya de hacerse en cada caso concreto, qué habrá que decir y qué habrá que callar, cuándo sí y cuándo no, con quién sí y hasta dónde y con quién no y hasta ningún sitio… pero la norma no puede ser la ocultación de la verdad ni dar por lícito lo ilícito. La fornicación, antropológicamente es un error y moralmente un pecado. No juzgamos a nadie, no entramos en la conciencia de nadie, acogemos a cualquiera que nos necesite, trataremos de llevar a buen fin cada embarazo, pero la doctrina es la que es. La actuación de Jesucristo con la adúltera nos da las pautas correctas de cómo actuar. «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (Jn 8, 10-11). No creo que a estas palabras del Señor -como a ninguna otra- haya que añadirles ni quitarles una sola coma, ni creo que sea más palabra de Dios el “tampoco yo te condeno” que el “en adelante no peques más”, ni al revés tampoco. Es cierto que la acogida a la persona concreta y la condena del pecado no están en el mismo plano, pero no hay dilema entre ambas. La acogida es lo primero y está por delante del mal que haya hecho, pero el hecho del salvar al hijo ni anula la relación fornicaria ni la torna en plausible.

La otra precisión consiste en extender a toda madre que aborta voluntariamente la idea de que es una pobre mujer desvalida que medio no sabe lo que hace y/o se ha visto presionada y angustiada hasta tal punto que no ha tenido otro remedio que deshacerse de su hijo.

Pues digo algo parecido. Ya sé entiende que eso es así en muchos casos. Ahora bien, entre las que abortan hay de todo; muchachas del mundo de la marginación y mujeres de vida asentada, madres sin recursos y con ellos. Hay jóvenes que no han podido zafarse del aborto por la imposición de la familia que les ha llevado literalmente al abortorio y hay quien aborta porque así lo decide libremente. ¿Es lo mismo abortar bajo una presión insoportable que hacerlo de manera deliberada? Porque hay quien aborta desde una situación estable simplemente porque según sus planes o su situación no le viene bien el hijo en el momento concreto. Hay mujeres que habrían dejado nacer a sus hijos si hubieran encontrado un apoyo favorable y hay mujeres absolutamente libres, casadas y sin casar, con otros hijos, sin dificultades económicas, con una situación social perfectamente normalizada que no quieren recibir el fruto de su vientre porque les desencaja en sus esquemas de trabajo, de organización de familia o simplemente de vida confortable.

¿También en este caso ocultamos la realidad de la muerte de un inocente? ¿Matar voluntariamente a un hijo no merece sanción? De cuando en cuando -cada vez con más frecuencia- nos revolvemos con las noticias de madres que han matado a sus bebés (a golpes, por congelación, por asfixia, etc.). Precisamente ahora llevamos unos días en que los informativos, en todas sus ediciones, nos están incomodando con la morbosidad de uno de esos casos. ¡Qué barbaridad! ¡Qué gente más despiadada! ¿Qué clase de madres son esas? Al llegar a este punto, los comentarios que yo podría hacer sobran por evidentes.

Que Dios nos ayude, nos haga ver con su luz y tenga mucha piedad de todos nosotros. Y a ti, lector muy querido, que te bendiga a su medida.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>