A vueltas con los debates

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Hay consenso entre los analistas y los medios de comunicación de que el primer debate por las presidenciales de Estados Unidos fue claramente “ganado” por Romney, de manera insospechada. Se mostró mucho más seguro, contundente, con sentido del humor, mientras que Barack Obama ofreció una versión aburrida, muy poco pasional, incluso cansada. Muchos comparan el efecto sobre los votantes estadounidenses con el histórico debate (fue el primer televisado de la historia) entre Nixon y Kennedy, en 1960. John F. Kennedy también “ganó” aquel debate y luego las elecciones por un puñado de votos. Lo que no sabemos es cuál fue la influencia real de ese combate dialéctico televisado en el resultado electoral final. De hecho, yo me pregunto a menudo qué significa “ganar” un debate. La victoria o derrota de uno de los dos participantes la dictaminan los medios de comunicación, que normalmente tienen también sus preferencias e intereses. O los ciudadanos que, a veces estoicamente, resisten hasta el final del espectáculo y luego dan su opinión mediante las encuestas.

A veces todo el mundo está de acuerdo en que hay un ganador y un perdedor claros. A veces, no. Pero ganar un debate no es nunca ninguna garantía de ganar las elecciones. Que le pregunten a José María Aznar, que dejó boquiabierto Felipe González en 1993 y luego perdió los comicios, o al propio Obama, que en las primarias previas a las presidenciales de 2008 demostró ser mucho mejor como orador en los mítines que como participante a los 17 debates en los que se enfrentó a Hillary Clinton, y en cambio logró la nominación demócrata.

Si repasamos un histórico de los debates más destacados del pasado reciente, veremos cómo se pueden encontrar ejemplos de todo tipo. Obama se preparará mucho mejor el próximo debate contra Romney y este primer encuentro quedará para la historia como un documento más para el análisis, en función de los resultados electorales. De momento, eso sí, Romney ha logrado aumentar considerablemente las donaciones para la campaña gracias a su intervención, y éste sí podría ser un factor clave en su campaña y aumentar las posibilidades de victoria que, a estas alturas, a pesar de la sorpresa del primer debate, todavía son muy escasas. Pero los próximos días, todo podría cambiar… ¡Todavía hay partido!

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